JxCat y Esquerra buscan el control de la Mesa para asegurarse la investidura

Forcadell presidió la la Diputación Permanente del Parlament del pasado miércoles. :: Quique García / efe
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Forcadell presidió la la Diputación Permanente del Parlament del pasado miércoles. :: Quique García / efe

Ciudadanos confía en las desavenencias entre los secesionistas para hacerse con la Presidencia de la Cámara

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

La primera batalla postelectoral en Cataluña está servida. Los independentistas quieren controlar la Mesa del Parlament para asegurarse la investidura de Carles Puigdemont u Oriol Junqueras. No deberían tener problema con su cómoda mayoría absoluta, pero las diferencias entre Junts per Catalunya y Esquerra a cuenta de la investidura pueden dar pie a un escenario imprevisto. Esa es «la ventana» que espera Ciudadanos para hacer valer su condición de partido más votado y hacerse con la Presidencia de la Cámara.

Todos los movimientos políticos en Cataluña giran sobre los planes de Puigdemont. El 130 presidente de la Generalitat quiere seguir siéndolo, pero no aclara cómo. Esquerra pide que haga honor a su promesa de campaña y regrese a España a sabiendas de que será detenido, mientras Junts per Catalunya busca fórmulas a la desesperada para que pueda ser investido desde Bruselas. El exconsejero Jordi Turull planteó la vía «telemática» para que participe en el debate de investidura y la votación, una novedad que requeriría una reforma del reglamento de la Cámara.

Una idea propia «del delirio independentista», según el socialista José Luis Ábalos; una «genialidad que ridiculizaría a todo el pueblo catalán», apuntó el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido; «un invento», para Ciudadanos. «No se puede tener un presidente por Skype», terció el diputado de Esquerra Gabriel Rufián. Descalificaciones de amigos y enemigos que no amilanaron a Junts per Catalunya, que no retiró la propuesta. «Se estudian todas las fórmulas posibles», ratificó ayer el portavoz del PDeCAT en el Senado, Josep Lluís Cleries.

Pero antes de que se pueda acometer esa hipotética reforma del reglamento del Parlamento de Cataluña, que además podría quedar en nada porque el Gobierno de Rajoy la impugnaría ante el Constitucional, es imprescindible constituir la Mesa de la Cámara. Puigdemont trasladó a Esquerra la oferta de «restituir» a Carme Forcadell como presidenta del Parlament, una propuesta que lleva implícita su «restitución» como presidente de la Generalitat para volver al estatus previo a la aplicación del 155 en Cataluña.

Los republicanos han respondido con un espeso silencio porque Forcadell no ha tomado una decisión; «la tomaré cuando sea el momento», dijo el pasado lunes. Es un paso delicado para ella porque si los independentistas optan por la estrategia de hechos consumados de la pasada legislatura la orden del Supremo para el ingreso en prisión sería inmediata. Esquerra, además, quiere designar a su candidato a presidir la Cámara, no que se lo impongan.

Los contactos entre secesionistas han comenzado y aunque son de tanteo ha aflorado el muro de desconfianza que se fraguó en la campaña. Junts per Catalunya quiere dejar cerrado cuanto antes la investidura de Puigdemont, en lo que tiene el apoyo de la CUP, pero Esquerra da largas.

Por un lado, recuerda que el expresident tiene que regresar a España porque la investidura es presencial y porque así lo prometió en campaña. Pero, por otro, aguarda la decisión que adopte el 4 de enero la Sala Segunda del Supremo respecto a su líder con la confianza de que ordene su excarcelación. En ese caso, Junqueras tendría una gran ventaja sobre un Puigdemont huido en Bélgica.

Mientras los independentistas se miden, Ciudadanos reclamó, como fuerza más votada, la Presidencia del Parlament. Su candidato será José María Espejo y ya lo han empezado a conversar con los socialistas y con Junts per Catalunya, según fuentes del entorno de Inés Arrimadas. Saben que sus opciones son escasas, pero aguardan a que se abra «una ventana». En realidad, se trata de confiar en una carambola a muchas bandas. Esperan que los cinco diputados huidos a Bélgica y los tres encarcelados no puedan votar; de esa forma el bloque secesionista pasaría de 70 a 62 escaños.

Cifra que podría menguar con nuevas imputaciones e ingresos en prisión provisional de algunos diputados soberanistas, como Marta Rovira. Además, los ochos diputados de los comunes no son entusiastas con la idea de reelegir a Puigdemont. En las cuentas de Ciudadanos cabe, aunque remota, la posibilidad del empate, y el reglamento del Parlament establece que si persiste la paridad en dos votaciones «se considera elegido el candidato del grupo parlamentario con más diputados». Esto es, el de Ciudadanos.

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