Junqueras reprocha a Puigdemont su fuga: «Yo no me escondo nunca»

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en el Parlament, en una imagen de archivo. :: Inés Baucells/
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en el Parlament, en una imagen de archivo. :: Inés Baucells

El expresidente y el exvicepresidente reclaman su derecho a ser investidos presidente de la Generalitat a pesar de su situación judicial

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

«Yo no me escondo nunca». Oriol Junqueras comentó por primera vez la fuga de Carles Puigdemont a Bélgica y lo hizo para reprocharle su comportamiento. Unas palabras que han caldeado aún más el mal ambiente entre Esquerra y Junts per Catalunya a tres días de las elecciones. El expresidente de la Generalitat evitó la respuesta desabrida -por respeto institucional, dijo- y volvió a la carga con su derecho a ser investido aunque su candidatura de Junts per Catalunya no gane las elecciones, una pretensión que crispa a los republicanos.

El exvicepresidente catalán defendió su decisión de quedarse en España y acudir al llamamiento judicial por los presuntos delitos de rebelión y sedición que le han llevado a la cárcel de Estremera. «Estoy aquí porque no me escondo nunca de lo que hago y soy consecuente con mis actos, decisiones, pensamientos y voluntad», comentó ayer Junqueras en una entrevista con la emisora Rac 1. «Hemos demostrado que damos la cara», insistió. Unas palabras que en el estilo Junqueras -enemigo de los enfrentamientos directos y las frases contundentes, pero amante de los circunloquios- es un dardo contra su otrora socio.

El exnúmero dos del Gobierno de Puigdemont y líder de Esquerra Republicana había evitado hasta ahora comentar, y mucho menos afear, la huida a Bruselas del expresidente el 29 de octubre para no declarar en la Audiencia Nacional. En su partido también había orden de extender un manto de silencio sobre el asunto, aunque algún dirigente ya ha soltado alguna pulla.

En un principio se especuló con la hipótesis de que la marcha de uno y la permanencia del otro formara parte de un plan concertado. Pero al parecer no fue así. Puigdemont dio este domingo en una entrevista en La Vanguardia su versión de los hechos: «Aquel sábado por la noche (27 de octubre), antes de irme y en presencia de los miembros de ERC y de la mayoría del Govern, se convino que lo mejor era que yo me marchara, pero también que se respetarían las decisiones individuales». Junqueras no aclara si fue así y se limitó a decir en la entrevista que al día siguiente, domingo 29 de octubre, él fue a su despacho y la sede de su partido. El 2 de noviembre acudió a declarar ante la juez Carmen Lamela, que ordenó su encarcelamiento.

El expresident eludió contestar al reproche del que fuera su número dos, con el que tuvo una cálida relación que se enfrió a medida que avanzaba el 'procés' hasta convertirse en un vínculo polar. El día que el Parlament votó la declaración de independencia ni cruzaron la mirada ni se felicitaron. Esquerra había protagonizado unas horas antes una ofensiva contra Puigdemont para evitar que convocara elecciones, en la que Junqueras, como casi siempre, no se significó y se quedó en la sombra. El expresident cedió, pero lo hizo convencido de que su vicepresidente había urdido la operación para presionarle hasta que cambiara de opinión. Pese a todo, Puigdemont dijo desde Bruselas en una entrevista con la misma emisora que no contestaba porque Junqueras «sigue siendo el vicepresidente de la Generalitat» y por respeto a «la institución» debía guardar silencio.

Absolución de las urnas

Una prudencia que no va a calmar la fuerte marejada entre Esquerra y Junts per Catalunya porque ambos líderes insistieron ayer mismo en su derecho a ser investidos. Si las fuerzas independentistas ganan las elecciones, confió Puigdemont, «podré tomar posesión del cargo y quedarme en Catalunya». Descartó además que vaya a ser detenido pese a que hay una orden porque «aquello que las urnas han absuelto no te puede llevar a prisión». Junqueras también tiene fe en que los votos estén por encima de las decisiones judiciales: «Espero -comentó en la entrevista- poder venir, seguro que será así, a la sesión de investidura y poder formar Govern y si así lo decide el Parlament tendré la posibilidad de presidirlo».

El duelo entre ambos líderes es la expresión de la tensión con que viven Esquerra y Junts per Catalunya el tramo final de la campaña, en el que las encuestas internas y los sondeos que publica El Periódico desde Andorra detectan un estancamiento, cuando no un retroceso de los republicanos, y un ligero crecimiento de las expectativas de voto de la lista del expresident. La proyección que maneja la dirección de Esquerra, es significativa: 31 escaños para su partido, 30 para Ciudadanos y 29 para Junts per Catalunya.

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