Una juez ciega a las circunstancias políticas

Carmen Lamela Juez de la Audiencia Nacional

R. GORRIARÁN MADRID.

La imagen de la justicia es la de una mujer con los ojos vendados, que no repara en personas sino en los hechos. Carmen Lamela ha hecho honor a esta figura con la orden de ingreso en prisión de Oriol Junqueras y siete exconsejeros del Gobierno catalán. No ha tenido en cuenta las circunstancias políticas ni las consecuencias que puede tener su decisión en ese ámbito.

Una medida que será discutida por los profesionales del derecho, muchos veían desproporcionado el encarcelamiento, pero sobre todo por las fuerzas políticas porque ha rociado con gasolina la incipiente hoguera electoral.

La instructora del juzgado número tres de la Audiencia Nacional no ha reparado en esta circunstancia ni en que es la primera vez que se encarcela a todo un Gobierno autonómico por una acusación de rebelión. Una medida sin parangón en España ni en las democracias occidentales.

Pero así es la juez, una persona discreta, de la que apenas hay fotografías ni se conocen detalles personales más allá de las plomizas biografías oficiales. A sus 56 años acredita una sólida carrera profesional de tres décadas, con un breve paso por la función pública en el Ministerio de Justicia durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

No es la primera vez que se ha abstraído del clima político para adoptar resoluciones. Como cuando instruyó las agresiones en octubre de 2016 a dos guardias civiles en una pelea de madrugada en un bar de Alsasua porque consideró, en contra de la opinión de un juzgado de Pamplona, que se trataba de un acto de terrorismo y envió a prisión a siete de los atacantes.

Llegó hace dos años a la Audiencia Nacional y asumió la causa de rebelión del Gobierno de Cataluña porque estaba de guardia el 20 y 21 de septiembre, cuando se produjeron los disturbios ante la Consejería de Economía por la detención de altos cargos de la Generalitat. Por aquellos hechos también mandó a prisión a los 'jordis'.

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