Inés Arrimadas, presidenta prometida

Inés Arrimadas, presidenta prometida

La andaluza pronto llamó la atención. Su perfil joven y profesional encajaba con la imagen que el partido buscaba

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El 16 de octubre de 2010 Ciudadanos tenía tres escaños en el Parlament, una crisis interna recién suturada, un vídeo en el que esta vez eran los simpatizantes los que se desnudaban y el reto de consolidarse en la política catalana tras su irrupción de 2006. Aquel día, el partido inició la campaña para las autonómicas con un encuentro en el teatro Romea. Albert Rivera habló ante seiscientos simpatizantes. Estaba respaldado por el catedrático Francesc de Carreras, pero también por el torero Serafín Marín y Carlos Navarro, ‘El Yoyas’. Obsérvese que el apodo taurino le corresponde esta vez al de la tele. Con las manos en los bolsillos y señalando a los miembros del partido con la cabeza, el ‘Yoyas’ pidió «una oportunidad para esta gente». Más optimista, Albert Rivera cerró el acto anunciando la llegada de la «revolución naranja».

Aquella mañana, entre el público, estaba Inés Arrimadas. Llevaba dos años en Barcelona y acompañaba a una amiga del trabajo. Pura casualidad. En Ciudadanos las casualidades adquieren un peso mitológico. Inés Arrimadas hizo lo que Albert Rivera cinco años atrás, después del acto en el CCCB en el que un grupo de intelectuales instaba a crear un nuevo partido en Cataluña: ofrecerse para echar una mano. Arrimadas pronto llamó la atención. Su perfil joven y profesional encajaba con la imagen que el partido buscaba. Albert Rivera se fijó en ella y la promocionó. En su libro ‘Alternativa Naranja’, Iñaki Ellakuria y José María Albert de Paco definen a Arrimadas como «la niña de los ojos de Albert». Y cuentan cómo, antes de las elecciones de 2012, vaticinó que sería la «diputada revelación» del Parlament.

«Es que no vengo de Laponia», contesta la gaditana cuando le preguntan si le costó integrarse en Cataluña

En realidad, se quedó corto. Lo que ha pasado desde entonces es que Inés Arrimadas se ha convertido en la líder de la oposición en Cataluña y en una de las políticas con más proyección del país. Entre otras cosas, lo ha conseguido diferenciándose del propio Rivera, marcando un perfil propio que conjuga una cierta timidez con una particular beligerancia en el debate. Las circunstancias y el apoyo mediático la han ayudado a solventar uno de los problemas habituales en los candidatos de Ciudadanos, al menos en los que no son el ‘Yoyas’: dotar de alma un uniforme que muchas veces parece mimético, comercial y prediseñado. Si Andre Agassi cuenta en su autobiografía cómo se hizo tenista por necesidad, para sobrevivir a las tormentas de pelotazos dementes que su padre descargaba sobre él desde niño, Arrimadas se ha crecido como política en un entorno inmediato hostil, en el que el desdén se hace norma y en el que puede incluso reprochársele su origen. «¿Por qué no te vuelves a Cádiz?», le tuiteó la expresidenta del Parlament Núria de Gispert. La candidata explica sin más que es catalana porque así lo ha decidido. También porque tampoco es tan difícil. «Es que no vengo de Laponia», contesta cuando le preguntan si le costó integrarse en Cataluña. Cuando le interrogan sobre si no echa de menos Andalucía, se mantiene fiel al argumento y dice que tampoco se ha ido a Laponia.

Que una cierta ola voluntarista la sitúe también como presidenta de la Generalitat hace pensar en el fenómeno Arrimadas, tan poderoso. Más que un buen momento, atraviesa una mitología puesta en marcha.

Datos personales

Nació en Jeréz en 1981. Es licenciada en Derecho. Vive en Barcelona desde 2008. En 2011 se afilió a ciudadanos, encargándose del área de Juventud. Es diputada en el Parlament desde 2012. La pasada legislatura fue portavoz de su grupo y líder de la oposición.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos