El independentismo radicaliza las protestas y calienta el ambiente para una huelga general

Los manifestantes se enfrentaron ayer con los Mossos por el corte de la autopista AP-7 a la altura de Figueras. :: Robin Townsend / efe/
Los manifestantes se enfrentaron ayer con los Mossos por el corte de la autopista AP-7 a la altura de Figueras. :: Robin Townsend / efe

Los comités de defensa de la república colapsan la AP-7 y la N-2 y llaman a «paralizar el país» en los próximos días

CRISTIAN REINO BARCELONA.

El independentismo ha radicalizado sus protestas, cada vez menos numerosas pero más contundentes. A raíz de que el juez Pablo Llarena procesara a 25 dirigentes secesionistas y encarcelara a cinco, y las autoridades alemanas detuvieran a Carles Puigdemont, la tensión ciudadana se encuentra en su momento álgido. Los comités de defensa de la república (CDR), asambleas de ámbito local vinculadas a la CUP, han cogido la bandera de la protesta en la calle y la situación es cada vez más crispada. El objetivo ya no es solo salir a la calle a manifestarse, como han planteado la ANC y Ómnium en los últimos cinco años, sino situar a Cataluña en un clima tal que fuerce al Gobierno de Rajoy a sentarse a negociar.

La CUP está imponiendo su relato e intenta hacerse con el control del proceso. Mientras los anticapitalistas ultiman su plan de «paralizar el país», los CDR lo ponen en práctica en las calles. La comunidad catalana vivió ayer una nueva jornada de caos, como ya ocurrió el 3 de octubre y el 8 de noviembre del año pasado durante las huelgas generales. Hubo cortes de carretera en los principales accesos a Barcelona e interrupciones en las principales vías, como la AP-7, que enlaza Cataluña y la Comunidad Valenciana con la frontera francesa, o la A-2, la autovía que une Barcelona con Lleida, con destino a Zaragoza y Madrid.

La AP-7, que es la autopista de entrada de turistas de Europa al arco mediterráneo y la principal conexión para los camiones españoles en su salida a los mercados europeos, estuvo ocho horas cortada en los dos sentidos a su paso por Figueres, cerca de la frontera francesa. Eso por la mañana, porque por la tarde volvió el caos con un corte, en este caso en el flanco sur, en L'Ampolla (Tarragona). Los Mossos d'Esquadra tuvieron que cargar para desalojar a los manifestantes. En la protesta en la A-2, una persona resultó herida en una carga. Al cierre de esta edición, el único detenido era un conductor que se encaró a los manifestantes en Barcelona y desoyó las advertencias de los policías.

El intento de colapso se trasladó por la tarde a la estación barcelonesa de Sants, una de las infraestructuras clave en la movilidad de Barcelona y en donde confluyen estaciones del metro, trenes de cercanías, regionales y AVE. Unos 500 activistas rodearon la estación y su intención era ocupar las vías, pero la contundente presencia policial lo impidió.

El viejo sueño del independentismo más radical de paralizar la economía catalana durante una semana, como ya propuso en su día Oriol Junqueras, parece más cerca. Ahora se habla de «primavera catalana», de «tomar las calles» y de «no dar un paso atrás», en un aviso de los meses calientes que se avecinan. Aunque desde el independentismo oficial se llame a la calma y se insista en que el movimiento secesionista es pacífico, crece el temor de que las escenas de violencia refuercen la acusación de rebelión que pesa sobre los líderes del proceso.

Semana Santa caliente

Tiendas de campaña para bloquear el paso, barricadas de ruedas incendiadas o activistas sentados en la calzada son los métodos de los CDR en los cortes de carretera. Con 200 o 300 personas, estos grupos, que surgieron para defender los colegios electorales del 1-O, son capaces de llevar a cabo acciones de fuerte incidencia sobre la vida cotidiana.

El independentismo, es indudable, ha elevado el tono. El domingo, cerca de un centenar de personas resultaron heridas en los disturbios provocados por los manifestantes tras la detención de Puigdemont. Hacía tiempo que las calles de Barcelona no vivían semejantes escenas de violencia callejera. La CUP, en cambio, dijo ayer que no fueron más que respuestas a las «acciones de violencia policial».

Los anticapitalistas piden responsabilidades al delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo. A su juicio, desde la aplicación del artículo 155, la policía catalana depende del Estado y lleva a cabo acciones «ilegales», como disparos de pelotas de goma, disparos de salvas sin respetar la distancia o golpear con porras por encima de la cintura. La CUP negó además que las protestas estos días hayan sido violentas y que hay que «diferenciar entre el verdugo y la víctima». «Apoyamos la desobediencia civil no violenta», señalaron los antisistema.

Las fuerzas constitucionalistas alertaron ayer de la escalada. «En su día hubo una cesión de la legitimidad de hacer política de los partidos en el ámbito independentista hacia la ANC y Òmnium Cultural, y ahora esta cesión ha ido en favor de los CDR. Y esto es una mala noticia», se lamentó Ramón Espadaler, exconsejero de Interior y diputado del PSC. Cataluña está «cada vez más tensa» y los dirigentes separatistas mantienen esta actitud irresponsable,en vez de «asumir que su proyecto ha fracasado, rectificar y volver a la senda de la ley», afirmaron en Ciudadanos. El PP, que habla de acciones de 'kale borroka', defenderá hoy en la Cámara catalana una propuesta de condena a «la violencia de los radicales independentistas».

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