El independentismo pisa el acelerador tras el paréntesis de los atentados

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont el pasado viernes en el pleno del Parlament por los atentados. :: efe/
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont el pasado viernes en el pleno del Parlament por los atentados. :: efe

Los secesionistas pretenden que la ley del referéndum y el decreto de convocatoria de la consulta estén listos antes de la Diada

CRISTIAN REINO

barcelona. Pasado el duelo, «empieza el baile» y el independentismo «pone la directa» hacia el referéndum. Quien así se expresa es un diputado de Junts pel Sí y resume cómo está la situación política catalana. Tras la conmoción de los últimos diez días por los trágicos atentados de Barcelona y Cambrils, el movimiento secesionista, según fuentes parlamentarias, pone fin al paréntesis y se adentra en un mes de vértigo que culminará el 1 de octubre, día en que la Generalitat pretende celebrar su consulta.

Los independentistas, y el presidente Carles Puigdemont en concreto, ya han dejado claro que la barbarie no alterará el calendario y que el camino hacia el referéndum se mantiene inalterable, pues, a su entender, volver a la normalidad es «derrotar a los terroristas».

La política catalana trata de retornar a la rutina, que hasta el 17 de agosto se caracterizaba por una batalla diaria entre los ejecutivos central y catalán, que se ha mantenido larvada estos últimos días y que volverá a recrudecerse en cuanto empiecen las inminentes hostilidades. En realidad, fue Puigdemont quien el viernes dio por concluido el luto oficial y en la víspera de la manifestación del sábado hizo saltar por los aires la unidad atacando al Gobierno central, advirtiendo a Rajoy de que el referéndum es imparable, que la Generalitat ya tiene las urnas y acusando al Ejecutivo central de hacer política con la seguridad de los catalanes.

Ómnium Cultural (asociación independentista) fue más allá y directamente culpó al Gobierno de aprovecharse de la tragedia para intentar frenar el referéndum. Desde las filas secesionistas niegan que hayan utilizado la gestión de los atentados para impulsar el proceso, pero al mismo tiempo sacan pecho afirmando que estos días Cataluña ha actuado como un Estado y que los terribles sucesos de Las Ramblas y Cambrils han «reforzado» el proyecto secesionista, porque a su juicio ha quedado patente que la administración catalana está «preparada para la independencia».

Nuevo plazo

A un mes vista, los soberanistas dan por hecho que habrá referéndum, a pesar de los avisos del Gobierno de que en esta ocasión, y a diferencia del 9-N, no permitirá que haya urnas ni colegios abiertos. De momento, se sabe poco del referéndum, pues carece de una ley que lo ampare, junta electoral, colegios, censo o aval internacional, entre otras muchas cuestiones.

Sí hay 6.000 urnas (faltarían 2.000), según reveló Puigdemont, pero nadie las ha visto. Aunque la mayoría soberanista en la Cámara habilitó agosto para poder avanzar en la tramitación de la ley que debe avalar la consulta, los secesionistas no han movido ficha. Durante este mes se han celebrado dos reuniones de la mesa de la Cámara y sin embargo los independentistas han evitado enseñar sus cartas. En parte como estrategia y también por los atentados.

Pero a partir de hoy la situación cambia y la mesa de la Cámara catalana tendrá mañana la tercera posibilidad de admitir a trámite la ley del referéndum, registrada en el Parlamento autonómico antes del periodo vacacional, lo que tendría una respuesta inmediata del Gobierno para llevar el texto al Tribunal Constitucional y propiciar su suspensión cautelar.

Esto es lo que tratan de impedir los secesionistas, que tienen poco tiempo ya para contemporizar, porque si Puigdemont quiere cumplir con los plazos establecidos, la ley del referéndum debería aprobarse en el primer pleno del nuevo curso, que tendrá lugar entre el 6 y el 7 de septiembre. Quedan, por tanto, dos martes para saber la estrategia.

Y es que, tras la suspensión por parte del Constitucional de la reforma del reglamento de la Cámara que buscaba permitir tramitar una proposición de ley en lectura única, «todas las vías que pueden llevar a la aprobación de la ley están abiertas», según han apuntado estos días fuentes de Junts pel Sí.

Entre otras, que el propio Gobierno catalán presente un proyecto de ley. El PDeCAT y ERC discrepan sobre este extremo. No está claro si las diferencias responden a la voluntad de jugar al gato y al ratón con el Gobierno o que la mayoría secesionista no sabe cómo salir del atolladero. Solo tiene un concepto claro: afirma por activa y por pasiva que el 1 de octubre habrá urnas y que los colegios estarán abiertos.

Los planes de los soberanistas, y así lo exige la CUP en cada comparecencia, pasan por que la ley del referéndum y el decreto de convocatoria estén listos para la Diada del 11 de septiembre, que este año hará las veces de inicio oficioso de la campaña electoral del referéndum. Conocer la estrategia de los secesionistas cuando el Constitucional suspenda tanto la ley como el decreto ya es anticiparse unas cuantas casillas, aunque la amenaza de desobediencia no es un farol.

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