El imparable ascenso de Ciudadanos

Arrimadas, acompañada por Rivera tras el comité ejecutivo de Ciudadanos de este viernes. :: p. b. / afp/
Arrimadas, acompañada por Rivera tras el comité ejecutivo de Ciudadanos de este viernes. :: p. b. / afp

Su histórica victoria el 21-D refuerza su posición a nivel nacional, donde trata de disputarle el centroderecha al PP En una década la formación de Albert Rivera ha pasado de tres diputados a 37 y es ya la más votada de Cataluña

MARÍA EUGENIA ALONSO

MADRID. Corría el año 2006 cuando un partido prácticamente desconocido, Ciudadanos, concurría a las elecciones catalanas por primera vez con apenas el aval de un puñado de intelectuales. Nacía como respuesta al tripartito y a la orfandad resultante de los votantes de centroizquierda a los que un PSC más nacionalista, no terminaba de complacer. La clase política catalana los ignoró. Tras sus primeros comicios, en los que consiguieron tres diputados, a Ciudadanos le auguraban una existencia exigua, de una legislatura, a lo sumo. Once años más tarde, el partido naranja logró este 21 de diciembre un resultado insólito, con más de un millón de votos, convirtiéndose en la primera fuerza en Cataluña. Una victoria tan histórica -nunca un partido no nacionalista había ganado unas autonómicas en votos y escaños- como agridulce, porque los independentistas lograron revalidar la mayoría absoluta en las urnas y tienen, por tanto, números para formar gobierno.

Un ascenso meteórico que comenzó con tres escaños, repitió con otros tres en 2010 y dio un salto que le ha llevado de los nueve de hace dos comicios a los 25 de 2015 y los actuales 37. En medio, la campaña de su líder Albert Rivera como joven 'outsider' que se desnuda para recibir atención, sus coqueteos con la ultraderecha de Libertas, con quien se presentó a unas europeas dejando al partido al borde del precipicio, y su definitiva consagración a nivel nacional tras frustrarse la alianza con la UPyD de Rosa Díez. La formación, que surgió con la voluntad de sustituir a los partidos nacionalistas en los pactos con PP y PSOE, está hoy implantada en toda España y es la cuarta fuerza en el Congreso de los Diputados. Las cifras hablan por sí solas. Ha pasado de tener once concejales a presumir de más de 1.500. De tener nueve diputados autonómicos a más de 70 y de estar en el Parlamento catalán a tener presencia en doce cámaras autonómicas, aunque para 2019 aspiran ya a entrar en los gobiernos autonómicos y municipales.

El salto de Rivera a la arena nacional dejó el protagonismo en Cataluña a Inés Arrimadas. En estos dos últimos años, la líder naranja ha liderado un Parlament en el que la mayoría de Junts pel Sí con el apoyo de la CUP emprendió una hoja de ruta que culminó en una fallida declaración de independencia y la posterior aplicación del mecanismo constitucional del artículo 155 por parte del Gobierno. Su posición férrea ante el soberanismo y su firmeza en la defensa de la unidad de España y de la legalidad constitucional ha reforzado su figura en los últimos meses como presidenciable. No en vano, durante la campaña su mensaje ha sido claro, sin medias tintas: «Yo soy el voto útil», se encargó de repetir la propia Arrimadas de punta a punta del territorio catalán. Y así Ciudadanos ha logrado atraer a casi todo el electorado del PP, que se ha quedado en el chasis. También le ha robado su posible crecimiento al PSC. «La gente nos premió por nuestra claridad -dijo Arrimadas tras su victoria-. Logramos demostrarle al mundo que no hay una mayoría clara de catalanes que estén por la independencia».

Lectura nacional

Reforzado por el fuerte ascenso el 21-D, Ciudadanos tiene intención de capitalizar el resultado más allá de Cataluña y continuar afianzándose en el centroderecha para disputarle el voto al PP. Aunque han guardado las formas, como socios teóricos de investidura, la relación entre los dos partidos no ha dejado de ser muy tensa y apunta a que no variará de aquí al final de la legislatura. Rivera ya advirtió este viernes que seguirá siendo muy exigente, «más si cabe ahora», con todos los puntos recogidos en el pacto que permitió la investidura de Mariano Rajoy. Y es que el triunfo electoral otorga, previsiblemente, mayor peso al líder naranja frente al del PP que sale debilitado de los comicios a pesar de ser quien puso en marcha el mecanismo constitucional del 155.

Y eso que el presidente del Gobierno se ha dejado la piel acompañando a su candidato, Xavier García Albiol, que lleva al partido conservador a su peor resultado en la historia y a prácticamente desaparecer del mapa político catalán.

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