Gobierno y PSOE trabajan por evitar un desencuentro en la votación del 155

La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, al inicio ayer de la sesión de control al Gobierno, en el Congreso. :: chema moya / efe/
La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, al inicio ayer de la sesión de control al Gobierno, en el Congreso. :: chema moya / efe

El Ejecutivo no contempla una quiebra de la unidad, aunque el PP dice estar dispuesto a aprobar las medidas en solitario

NURIA VEGA MADRID.

Sostener la espera no está resultando sencillo para el Gobierno y el PSOE. Mientras el Senado tramita la propuesta de intervención de la autonomía de Cataluña, las discrepancias entre el Ejecutivo y los socialistas, probablemente más discursivas que de fondo, han quedado al descubierto. En la Moncloa no quieren conceder que una convocatoria de elecciones en Cataluña antes del viernes podría hacer revisar la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Y la segunda fuerza política da por descontado que esa circunstancia suspende el procedimiento. Unos y otros, sin embargo, trataron ayer de minimizar el desencuentro.

«Todo en orden con el PSOE», garantizó un alto cargo del Gobierno. En las últimas horas se ha recurrido a los cauces habituales de diálogo con los socialistas. La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, conversó el martes, horas después de que el Ejecutivo resolviera endurecer su discurso, con la exministra Carmen Calvo, designada por Pedro Sánchez para las negociaciones sobre el 155. Y en el Ejecutivo deducen que las diferencias que hayan podido surgir son «mínimas».

A día de hoy persiste la convicción de que una decisión excepcional e inédita como la de intervenir en Cataluña merece trabajar por que no existan quiebras en la unidad entre PP y PSOE. Pero en caso de desacuerdo sobre si el próximo movimiento de Puigdemont sirve o no para replantearse el 155, la dirección nacional de los populares trasladó ayer que el partido conservador está dispuesto a votar en solitario, o junto a Ciudadanos, en el pleno final del viernes en el Senado.

Será entonces cuando la Cámara alta autorice al Gobierno a cesar al presidente de la Generalitat y sus consejeros y a controlar la administración catalana. El PSOE ha participado en la elaboración del texto aprobado en estos términos por el Consejo de Ministros del pasado sábado. Pero fuentes socialistas sostienen que también formaba parte del acuerdo que una llamada a las urnas por parte del presidente de Cataluña, siempre y cuando no haya declaración unilateral de independencia, lo cambiaría todo.

«Si el señor Puigdemont acepta el marco constitucional y convoca elecciones autonómicas, no cabe ni política ni jurídicamente la aplicación del 155», reiteró ayer Margarita Robles en el Congreso, donde reclamó a Mariano Rajoy «poner orden» en su Gabinete para evitar cambios de criterio con el paso de los días. Y coincidiendo con el argumento de la portavoz parlamentaria, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, avanzó que en esas circunstancias su formación entendería que la situación ya no es «excepcional» y podría retirar su apoyo al Ejecutivo en el Senado.

Escenario ficticio

En privado, fuentes del PSOE se muestran convencidas de que «todo se hará como se ha hablado», que cualquier otra cosa haría quedar al Ejecutivo como «la derecha franquista» en el relato del independentismo y que el cambio de tono se debe a que deben mostrar firmeza ante su propio electorado. También en el Gobierno entienden que los socialistas hablan para los suyos, aunque el PP cree que asumen un «riesgo» elevado al dejar que sea la estrategia de la Generalitat la que determine su posición política. En todo caso, ni unos ni otros contemplan como probable que Puigdemont se desmarque de la secesión y convoque comicios autonómicos.

Si así fuera, fuentes gubernamentales apuntan incluso la opción de introducir una moratoria para dejar en «pause» la aplicación del 155. Pero el Gobierno también podría cesar a la Generalitat y gestionar el proceso electoral. Precisamente el presidente de Ciudadanos enfatizó este miércoles que no se puede confiar para esa tarea en Puigdemont, Junqueras y el «comité de sedición». Mariano Rajoy compartió la urgencia por abrir las urnas, pero del mismo modo recordó a Albert Rivera la necesidad de celebrar comicios cuando puedan transcurrir «con normalidad». Una manera de reivindicar su determinación de intervenir en Cataluña.

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