El Gobierno presiona al Vaticano para que desautorice a la Iglesia soberanista

P. ONTOSO

roma. El apoyo de un sector de la iglesia a la independencia ha causado malestar en el Gobierno central. A Mariano Rajoy -y a una parte del episcopado catalán- le parece que eso es hacer política y que se trata de una intromisión en la labor de las instituciones. El pasado fin de semana, el nuevo embajador ante la Santa Sede, Gerardo Bugallo, entregó en mano una nota de protesta verbal a Pietro Parolín, secretario de Estado de la Santa Sede -equivalente al primer ministro-, aprovechando su presencia en una recepción de la legación diplomática de Estados Unidos. Fue un acto un poco informal, por el escenario y porque el embajador todavía no ha presentado sus cartas credenciales. Pero había prisa. El Ejecutivo presiona al Vaticano para que se pronuncie sobre la actuación de una parte de la Iglesia catalana y en defensa del Estado de Derecho. Pero el Vaticano lo hace a su manera, a través de su nunciatura (embajada) en Madrid, que se ha reunido con el 'núcleo duro' de la Conferencia Episcopal. El pasado miércoles, la Comisión Permanente de esta institución, además de reclamar diálogo, pidió que se respete la Constitución, llamó a evitar decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias al margen de la democracia, y alertó de fracturas sociales, familiares y eclesiales.

Fotos

Vídeos