El Gobierno pide a PSOE y Ciudadanos preservar la unidad tras el referéndum

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, ayer en su escaño junto al portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando. :: Mariscal / efe

El Ejecutivo teme que la Generalitat no reconozca su «fracaso» el 1 de octubre y opte por una declaración unilateral de independencia

NURIA VEGA MADRID.

Si PSOE y Ciudadanos han mantenido hasta ahora su respaldo a la respuesta del Estado frente al desafío independentista, el Gobierno no quiere arriesgarse a perder compañeros de viaje a partir del 1 octubre. En la Moncloa se preparan para el día después, cuando una posible declaración unilateral de independencia podría forzar al Ejecutivo a activar los resortes reservados para casos extremos. Y ya sea ese escenario el del artículo 155 de la Constitución o cualquier otro orientado a restituir la legalidad, Soraya Sáenz de Santamaría confía en conservar la unidad política de las últimas semanas.

«Creo que debemos seguir unidos en adelante, unidos ante declaraciones unilaterales, porque la única unilateralidad que cabe en España es la de 47 millones de españoles», alentó ayer en el Congreso. La incomodidad del PSOE por algunos de los movimientos para frustrar el referéndum no ha pasado inadvertida en el Ejecutivo. Pero si bien la vicepresidenta admitió «diferencias», las redujo a «matices» y evitó en todo caso cualquier referencia expresa a los socialistas, que, por su parte, rehusaron centrar la sesión de control al Gobierno en la gestión del reto secesionista.

El PSOE ha optado por la discreción y por las llamadas indirectas a la mesura, y lleva semanas desviando sus preguntas en la Cámara baja hacia asuntos sociales y económicos. No así Ciudadanos, que ayer volvió a exhibir su apoyo «sin fisuras» al poder ejecutivo y al judicial para impedir la culminación de los planes independentistas. «Aquí el 23-F algunos intentaron cargarse la democracia y no lo lograron, y la semana que viene nadie va a dar un golpe a la democracia», reiteró Albert Rivera, que en todo caso apunta que «habrá que reconstruir el proyecto en el futuro, juntos y sin complejos».

Incertidumbre

Pese a todo, no hay certezas sobre lo que las fuerzas secesionistas pretenden hacer tras el 1 de octubre. Hace tiempo que se secaron los cauces de comunicación y diálogo discreto con la Generalitat. No es que no existan contactos «personales» con miembros del PDeCAT que mantienen su relación con dirigentes del PP o del Ejecutivo, pero fuentes gubernamentales reconocen que es posible que no haya más interlocutor fiable que Carles Puigdemont. Y siendo así, el Gobierno no descarta que los partidos independentistas opten por proclamar la ruptura por su cuenta y riesgo.

Ese escenario sería el peor de los previstos en el corto plazo. «Cada vez que dan un paso en esa dirección, nos alejan más de la solución», advertían ayer fuentes de la Moncloa, escépticas ya sobre la posibilidad de una rectificación de la Generalitat que pasaría por el reconocimiento de un «fracaso» en la jornada del referéndum. Si confiaron en que la 'operación diálogo' encomendada a Sáenz de Santamaría proporcionaría una salida al PDeCAT para huir del callejón de la consulta, se equivocaron. Si creyeron que las inhabilitaciones por la consulta del 9 de noviembre de 2014 podrían funcionar como efecto disuasorio, se toparon con la determinación del independentismo. Así que, llegados a este punto, no piensan que sus últimas llamadas al diálogo vayan a funcionar.

La vicepresidenta emplazó aun así ayer al PDeCAT a registrar en el Congreso una reforma de la Constitución para defender sus reivindicaciones por un cauce legal e intentar la inclusión del derecho de autodeterminación en la Carta Magna. «Así es como se hacen las cosas desde el 78, cuando dejamos de ser dictadura y decidimos gobernarnos por métodos democráticos», le espetó al diputado de los nacionalistas. Pero Carles Campuzano sostuvo que si se ha llegado tan lejos, hasta «el choque de trenes», es por la «incompetencia, negligencia y nula sensibilidad» del Gobierno.

No fue el único intercambio dialéctico que mantuvo Sáenz de Santamaría en una sesión prácticamente monográfica sobre Cataluña. También a Unidos Podemos le reprochó la incoherencia de Pablo Iglesias y Ada Colau sobre el referéndum. El líder de la formación, sin embargo, defendió que el 1 de octubre los ciudadanos de Cataluña se expresen «como consideren» y censuró las expresiones «prebélicas» que detecta en el Gobierno. «Los que apuestan por cañones de agua y balas de goma -alertó- podrían cometer un error histórico el domingo provocando un escenario de desgracia que haría muchísimo daño a Cataluña y España».

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