El Gobierno intenta recomponer la figura tras el 8-M y reivindica sus políticas de igualdad

Miles de mujeres se manifiestan el 
jueves en Bilbao dibujando con las 
manos un triángulo, el gesto 
reivindicativo del feminismo.
:: fernándo gómez/
Miles de mujeres se manifiestan el jueves en Bilbao dibujando con las manos un triángulo, el gesto reivindicativo del feminismo. :: fernándo gómez

Feijóo admite que los responsables políticos deben «tomar nota» y la oposición avisa a Rajoy de que no basta con ponerse un lazo

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

El Gobierno apenas se siente interpelado tras la movilización histórica de las mujeres españolas que este 8 de marzo abarrotaron las calles de las principales ciudades del país y se convirtieron en referente internacional de la lucha por la igualdad. «Nuestra acción siempre ha ido encaminada a luchar por la equiparación salarial y por la igualdad. Lo hemos hecho hoy, en el pasado y seguiremos haciéndolo en el futuro, probablemente con más fuerza, porque hemos comprobado algo que ya sabíamos -alegó ayer el portavoz del Consejo de Ministros, Iñigo Méndez de Vigo-: que este es un tema que importa y mucho a todos los españoles, a hombres y mujeres».

El ministro aprovechó la ocasión para recordar, entre otras cosas, el papel del Ejecutivo en el pacto contra la violencia de género alcanzado con el resto de las fuerzas políticas en el Congreso. Un pacto que tendrá dotación económica si se aprueban los Presupuestos, pero para el que la oposición lleva tiempo exigiendo que se libere ya una partida vía decreto ley, vistas las dificultades del Gobierno para sacar adelante las cuentas públicas.

También hizo alusión al complemento por maternidad en la pensión, vigente desde enero de 2016, y subrayó que «desde hace meses» el Ministerio de Empleo y el de Hacienda trabajan con los interlocutores sociales para diseñar medidas de conciliación y racionalización de horarios -un proyecto que, según fuentes gubernamentales, estaría ya «maduro»-, reivindicó que son iniciativas como esta las que han llevado a que el Instituto Georgetown sitúe a España en el quinto lugar de los países del mundo con mayor bienestar para las mujeres, y esgrimió que nunca ha habido tantas mujeres con empleo(8 millones de las que 5,5 tienen contratos indefinidos). «Algunos predican -alegó- y otros damos trigo».

LAS REACCIONESÍñigo Méndez de Vigo Portavoz del Gobierno «El Gobierno responde con sus hechos, algunos predican y otros damos trigo» Irene Montero Portavoz de Podemos «Lo importante es que se produjo una toma de conciencia y ahora toca legislar» Alberto Núñez Feijóo Presidente de Galicia «Fue un clamor que hemos de entender los gobiernos de distintos colores» María Álvarez Portavoz de la Comisión 8M «Las calles se han llenado, ya no pueden mirar para otro lado» Pedro Sánchez Secretario general del PSOE «Quien no entienda lo que pasó ayer, no conoce la fuerza transformadora de las mujeres» Albert Rivera Presidente de Ciudadanos «Ahora toca hacer política y poner la guinda con reformas legislativas» Susana Díaz Presidenta de Andalucía «Tomo nota de que millones de personas salieron a la calle con un grito por la igualdad» Manuel Carmena Alcaldesa de Madrid «Es un movimiento histórico para reflexionar todos juntos sobre un problema de todos»

Nada queda en el discurso del Gobierno de ese argumentario del PP que calificaba la jornada del jueves de «elitista» e «insolidaria». Los populares trataron de enderezar el rumbo esta semana cuando se dieron cuenta de que el movimiento reivindicativo abarcaba a mujeres de toda ideología y sensibilidad política y no era «una cosa de Podemos». «Al Gobierno le parece muy bien esa muestra de concienciación, esa muestra de solidaridad», insistió ayer Méndez de Vigo.

El propio Mariano Rajoy - que ya en enero se vio obligado a rectificar tras responder con un «no nos metamos en eso» a la pregunta de si vería bien igualar los salarios por ley- compareció el jueves con un lazo violeta en la solapa y defendió que la jornada serviría para «concienciar a todos». Y el martes se desmarcó de las mujeres de su partido, la ministra Isabel García Tejerina y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que habían hablado de hacer «huelga a la japonesa» frente al paro convocado por las organizaciones feminisas.

Aun así, no todos en el PP hicieron como si su apoyo a la movilización hubiera sido algo de primera hora. El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, al que muchos señalan como aspirante a la sucesión de Rajoy, hizo autocrítica y advirtió que Gobierno, Congreso, presidentes autonómicos y alcaldes, deben «tomar nota» porque lo que se produjo fue un «clamor». Incluso aseguró -desde Valencia, donde partipaba en una reunión de trabajo del PP europeo- que como hombre se da por aludido. «Nos han dicho que la conciliación no es sólo una política sino que es una actitud», dijo.

El resto de las formaciones, incluida Ciudadanos, que también en un primer momento se mostró crítico con la convocatoria por considerarla «ideologizada», instaron al PP a reaccionar. «La derecha debió tomar nota ayer de que el feminismo no es una asignatura optativa, es una obligatoria en la democracia. Me gustaría mucho que de verdad lo hayan entendido porque lo de ayer es un capital que pertenece a este país», dijo la secretaria de Igualdad del PSOE, Carmen Calvo.

La dirigente socialista llamó así a los populares empezar a trabajar en el Congreso sobre las tres iniciativas en materia de igualdad laboral registradas por su partido y por Podemos. Y aprovechó la ocasión para anunciar que también el PSOE presentará en breve una proposición de ley sobre «usos del tiempo» para favorecer la conciliación y distribuir los cuidados entre hombres y mujeres. Se une a la que prepara el Ejecutivo y a la que, a su vez, también tiene intención de registrar Unidos Podemos.

«Ya no vale ponerse un lazo de quinta y pon», dijo la socialista Margarita Robles. «Lo importante es que se produjo una toma de conciencia y ahora toca legislar», añadió la portavoz podemista en el Congreso, Irene Montero, que elogió el trabajo de las asociaciones feministas que «pelearon contra viento y marea» hasta lograr que «quienes quisieron boicotear» la movilización les dieran «la razón». «Era necesario gritar al mundo entero que las mujeres pisamos fuerte», alegó.

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