El Gobierno admite que la economía ya se ralentiza

Afirma que la crisis en Cataluña tiene efectos en toda España y el Tesoro avisa de que si prosigue habrá un fuerte impacto en inversiones y empleo

D. VALERA

madrid. La economía española ya siente las consecuencias de la crisis de Cataluña. Así lo admitió ayer por primera vez el Gobierno a través de la secretaria de Estado de Economía, Irene Garrido, quien reconoció que el crecimiento ya se está «ralentizando». Un impacto que hasta ahora el Ejecutivo había limitado a las previsiones del PIB de cara a 2018 si el problema se prolongaba. Sin embargo, Garrido explicó ayer que los efectos perjudiciales por la «incertidumbre» sobre el conflicto catalán «están empezando a afectar a la economía general». Una desaceleración que se comprobará en «los próximos días», en referencia a la evolución de los siguientes indicadores económicos.

El ministro de Economía, Luis de Guindos, ya había advertido hace unos días que la tensión actual «no saldrá gratis». Una afirmación que se vio reflejada en la revisión de tres décimas a la baja del crecimiento para el próximo año, hasta el 2,3%. Una estimación que desde la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) consideraron «optimista» y que ellos redujeron al 1,5% en el peor escenario.

En cualquier caso, el Gobierno insistió en que los principales daños se producirán Cataluña. Entre ellos se encuentra la caída de las reservas turísticas que se reflejan en la moderación del tráfico en el aeropuerto barcelonés de El Prat. De hecho, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, aseguró ayer que el aeropuerto ha pasado de un crecimiento del 10% a un «estancamiento» del 0,1%. «Estamos viendo en los servicios de transporte una caída de las relaciones comerciales e industriales, en el caso del ferrocarril, por ejemplo, de hasta un 21 %», indicó el ministro en TVE.

Por su parte, la secretaria general del Tesoro y de Política Financiera, Emma Navarro, también avisó ayer del impacto «muy grave» que tendría en la inversión extranjera y en el empleo una prolongación de la «incertidumbre».

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