La Generalitat ignora el veto de Correos y constituirá las mesas electorales

Un grupo de manifestantes durante la celebración de la Diada del 11 de septiembre con mensajes apoyando la presencia de urnas el 1-O. :: efe
Un grupo de manifestantes durante la celebración de la Diada del 11 de septiembre con mensajes apoyando la presencia de urnas el 1-O. :: efe

A dos semanas del 1-0, la campaña electoral arranca a medias y con buena parte de los preparativos de la consulta aún en el aire

CRISTIAN REINO

TARRAGONA. Durante las semanas y meses previos al inicio de la campaña, cualquier pregunta a los miembros del Gobierno catalán, referida a los detalles del referéndum, siempre recibía la misma respuesta: «El 1-O se votará como siempre. Lo normal». El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, empezó el miércoles por la noche a corregir el argumentario oficial y reconoció que la consulta será cuanto menos «no convencional», por no decir que se votará en precario viendo que los preparativos no van tan fluidos como quisiera.

En cualquier caso, la Generalitat, de manera opaca y sin dar demasiadas pistas, continúa afinando la logística a pesar de las querellas de la Fiscalía, que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ya investiga, y que todos los miembros del Ejecutivo tienen ya orden expresa del Constitucional de paralizar todos los preparativos. El que no se ha detenido es el sorteo de los integrantes de la mesa.

El Gobierno catalán comunicó ayer que ya ha completado este proceso y que entre hoy y la semana que viene notificará a los 'agraciados' el resultado del sorteo. En principio, la asistencia a la mesa es obligatoria, según recoge el decreto aprobado (y suspendido por el Constitucional), pero, en cambio, no incluye medidas sancionadoras, por lo que quien no quiera ocupar su puesto en la mesa no corre ningún riesgo de ser multado.

Los grupos de la oposición creen que solo acudirán a las mesas electorales los voluntarios de la ANC. Son 6.000 mesas en total y 55.000 integrantes (entre presidente, vocal y los suplentes previstos). Al haber podido hacer el sorteo, la Administración catalana está reconociendo que maneja algún tipo de censo, toda una incógnita ya que el oficial es propiedad de la Administración central. En el 9-N no hubo censo, ya que para votar había que apuntarse in situ, en el colegio electoral. Puigdemont guarda bajo llave el secreto del censo.

El otro punto que está en el aire es cómo notificará el Gobierno catalán a los miembros de las mesas el colegio que tienen asignado. Por dos razones: aún hay localidades que no han confirmado si cederán sus locales para la votación y por tanto no hay emplazamiento que asignar a los miembros de la mesa y porque el referéndum se ha encontrado un obstáculo de última hora en Correos, que ha cursado una orden interna a sus trabajadores para que paralicen cualquier envío relacionado con el 1 de octubre. Lo mismo pasará con las tarjetas censales, que lo único que el Ejecutivo catalán ha dicho de ellas es que las mandará tarde o temprano. Y sobre las listas electorales vigentes, que podrán ser consultadas -no se sabe dónde- «preferentemente por medios informáticos». El tiempo corre y la improvisación manda.

La campaña electoral

Todo está, por tanto, cogido con alfileres. Porque se desconoce, por ejemplo, qué pasará con los espacios publicitarios de la campaña electoral. La campaña institucional, de entrada, ya ha causado unos cuantos disgustos a los independentistas, ya que medios afines como el diario Ara o TV3 y Catalunya Ràdio la han suprimido a las primeras de cambio para evitar las querellas. Lo mismo podría ocurrir con la propaganda electoral. Esta pasada noche comenzaba la campaña y no estaba previsto ningún acto simbólico de pegada de carteles, ni se preveía que las ciudades amanecieran hoy con pancartas pidiendo el voto. Para muestra un botón. La campaña es tan singular que los autobuses que los partidos utilizan para trasladar a la prensa de mitin en mitin ni siquiera están tuneados con grandes carteles a favor del 'sí' a la independencia. Para más inri, el de Esquerra es de la compañía Pujol.

La campaña, además, nace coja. No solo por la amenaza del Gobierno de impedir algunos actos sino porque la mitad del arco parlamentario catalán no hará ni un solo mitin. Salvo el PDeCAT, ERC y la CUP, que suman el 47% de los votos y el 52% de los escaños, el resto de fuerzas no participarán en la campaña, pues no dan validez al referéndum. Tampoco habrá debates televisivos. Las formaciones políticas con representación parlamentaria tienen derecho a utilizar el 70% de los espacios informativos públicos gratuitos en los medios de comunicación de titularidad pública. Pero es probable que estos espacios queden desiertos.

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