FRENTE AL DESGOBIERNO Y LA MANIPULACIÓN, EL ORDEN CONSTITUCIONAL

No hay democracia sin ley, tiene sus procedimientos que deben ser respetados por todos

Dicen que Churchill decía que democracia era aquel lugar dónde si de madrugada llamaban al timbre era el lechero. No sé si es cierta la frase, pero 'si non e vero e ben trovato' en aquel contexto. Hoy, aquí y ahora, son necesarias más cosas para identificar la democracia. Primero de todo, que no hay democracia sin ley ni ley sin democracia, a pesar de lo que el secesionismo catalán repite machaconamente. La democracia tiene sus procedimientos, imprescindibles para no encontrarnos en el 'far west'. Que deben ser respetados por todos, los gobernantes y demás cargos públicos en primer lugar, sin que nos regalen sesiones parlamentarias como las de la vergüenza, es decir, las que derivaron en la aprobación de las leyes de ruptura, rompiendo con los principios básicos del parlamentarismo democrático.

La democracia exige también transparencia y veracidad informativa. No es cierto, como pontifican los medios y las redes sociales del secesionismo, que se estén conculcando las libertades de información y comunicación porque se requisa la propaganda ilegal del secesionismo, mediante orden judicial, por cierto. Del mismo modo que los registros en las dependencias de la Generalitat y las subsiguientes detenciones de varios altos cargos, calificadas de detenciones políticas por el secesionismo y los populistas, cuando han sido realizadas y controladas por el Juzgado de Instrucción nº 13 de Barcelona.

El respeto a las resoluciones de los órganos jurisdiccionales, desde el Tribunal Constitucional y Tribunal Supremo, hasta las de los jueces de instrucción, son básicas en los sistemas democráticos. Pese a ello, desde la Generalitat se proclama a voces que no se reconoce al Tribunal Constitucional y hemos de ver cómo la misma presidenta del Parlamento de Cataluña encabeza el cerco callejero a la Ciudad de la Justicia, sin el más mínimo respeto a su función institucional y a las instituciones judiciales.

Y siguen exigiendo una «solución negociada al conflicto político», al margen de la ley. En democracia, los pactos se realizan conforme a Derecho. Pueden consistir en encontrar los mecanismos para cambiar el Derecho, pero no para contradecirlo. Y menos en una situación de alteración de las reglas democráticas como la que estamos viviendo. El «diálogo» sólo es posible tras el restablecimiento del orden constitucional. Los cambios, en el sistema territorial, en la financiación, en las relaciones institucionales, han de hacerse tras una seria reflexión acerca de todo lo que está sucediendo, no para contentar a un nacionalismo insaciable y antidemocrático como el que estamos padeciendo.

Es obligación de las autoridades y de los partidos democráticos el restablecimiento del orden constitucional. La nuestra, como ciudadanía, es participativa, deliberativa y, a la postre, decisoria en elecciones libres, legales y realizadas con todas las garantías. No en una 'performance' como las organizadas por el secesionismo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos