La «finalidad inmediata» de la cúpula de los Mossos fue facilitar el 1-O, según Lamela

Pere Soler, exdirector de la policía catalana, y César Puig, ex número dos de la Consejería de Interior, quedan en libertad con medidas cautelares

M. B. MADRID.

En paralelo al portazo del juez del Supremo a la candidatura de Jordi Sànchez para presidir la Generalitat, su colega en la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, aseguró ayer en un auto que la «finalidad inmediata» del exdirector de los Mossos Pere Soler -exjefe político de Josep Lluis Trapero- y del exsecretario de Interior César Puig -segundo del exconsejero preso Joaquim Forn- fue la de facilitar la celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre.

Así lo indicó la magistrada en una resolución en la que acordó poner a ambos las mismas cautelares que le impuso a Trapero: prohibición de salir de España, retirada del pasaporte y comparecencias quincenales, después de que la Fiscalía pidiera ayer, tras tomarles declaración, que quedaran en libertad bajo fianza de 100.000 euros.

Para Lamela, que instruye la actuación de los Mossos en el 'procés', «los más altos responsables de la Consejería de Interior y la connivencia y colaboración con la estructura de mando del Cuerpo policial y los organizadores y grupos de defensa del referéndum, fue decisivo para impedir el cumplimiento de las resoluciones» judiciales para evitar la celebración del 1-O.

La juez aseguró que «la inacción de los Mossos siguió la pauta anunciada previa y públicamente por los responsables políticos» como Forn, en prisión junto a Junqueras y los «Jordis», así como Pere Soler, «y en la medida correspondiente» Puig.

Una estrategia, explica la juez -que se basa en los correos que se cruzaron Forn y Trapero-, que «ya se percibía en las declaraciones públicas» de Soler el 27 de septiembre, cuando dijo sobre el referéndum: «La misión de los Mossos es garantizar derechos, no impedir su ejercicio». Con esa finalidad, prosigue el auto, «desde Interior (...) se hicieron públicas las indicaciones» de Trapero de cómo debían actuar los Mossos, «tanto los días previos como la jornada» del 1-0.

Estas consistieron fundamentalmente en que de darse la concurrencia de ciudadanos, incluidas familias, en los lugares de votación «su actuación sería mínima» ante el riesgo que suponía para la seguridad ciudadana. Se trató, por lo tanto, de «una especie de 'crónica anunciada'», de una actividad «prácticamente nula» de los Mossos el 1-O, «enmascarada» bajo los principios de «proporcionalidad y oportunidad».

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