Felipe VI, medio siglo de rey

El monarca más preparado de la historia de España cumple 50 años con su papel institucional consolidado y consciente de lo que se espera de él

Felipe VI, medio siglo de rey
Casa Real
María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSOMadrid

Es el monarca más joven de Europa y el más preparado de la historia de España. Felipe VI, un hombre discreto, educado, reflexivo, agradable y atento para algunos, rígido y distante para otros, cumple 50 años. El 30 de enero. Y lo hace con la mirada puesta en Cataluña, preocupado por la crisis institucional y los envites del soberanismo. Cuando su padre cumplió medio siglo, en 1988, Felipe González era presidente del Gobierno y ETA estaba en plena actividad. El 24 de febrero de ese año secuestraron al empresario Emiliano Revilla. No había espacio social para demasiadas celebraciones. En esta ocasión el Rey compartirá protagonismo con su primogénita, la princesa Leonor, a la que impondrá el collar de la insigne Orden del Toisón de Oro. Lo hará en una solemne ceremonia que se celebrará el mismo día de su onomástica en el Palacio Real y que supondrá un paso más en la institucionalización progresiva de la Princesa de Asturias como heredera de la Corona. Una carrera de fondo para la que el hoy Monarca se preparó desde la cuna.

El nacimiento del heredero

Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia nació el 30 de enero de 1968 en la madrileña clínica del Loreto, un año antes de que su padre fuera designado sucesor a la Jefatura del Estado por Francisco Franco, al que el entonces príncipe Juan Carlos telefoneó desde el hospital para informarle de que su tercer hijo había sido un varón.

A las pocas semanas, fue ya protagonista de un hecho histórico: la reina Victoria Eugenia rompió su exilio de 37 años para trasladarse a Madrid y ser madrina de su bisnieto, que estaba segura de que un día sería Rey de España. En ese bautizo coincidieron la Reina, Franco, y don Juan, acontecimiento de un alcance que don Felipe solo comprendió muchos años más tarde, cuando tuvo oportunidad de conocer en profundidad la historia de España, la de su familia, la lucha que mantuvieron Franco y don Juan por la reinstauración monárquica y la que mantuvieron también el conde de Barcelona y su hijo cuando Franco designó sucesor a don Juan Carlos.

Su formación

Aunque tuvo una infancia feliz, su aprendizaje y formación fueron exhaustivos y permanentes. Como heredero de la Corona debía tener los pies sobre la tierra y ser consciente en todo momento de que representaba una institución, cuyo prestigio dependía en buena parte de su comportamiento. Los primeros años los pasó en el colegio Santa María de los Rosales, el mismo centro educativo que elegiría décadas después para sus hijas, la Princesa Leonor y la infanta Sofía. Sus padres se afanaron desde el principio en que fuera tratado como un alumno más, sin distinciones, y con la única salvedad de que uno o dos guardaespaldas de paisano estuviesen siempre cerca de él.

Con la proclamación como Rey de su padre, don Felipe pasó a ser el Príncipe de Asturias. Recibió este título, junto con los de Príncipe de Girona y Príncipe de Viana, el 22 de enero de 1977, aunque la ceremonia en Covadonga en la que recibió los atributos que le acreditaban como heredero fue el 1 de noviembre de ese año, una vez que el conde de Barcelona transfirió los derechos dinásticos a don Juan Carlos.

En septiembre de 1980 se constituyó la Fundación Príncipe de Asturias en Oviedo y, al año siguiente, en la entrega de los primeros premios, presidió su primer acto oficial y pronunció su primer discurso bajo la atenta y emocionada mirada de sus padres, los Reyes. Don Felipe tenía entonces trece años.

Su primer viaje oficial al extranjero fue en mayo de 1983 a Colombia para asistir al 450 aniversario de la fundación de la ciudad de Cartagena de Indias y tras concluir el COU en 1984 en el colegio Lockfield de Toronto (Canadá), inició su formación castrense como futuro jefe del Estado. Primero en la Academia General Militar de Zaragoza, después en la Escuela Naval Militar de Marín y en, por último en la Academia del Aire de San Javier.

En 1986, al alcanzar la mayoría de edad, prestó juramento ante las Cortes de desempeñar fielmente sus funciones y de guardar y hacer guardar la Constitución, según el artículo 61 de la Carta Magna.

Agenda propia

«Ser heredero no significa estar a la espera, ser heredero es prepararse para ser rey», afirmó cuando era Príncipe más de una vez. Y ciertamente se ha preparado a conciencia para reinar. Es el primer Borbón con carrera (es licenciado en Derecho) y cursó dos años del máster de Relaciones Internacionales en la Universidad de Georgetown.

En esta carrera de fondo por la sucesión, don Felipe viajó a Bruselas para conocer el funcionamiento de la Unión Europea, hizo visitas a los distintos ministerios para conocerlos por dentro, viajó a las comunidades autónomas y a través de una Secretaría propia a cuyo frente se puso un abogado del Estado, Jaime Alfonsín, que continúa hoy a su lado, se elaboró una agenda propia. Con una parte oficial y otra privada.

Desde ese momento, asumió la representación del Estado en las tomas de posesión de los presidentes de América Latina, convirtiéndose en un instrumento de la política exterior española que le ha brindado una excelente oportunidad de estrechar lazos y entablar contactos con los líderes de la región, un subcontinente que conoce en profundidad.

Su actividad institucional como heredero de la Corona adquirió velocidad de crucero tras su matrimonio con doña Letizia, actuando en representación del rey Juan Carlos I en numerosas ocasiones, debido en parte a las muchas operaciones a las que éste se vio sometido y para potenciar su figura y la de la futura Reina.

«Continuidad» a la Corona

El 1 de noviembre de 2003 la Casa Real anunció el compromiso del entonces príncipe Felipe con una joven periodista de TVE. Tras un breve noviazgo, el heredero ponía fin así al debate que estaba abierto desde hacía años sobre su soltería y sobre la conveniencia o no de que su esposa perteneciera a la realeza europea. Antes de hacer público su compromiso con Letizia Ortiz Rocasolano se le había relacionado con Isabel Sartorius y con la modelo noruega Eva Sannum.

En la pedida de mano, el heredero dejó claro que su matrimonio daría «continuidad a la Corona». La boda se celebró el 22 de mayo de 2004 en la catedral de la Almudena, en Madrid.

Los Príncipes de Asturias se convirtieron en padres el 31 de octubre de 2005 cuando nació la infanta Leonor, actualmente la heredera más joven de Europa. Quedan para la memoria, la imagen del Príncipe dando una rueda de prensa junto al doctor Luis Ignacio Recasens minutos antes de las seis de la mañana para pormenorizar los detalles del parto. «Esto es lo más bonito que le puede ocurrir a alguien en la vida», comenzó don Felipe, emocionado y con una sonrisa dibujada en el rostro. Su segunda hija, la infanta Sofía, nació año y medio después: el 29 de abril de 2007.

Sus aficiones

Con sus hijas es con quien dicen que más disfruta de su tiempo Felipe de Borbón y Grecia, un hombre familiar de gustos sencillos al que le gusta velocidad, la ciencia y la tecnología. Aprovecha los huecos que su apretada agenda le deja para ir al cine o disfrutar de conciertos de artistas de lo más variopintos, junto a su esposa, con la comparte gustos.

Entre sus principales aficiones cuenta el deporte. Desde bien pequeño, disfrutó de la práctica del esquí. Aunque su especialidad es la vela, un deporte con el que ganó la Copa de España, y que le permitió participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y ser abanderado del equipo español. La imagen de la infanta Elena emocionada al ver a su hermano recorrer el estadio con la bandera española dio la vuelta al mundo y ofreció una imagen cercana de un príncipe que ya se preparaba para ser Rey. Casi todos los veranos aprovecha su estancia en Palma de Mallorca para ponerse al timón del Aifos y particpar en la Copa del Rey de Vela.

Otros juegos Olímpicos, o su lucha por ellos por parte de la ciudad de Madrid le dio el espaldarazo definitivo y el apoyo de la opinión pública. Su defensa de la candidatura de la ciudad española en Buenos Aires ante el Comité Olímpico Internacional le valió la consideración de muchos españoles que descubrieron allí a un Príncipe con saber estar, don de gentes, facilidad para los idiomas y que inspiraba seguridad.

El relevo en la Corona

El 2 de junio de 2014 el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, comunicaba al país, en una declaración institucional desde el palacio de la Moncloa, que el rey Juan Carlos había decidido abdicar después de casi cuatro décadas al frente de la jefatura del Estado.

La decisión del Monarca, que entonces tenía 76 años, se producía en momentos en que la institución se había visto sacudida por los efectos de la tempestad sin tregua del ‘caso Nóos’, a partir de la imputación de Iñaki Urdangarin que salpicó de lleno a la infanta Cristina, y después de que una caída fortuita revelase a la opinión pública que el Rey estaba cazando elefantes en Botswana el mismo día en el que se abordaba en Bruselas una posible intervención de España por su delicada situación económica. Una combinación de acontecimientos que, según varios expertos, ponía en riesgo la continuidad de la monarquía en España.

El 19 de junio de 2014 todas las miradas estaban pendientes del hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde, casi 39 años después del célebre compromiso de don Juan Carlos como «Rey de todos los españoles», su hijo, recién proclamado como Felipe VI, convertía en lema implícito del reinado su determinación a encarnar «una Monarquía renovada para un tiempo nuevo» y marcaba las líneas maestras de su reinado.

Ante los retos de la crisis, los envites independentistas y el deterioro de las instituciones, el nuevo Rey asumía el «deber moral» de trabajar para revertir la situación de los parados, llamaba a consolidar una España «unida y diversa» y se comprometía a velar por la dignidad de la Corona, «preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente».

Desde su llegada a la Jefatura del Estado, Felipe VI ha sido tan contundente a la hora de reivindicar el legado de su padre, especialmente, los años de la Transición, como en trasladar el mensaje de que no repetirá los errores del pasado y que sabe que debe ganarse el puesto todos los días ante una ciudadanía desencantada y harta de escándalos.

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