Felipe VI y don Juan Carlos se topan con los problemas de la cohabitación

La falta de regulación legal y protocolaria ocasiona roces, como se vio esta semana en el 40º aniversario de las primeras elecciones

R. GORRIARÁN / M. ALONSO MADRID.

Han sido tres años de cohabitación tranquila, Felipe VI se ha dedicado a reinar y don Juan Carlos, a lo suyo en segundo plano. Pero la ausencia del exjefe del Estado en el acto conmemorativo en el Congreso de las primeras elecciones destapó un conflicto larvado del que ya habían advertido algunos constitucionalistas y expertos monárquicos, convencidos de que la coexistencia de dos reyes sin una regulación legal y protocolaria podía ocasionar situaciones como la del miércoles.

Con la excepción de la Zarzuela, nadie estuvo conforme con la exclusión de don Juan Carlos de los fastos por las elecciones del 15 de junio de 1977. El Gobierno y el Congreso, con discreción, trasladaron que hubieran preferido contar con el exjefe del Estado; los partidos, con mayor o menor énfasis, consideraron que fue un desacierto; y los medios de comunicación mostraron una rara unanimidad en censurar la ausencia.

En la Casa del Rey se adujeron razones protocolarias en el sentido de que no podían coincidir en un acto institucional de esa relevancia Felipe VI y don Juan Carlos porque el representante de la Monarquía es uno, no dos. Se argumentó también que el propio Rey emérito, calificativo que no gusta en absoluto al aludido ni al entorno real, dejó sentado nada más abdicar que su presencia no iba a restar protagonismo en ningún caso al Rey.

Nadie entendió la ausencia del ex Jefe del Estado en la conmemoración de un hito del que fue protagonista

Con esa munición argumental, la Zarzuela -hay quien responsabiliza al propio Felipe VI, o a Jaime Alfonsín, jefe de la Casa del Rey, e incluso a la reina Letizia- comunicó a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el protocolo que se iba a seguir sin don Juan Carlos. En la Cámara baja contaban con la presencia del exjefe del Estado, y hasta habían resuelto su ubicación en la tribuna de honor, la misma que ocuparon la reina Sofía y la infanta Elena en la proclamación de Felipe VI.

«España no es país para dos reyes», comentaba un experto en los asuntos de la Corona. En otros países que se ha dado esta misma contingencia, como Bélgica u Holanda, está tasada hasta el milímetro la forma de proceder con dos reyes o dos reinas. El saliente reduce su papel a la mínima expresión y el monarca en ejercicio acapara todas las funciones reales. Pero en España, Felipe VI no quiso relegar al ostracismo a su padre. Don Juan Carlos tiene su despacho fuera de la Zarzuela y agenda oficial, aunque cada día más menguada. Acude, aunque no sea todos los días, a su oficina de cien metros cuadrados en el Palacio Real, donde recibe y despacha con una agenda privada.

«Me manda mi hijo»

Su principal cometido son los viajes en representación de Felipe VI, sobre todo a países latinoamericanos. Todo un cambio de papeles porque esa tarea cuando él era el Rey la desempeñaba el entonces príncipe de Asturias. Don Juan Carlos ha estado en estos tres años en las tomas de posesión de los presidentes de Colombia, Uruguay, Argentina, Guatemala, Perú y República Dominicana, pero también en las honras fúnebres por Fidel Castro en Cuba o en los actos por la ampliación del Canal de Panamá. Es posible que la procesión vaya por dentro, pero lo asume. «Me manda mi hijo», ha comentado entre risas en alguna ocasión. Aunque quizá su estado de ánimo se acerque más a la reflexión que le hizo el expresidente uruguayo José Mujica: «Te pusieron arriba de un florero».

El criterio de la Zarzuela es que padre e hijo no coincidan en actos institucionales relevantes, pero ambos han compartido protagonismo en otro tipo de actividades, como en el 300 aniversario de la creación de la Compañía de Guardias Marinas en la Escuela Naval Militar de Marín el pasado 2 de junio o en el 40 aniversario de la Fundación Reina Sofía el pasado 22 de mayo, donde coincidieron los matrimonios.

Se trata, según la Casa Real, de diferenciar el reinado de uno y otro, y por eso don Juan Carlos no estuvo en la proclamación de Felipe VI ni en la ceremonia de apertura de la XII Legislatura, las dos ocasiones anteriores en que el Rey se dirigió al Congreso. Tampoco se reparten el protagonismo en la Fiesta Nacional del 12 de octubre ni en la Pascua Militar. Llevados por esa lógica el criterio que se impuso la conmemoración de las primeras elecciones democráticas fue el mismo, sin tener en cuenta el papel catalizador que jugó don Juan Carlos en aquel hito histórico. La ausencia forzosa enfadó al exjefe del Estado, y así lo hizo saber por vías indirectas, y alguna directa, aunque en la Casa Real, institución opaca donde las haya para cuestiones informativas, no han acusado recibo.

«Rey no hay más que uno», según el catedrático de Derecho Constitucional Antonio Torres del Moral. Pero otros expertos creen que ese es un planteamiento arriesgado que puede dejar la sensación de que no hay unidad de acción institucional de la Corona; es decir, que no hay continuidad entre el reinado de don Juan Carlos y el de Felipe VI, cuando la institución es una con independencia de quien la encarne. Ahora queda la duda de qué se hará en diciembre de 2018 cuando se conmemore el 40 aniversario de la aprobación de la Constitución.

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