Famosos y dirigentes históricos rompen su silencio contra la consulta

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Quizá porque el tiempo apremia de aquí al 1-O y algunos le han visto las orejas al lobo, personajes relevantes de la sociedad catalana que han preferido no significarse durante años han roto su silencio estas últimas semanas para criticar el referéndum. "¿Debimos hablar alto y claro antes? Por miedo a que nos llamaran fascistas o españolistas, unionistas o peperos, hemos acabado de comparsas de un espectáculo lamentable y peligroso", escribió la cineasta catalana Isabel Coxet el pasado 11 de julio en ‘El Periódico de Cataluña’.

Xavier Sardà o Jordi Évole, como figuras mediáticas, también se han mostrado estos días críticos con la consulta en artículos periodísticos. "No votaré", afirmó Sardà. La solución al pleito catalán no es el 1-O, señaló Évole. Además, cien personalidades del mundo de la política, la academia y la empresa firmaron un manifiesto contra la consulta. Y desde el soberanismo, 200 miembros de Catalunya en Comú, entre otros, históricos como Eulàlia Vintró o Joan Boada han llamado al boicot. También firma el manifiesto José Luis López Bulla, aunque en su caso subraya que no es soberanista sino "federalista por descarte de otras opciones".

El PP habló de "rebelión" de la sociedad catalana contra el proceso, una expresión algo aventurada, pero, ¿está saliendo del armario la llamada mayoría silenciosa, que hasta ahora tenía como únicos referentes a Javier Cercas, Albert Boadella o Loquillo? El independentismo tiene a Guardiola, con el gancho suficiente para salir en las televisiones de medio mundo. En el otro lado, no ha salido nadie con tanto tirón.

"La gente ha estado callada durante mucho tiempo", critica Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad de Barcelona. Además, es portavoz de Concordia Cívica, una entidad surgida para hacer frente al secesionismo. "En privado muchos se posicionaban, pero ha costado que salgan en público", señala. Como Coixet, la razón que esgrime es que había "miedo". Se ha creado una "especie de espiral del silencio", argumenta. A su juicio, la "manipulación" del independentismo ha estado tan bien construida que la gente se la ha creído.

"Es muy cómodo no abrir la boca porque te evitas problemas", señala Sergio Fidalgo, presidente de la asociación de periodistas Pi i Margall, contraria al secesionismo. "Hay una censura encubierta. Los que no quieren cerrarse puertas, no se significan en contra del proceso. Hay mucha gente que no lo hará para no perjudicarse personalmente. Todos queremos aparecer como buenos catalanes", remata.

"Estamos en una sociedad en la que los disidentes son machacados", afirma Gabriel Colomé, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Barcelona y exdirector del CEO (el CIS catalán). "No hay más que ver – señala para corroborar su afirmación– cómo reaccionó el independentismo cuando los comunes se desmarcaron del 1-O; les llamaron de todo".

Colomé constata que empieza a haber gente que sale y dice "basta". Eso hace dos años no pasaba y tendrá su efecto, asegura, ya que hasta hace bien poco "nadie defendía" a los no independentistas. Aun así, considera que más allá de que salgan intelectuales y personas con tirón mediático, quienes tienen que salir son los que mandan de verdad. "Si los señores de La Caixa y el Sabadell dicen basta, esto (el proceso) se acaba en 10 minutos", mantiene. "Pero no lo hacen, y quizá cuando digan basta ya será muy tarde, porque la pasta es la pasta y porque temen que les hagan un boicot", señala.

Épica secesionista

Colomé cree que se puede hablar de mayoría silenciosa. Los datos estadísticos confirman que la mayoría de la sociedad catalana no está por la ruptura. El pasado 27-S, el 52% del electorado votó a formaciones no secesionistas. En las elecciones generales, la diferencia fue aún mayor. Según el CEO, el 34% de los catalanes quieren que Cataluña sea un Estado independiente. El resto, apuestan por modalidades no secesionistas: comunidad autónoma (30%), Estado dentro de una España federal (21%) o región (5%). "Al independentismo le une una épica", señala Freixes. La catedrática mantiene que el soberanismo, "subvencionado y con el apoyo de TV-3 y los medios catalanes", está además mucho más organizado y es capaz de presentarse como más homogéneo, a pesar de las diferencias que existen entre un votante de la CUP y uno del PDeCAT.

En este punto, llama la atención la diferencia que hay en la capacidad de movilización de la ANC, por un lado, y de Sociedad Civil Catalana, por el otro. "SCC es vista como el espacio de la derecha del PP. Los de izquierdas no se sienten interpelados por sus movilizaciones", afirma Gabriel Colomé. Sergio Fidalgo sostiene que la izquierda catalana tiene unos "complejos" de tipo nacional que tendría que "empezar a desterrar". "Hay complejo de que te etiqueten como un facha", apunta.

"El relato lo han construido los independentistas y todo el que no esté por el proceso y por el derecho a decidir es presentado como un antidemócrata y un fascista y si lo dices mil veces, al final el discurso cala", mantiene Freixes. Reconoce el tirón de la ANC y admite que el constitucionalismo tendrá que salir a la calle, pero apunta que el día importante es el de las elecciones. "El discurso del independentismo puede sonar atractivo, pero lleva una carga de destrucción social tremenda, su apoyo va bajando, pero el núcleo se radicaliza para que parezca que son más", concluye.

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