El expresidente amenaza con elecciones si se impide la investidura de Sànchez

Puigdemont avisa de que quiere volver a ser presidente y se lamenta por no haber declarado la independencia tras el 1-O

C. REINO

barcelona. El día después de tirar la toalla y dejar paso a Jordi Sánchez, el expresidente catalán negó ayer su rendición, hasta el punto que anunció que quiere volver a ser presidente de la Generalitat. «La rendición no forma parte de mi diccionario», afirmó contundente y consciente de que su marcha deja heridas profundas en una parte del independentismo, en especial entre sus seguidores y en una parte de la ANC, que se quejó de que su renuncia no era lo que «miles de catalanes deseaban». Por ello, Puigdemont deja la puerta entreabierta a volver y señala que su estancia en Bélgica es «provisional».

Pero el expresidente de la Generalitat tiene asumido que estará una larga temporada (años) en Bruselas, en los que dijo que no cejará en el desafío contra el Estado desde el Consejo de la República, la presidencia simbólica que el independentismo ha tenido que confeccionar para facilitar su paso al costado. Puigdemont advirtió al Gobierno de Rajoy en una entrevista en Rac1 de que «vaya con cuidado» en relación a su 'delfín', Jordi Sánchez, se refería al aviso del Gobierno de que no consentirá la investidura del expresidente de la ANC. «Si el Estado no permite la presidencia de Sánchez, llevará al colapso institucional con nuevas elecciones», aseguró. La amenaza iba dirigida en dos direcciones: una al Ejecutivo central y la otra a Esquerra. Al Gobierno, para torpedear cualquier atisbo de vuelta a la estabilidad y a una cierta normalidad en el tormentoso panorama político español, y a sus socios, que se resisten a firmar el acuerdo y además cuestionan a Sánchez y han vuelto a proponer a Junqueras como candidato.

Largo recorrido

Sobre el Consejo de la República que dirigirá desde Bruselas, dijo que tendrá la función de «defender la república y el derecho de autodeterminación». No puso fecha, pero lo convocará en los próximos días, en cuanto JxCat, Esquerra y la CUP cierren el acuerdo. Habló de un «plan de gobierno» para el Consejo, que pasa por la defensa de los derechos de los independentistas, el desarrollo de una «diplomacia civil» y el diseño del proceso constituyente.

«Cataluña será independiente. Esto es una guerra de largo recorrido», vaticinó. Aunque buena parte de los dirigentes secesionistas que han comparecido ante el juez han reconocido que la declaración de independencia fue simbólica, e incluso Artur Mas habló de «engaño», el expresidente se niega a admitir que fuera una «performance», aunque sí reconoce una cierta improvisación. «No se nos puede pedir que tengamos la planificación absoluta», dijo.

Lejos de hacer autocrítica y de asumir que la independencia no es posible, entre otras razones porque la rechaza el 52% de la población catalana, Puigdemont cree que su gran error en la pasada legislatura no fue convocar elecciones cuando todo el mundo se lo pedía el 26 de octubre, sino no haber declarado la independencia en la sesión del Parlamento del 10 de octubre. «Decidí no bajar la bandera española del Palau el pasado 27 de octubre», reconoció. Si no lo hizo fue porque a su juicio la república no podía nacer sobre la base de la ofensa a un símbolo que supone mucho a una parte de los catalanes. «Cataluña es una república institucional», remató.

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