La exigencia de Puigdemont de ser investido encona la pelea secesionista

La apuesta de la ANC por Junts per Catalunya empeora las relaciones entre los grupos independentistas, cada día más distanciados

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Carles Puigdemont pasará a la historia política de Cataluña por acuñar la frase «referéndum o referéndum», por haber proclamado la república el pasado 27 de octubre y también por pretender ser el próximo presidente de la Generalitat pase lo que pase en las urnas. Un empecinamiento que, según su filosofía, podría entenderse como un «presidente o president»e.

Pero primero tiene que ganar el próximo 21-D. Segundo, resolver su delicada situación judicial. Puigdemont se ha encontrado con la oposición frontal de Esquerra, que cree que ha llegado su hora para liderar el soberanismo catalán y no quiere caer en la trampa que le ha puesto Junts per Catalunya, que insiste con la presión de afirmar que investir a otro presidente que no sea Puigdemont sería acatar el 155 y «legalizar» el «golpe de Estado» perpetrado por Mariano Rajoy contra Cataluña, según las palabras empleadas ayer por el expresidente de la Generalitat en el mitin celebrado en Sant Celoni (Barcelona), en el que se proyectó el infaltable vídeo desde Bruselas.

A la presión de los neoconvergentes se sumó el sábado la poderosa ANC, que aseguró que solo reconocerá como presidente «legítimo» a Puigdemont, una tesis que hizo saltar por los aires la neutralidad que mantenía hasta la fecha la entidad soberanista y corroboró su apuesta decidida por la candidatura del PDeCAT, pues no en vano su exlíder Jordi Sánchez es el número dos de la lista.

La ANC nació más próxima a Esquerra, pero en cinco años ha acabado bajo el control convergente, como se constató en la manifestación coorganizada por la plataforma civil en Bruselas y que capitalizó el expresidente catalán.

La Asamblea rectificó ayer, pero para Esquerra y la CUP el daño ya está hecho. «Junqueras es la persona que mejor puede liderar la nueva etapa que debe iniciar la República», aseguró la número dos de ERC, Marta Rovira. Esquerra no va a ceder ante la principal propuesta de campaña de los convergentes. «Es la mejor figura porque tiene una transversalidad y capacidad de representar el país enorme. Puede generar los amplios consensos políticos que debe tener la nueva etapa», dijo Rovira. El problema es que está encarcelado.

El propio exvicepresidente de la Generalitat rechazó en una entrevista en el diario 'Ara' la estrategia de Junts per Catalunya de presentar los comicios de una forma tan personalista, centrando todo el debate en la figura de Puigdemont. «No creo que toque ahora personalizar, ni patrimonializar las instituciones, no veo qué ganamos. Más bien -escribió- genera rechazo y estigmatiza la Generalitat».

Erre que erre

Junts per Catalunya, sin embargo, insistirá en la estrategia hasta el final de campaña. El culto al líder y presentar los comicios como un plebiscito entre Mariano Rajoy y Puigdemont han surtido efecto, y la remontada en las encuestas ha sido un hecho. Está por ver si es suficiente para ganar los comicios.

El número cuatro de la candidatura, el exconsejero Jordi Turull, reiteró ayer la idea de que en caso de victoria del bloque secesionista se debe restituir el anterior Gobierno catalán poniendo al frente a Puigdemont. «No tenemos otro candidato para vicepresidente que Oriol Junqueras», deslizó en un mensaje envenenado para Esquerra. Puigdemont señaló el sábado que la CUP está de acuerdo con este planteamiento, aunque los anticapitalistas no han dicho esta boca es mía sobre el candidato a presidente de la Generalitat, y eso que su opinión será determinante si ganan los indepedentistas.

Esquerra se opone de manera frontal al 'reinado' de Puigdemont y la insistencia de los neoconvergentes está erosionando las relaciones entre ambas candidaturas. Esquerra reconoce que las negociaciones con sus hasta ahora socios no serán fáciles. En Junts per Catalunya están molestos con sus aliados, pues no solo proponen a Junqueras como presidente, sino que defienden que en caso de que el exvicepresidente no pueda ser investido la candidata sería Marta Rovira.

Lo que si admitió Rovira al principio de la campaña, cuando los republicanos no sabían cómo neutralizar el efecto Puigdemont, fue sugerir la formación de dos gobiernos en la próxima legislatura, uno que sería el «legítimo» de la república, cuyas funciones serían más bien simbólicas y que estaría formado por sus antiguos integrantes, y luego un gobierno con funciones ejecutivas, que sería el que surja de las urnas. La propuesta hace tiempo que se quedó en el tintero.

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