«El Estado ha suspendido el autogobierno y aplicado el estado de excepción»

Carles Puigdemont. :: efe

Puigdemont afirma que habrá referéndum, que se ha cruzado «la línea roja» que separa a España de las dictaduras y llama a la gente a tomar la calle

CRISTIAN REINO

barcelona. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, reaccionó ayer con la máxima contundencia a la operación policial de la Guardia Civil, a la que se refirió como una «agresión» contra Cataluña, coordinada desde el Gobierno central para que la gente no pueda votar el próximo 1 de octubre.

Puigdemont, en una comparecencia institucional desde el Palau de la Generalitat y rodeado por todo su gobierno, acusó al Ejecutivo del Estado de haber consumado una «suspensión de facto del autogobierno» y de haber «aplicado de facto un estado de excepción» en Cataluña, unas palabras con las que buscaba por un lado ponerse la venda antes de la herida por si al final no hay referéndum y por otro tratar de romper el bloque constitucionalista que forman PP, PSOE y Ciudadanos, consciente de que en el grupo socialista la aplicación del artículo 155 de la Constitución, a pesar de que no se haya activado de manera formal, no genera consenso y no entusiasma demasiado.

«Las libertades están siendo suspendidas y reprimidas», según el jefe del Ejecutivo catalán, que describió la democracia española como un régimen casi dictatorial, más bien en blanco y negro. «El Gobierno español ha sobrepasado la línea roja que le separaba de los regímenes autoritarios y represivos y se ha convertido en una vergüenza democrática», afirmó. Ya hace tiempo que el dirigente nacionalista, sobre todo en sus viajes al exterior y para intentar atraerse la atención de la opinión pública internacional, compara a España con gobiernos de dudoso respeto democrático como el turco de Erdogan. «Lo que está viviendo Cataluña no lo vive ningún estado de la Unión Europea» dijo, quizá obviando gobiernos europeos que están bajo la lupa de Bruselas por sus excesos como Hungría o Polonia.

«Las libertades están siendo suspendidas y reprimidas», defendió el presidente catalán

No hay marcha atrás

A pesar de que los propios independentistas reconocieron ayer que el juez y la Guardia Civil habían dado un golpe muy serio a la logística del referéndum, por segundo día consecutivo, el presidente de la Generalitat quiso dejar bien claro que no hay «marcha atrás» posible. «Los ciudadanos estamos convocados el día 1 de octubre para defender la democracia frente a un régimen represivo e intimidatorio, y tenemos que dar una respuesta masiva y cívica», emplazó. «Hay que prepararse para defender la democracia y para defender Cataluña con las únicas armas que tenemos: la respuesta ciudadana y la actitud pacífica y civilizada», afirmó. De esta forma, el presidente de la Generalitat llamaba a la ciudadanía a salir a la calle para defender la consulta.

Las movilizaciones pueden ser de dos tipos. O para formar largar colas delante de los colegios electorales para votar el día 1 de octubre o para escenificar que el Gobierno no deja votar al pueblo catalán y expresar con contundencia que la gente quiere decidir.

Pase lo que pase el día del referéndum, el presidente de la Generalitat confía en que una respuesta masiva de la ciudadanía haga decantar la balanza. Los independentistas desearían celebrar la votación y, como ya han anunciado, declarar la secesión a las 48 horas. Pero son conscientes de la dificultad, pues nada se sabe del censo, ni de las tarjetas censales, ni de las urnas, ni de los colegios y la organización es todo un misterio. Pero en realidad, su objetivo es ampliar la base social, para poder declarar la independencia a medio plazo tras unas elecciones al Parlamento de Cataluña, en ese caso con la mayoría social que en estos momentos carecen y que supone su principal freno en el desafío al resto de España.

Por eso, la consigna ayer en las protestas que se organizaron en Barcelona no se presentaba como una lucha por los derechos nacionales de Cataluña, sino por los derechos civiles de la ciudadanía. Y de esta forma, atraerse al campo secesionista a los votantes de los comunes y de paso atraer la atención de la prensa internacional. De ahí la referencia que hizo Puigdemont: «A todos aquellos demócratas que hoy se sienten indignados, ratifico el compromiso de defenderles siempre. No aceptaremos un retorno a épocas pasadas».

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