La equidistancia ante el proceso soberanista silencia a los empresarios

Las pocas intervenciones públicas que surgen apelan de forma genérica al diálogo, salvo contados casos en los que sí se apoya este referéndum

JOSÉ M. CAMARERO MADRID.

No lo tienen fácil los propietarios de las miles de compañías -grandes, medianas o pequeñas- con sedes, actividades y mercado en Cataluña y en el resto de España, para decantarse por una u otra opción política ante el referéndum independentista del próximo domingo. Pragmáticos hasta la médula, los empresarios han conservado una actitud muy prudente durante los últimos meses para evitar que el más mínimo desliz pueda ser interpretado como garantes de alguna opción política.

Se juegan un drenaje en las ventas, y por tanto en sus beneficios corporativos, además de la reputación ante sus propios clientes y, llegados al extremo, hasta el propio cargo que ostentan. «No podemos pronunciarnos porque nuestro presidente no habla solo por sí mismo, sino que representa a un conjunto de accionistas, inversores, proveedores y usuarios con múltiples sensibilidades», reconocen fuentes de una gran compañía cotizada del Ibex-35 a este periódico al ser preguntado por la cuestión catalana.

Esa es la actitud que ha primado entre el colectivo empresarial en todo este proceso. Mutismo, si puede ser; y si no, un llamamiento genérico a alcanzar grandes pactos entre el Gobierno y la Generalitat. La CEOE publicaba a mediados de mes un comunicado -criticado por algunas de sus organizaciones regionales por tibieza- en el que instaba al Gobierno a «tomar las decisiones que consideren necesarias para cumplir al legalidad». Aunque poco después, el presidente de la patronal, Juan Rosell, indicaba que «hay espacios entre la sumisión total y la independencia» de Cataluña. Intentó mantener el equilibrio a costa de recibir críticas de una y otra parte.

Desde Cataluña recuerdan que viven allí, y no es tan fácil mantener una postura visceral en las empresasAlgunas voces ya lanzan el aviso de que la inversión se ha paralizado en los últimos días de conflicto

Posturas colectivas

En medio de alguna que otra polémica en la que la patronal se ha visto envuelta, voces como la del presidente de Cepyme, Antonio Garamendi, han intentado poner calma para subrayar la neutralidad ante el problema político. «Somos ciudadanos como los demás, cada uno tendrá su opinión, pero realmente CEOE y Cepyme tienen su postura» oficial ante el conflicto.

Más directo se ha mostrado siempre el presidente del Círculo de Empresarios, Javier Vega de Seoane, en torno a la cuestión soberanista. A principios de año llegó a afirmar que la situación que se estaba viviendo en esa comunidad era tan dramática que «se huye de la peste donde no se cumple la ley», en referencia a una posible salida de inversores. Además, ha afirmado, en relación con los gobernantes catalanes, que «no solo incumplen la legalidad, sino que presumen de ello e incitan a la población a incumplir las leyes».

Pero en Cataluña impera el 'seny' corporativo en la mayor parte de las compañías, muchas de ellas pequeñas y medianas empresas con intereses en el resto de España. Ante las acusaciones de indefinición por parte de varios colectivos, el presidente de Fomento del Trabajo, Joaquim Gay de Momtellà, ha reiterado esta misma semana que «no somos cobardes, pero es que vivimos aquí, es muy fácil desde fuera» mantener una posición tajante.

Huida de empresas

La deslocalización es el tabú al que nadie quiere aludir, no porque se considere que Cataluña vaya a ser independiente la próxima semana, sino por los daños colaterales que deja el debate del conflicto que tiene lugar desde hace meses, agravado estas últimas semanas.

Ayer mismo, el presidente de la Asociación de Empresarios de Cataluña, Josep Bou, advertía de que las inversiones extranjeras han sufrido «una parálisis total» estos días. Y pronosticaba que el éxodo de compañías multinacionales «será inmenso» si se consuma definitivamente la secesión. Las señales de aviso que surgen lo hacen a través de un lenguaje impreciso, para no jugarse el tipo ni en Cataluña ni en el resto de comunidades autónomas donde tienen negocio. Así lo hizo hace varios días el consejero delegado del Banco Sabadell, Jaume Guardiola, al indicar que, si hubiera independencia «al final se está hablando de cambios de domicilio», sin querer meter a su entidad financiera en ese laberinto tan complejo.

Moderación en Barcelona

Pero las posturas entre los empresarios de esa comunidad son mucho más prudentes que en el resto de España. Más allá de los rumores o declaraciones imprecisas acerca de la posición tomada por determinadas compañías conocidas por los consumidores de toda España, desde la patronal catalana han calificado la ley del referéndum de «golpe de Estado jurídico». Hace una semana pospuso su posicionamiento sobre el 1-O para después de esta fecha.

Parte de las opiniones hechas públicas entre el empresariado catalán instan más que a mostrarse a favor o en contra de la independencia a a evitar las vías unilaterales; el choque de trenes. Para el Círculo de Economía, el pleito catalán es la «gran cuestión de la política española», que debe resolverse a su juicio con diálogo, reforma y respeto a la legalidad. Por eso, se muestran a favor de la consulta popular, pero acordada con el Estado. También las Cámaras de Comercio de la comunidad son partidarias del derecho a decidir, pero a la vez están en contra de decisiones unilaterales y sí más acordes al pacto entre Madrid y Barcelona.

Por su parte, las organizaciones Pimec, FemCat y Cecot expresaron la semana pasada su rechazo a la actuación del Gobierno contra la Generalitat. Pimec pidió cumplir con la legalidad. Pero las otras dos sí apoyan el referéndum del domingo.

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