Donald Trump agasaja a Rajoy en la Casa Blanca a cinco días del referéndum

MERCEDES GALLEGO N UEVA YORK.

Si hay algo más cercano a Donald Trump que su hotel en la Avenida Pensilvania es la Casa Blair, donde la Casa Blanca aloja a sus invitados más especiales. El propio Trump, acostumbrado al lujo y la ostentación, residió allí con su familia en los días previos a su investidura. En esa mansión ornamentada con retratos de los presidentes estadounidense durmió anoche Mariano Rajoy, halagado con un signo de deferencia que se reserva para aliados preferentes como Benjamín Netanyahu o Justin Trudeau.

En los últimos tiempos los ministros de Rajoy han suavizado sus comentarios sobre el presidente más impulsivo que se haya visto en EE UU, decididos a no ofender al hombre cuyo apoyo necesita para reforzar su imagen de líder ante la crisis territorial española. La Moncloa insiste en que no ve necesidad de forzar una declaración sobre el tema catalán, como hiciera en 2015 con Obama, durante la primera visita de los Reyes Felipe y Letizia.

El ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis, abrió los ojos de par en par y miró con incredulidad y malestar a sus asesores, cuando se le recordó que fue el mismo José Manuel García Margallo quien contó con orgullo que esa declaración de Obama en favor de «una España fuerte y unida» no era casual, sino el resultado de intensas negociaciones por parte de Exteriores.

Interés internacional

A juzgar por esa reacción no es de esperar que si esta vez Trump se manifiesta, el Gobierno español admita sus gestiones. La Moncloa sostiene que se quedó «muy satisfecha» con el «claro apoyo» que supuestamente le dio en privado el jefe del Pentágono, James Mattis, a la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, durante su visita del viernes. Con una conferencia de prensa prevista tras el almuerzo en la que se dará a la prensa española la oportunidad de formular tres preguntas, Rajoy viene preparado para responder ante las cámaras estadounidenses por la incautación de papeletas electorales que tan mala imagen le ha dado en un país donde el derecho a la libertad de expresión es sagrado.

El referendo de Cataluña ha captado la atención internacional. Ayer mismo, un periodista estadounidense preguntó a la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, durante la conferencia de prensa diaria, cuál será la reacción de EE UU si Cataluña se independiza y la semana pasada el tema salió con el Departamento de Estado, dispuesto a seguir tratando con quien toque.

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