La doble vida de los soldados de Takfir

El clérigo del 'Londonistán' Abú Qutada y Mohamed Atta, ejecutor del 11-S, dos reconocidos takfirís. :: efe
El clérigo del 'Londonistán' Abú Qutada y Mohamed Atta, ejecutor del 11-S, dos reconocidos takfirís. :: efe

Los terroristas practicaban la doctrina yihadista de la célula del 11-M que acepta incumplir los preceptos del Islam

MATEO BALÍN MADRID

La célula terrorista comandada por Abdelbakil Es Satty, imán en la localidad gerundense de Ripoll, se inspiró en la versión más radical del salafismo yihadista para cometer los atentados mortales de Barcelona y Cambrils (Tarragona) el pasado 17 de agosto, según los expertos antiterroristas y del Ministerio de Defensa consultados. Se trata de la doctrina Takfir wal-Hijra, un movimiento sectario ultrarradical islamista de orientación sunní, surgido en Egipto en 1959 y que ha sido utilizado por la red Al Qaida para justificar la violencia desde su propia visión de la ley de Alá.

El término árabe takfir deriva de kafir (infiel) y designa la reducción de un musulmán a otro musulmán a la categoría de apóstata o traidor a su religión. Es una percepción individualista de la religión que permite que un yihadista movilizado ideológicamente en esta doctrina puede hacer un uso anárquico de la lucha, contrario al espíritu salafista de conseguir el apoyo popular por convicción, no como obligación.

Originario en Egipto pero extendido en las últimas décadas a Libia, Argelia o Marruecos, el salto de sus ideas a Europa se hizo en Reino Unido de la mano del clérigo radical Abu Qutada, líder del llamado «Londonistán», o de personajes como Mohamed Atta, el aparejador egipcio residente en Alemania que planificó y ejecutó el 11-S en EE.UU.

En línea con las ideas que hoy defiende el Daesh en Siria e Irak, este movimiento aboga por la instauración de un Califato mundial regido por la Sharía (mandamientos de Alá sobre la conducta humana), un plan preconizado por el jordano Abú Musab al Zarqaui, líder de Al Qaida en Irak muerto en 2006. En España, el Departamento de Estado norteamericano aseguró que el sirio nacionalizado español Abu Dahdah y su red desarticulada en otoño de 2001 preconizaba esta doctrina e, incluso, tras los atentados del 11-M en Madrid éste dijo en el juicio que sus autores eran takfirís. Asimismo, en el piso de Leganés donde se suicidaron los principales componentes de la célula había documentación sobre esta doctrina. Otras cuestiones que pueden hacer verosímil esta teoría es que Jamal Ahmidan 'El Chino' traficaba con droga a pequeña escala o que Jamal Zougam, dueño del locutorio de Lavapiés, llevaba una vida alejada de la del buen musulmán.

Fumar y beber

El rasgo principal de este movimiento es que a sus miembros se les permite incumplir los preceptos del Islam para pasar desapercibidos. Un takfirí puede beber alcohol, fumar (a tres de los terroristas muertos en Cambrils se les vio comprando tabaco en un bazar chino), comer carne de cerdo, vestir como un occidental, no llevar barba, mantener relaciones sexuales con mujeres occidentales, consumir drogas o no realizar los rezos preceptivos para ocultar su religión.

«Son capaces de mantener un doble estilo de vida para garantizar la eficacia de sus operaciones y no atraer la atención de las fuerzas de seguridad», según un informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa. «Van a las mezquitas para captar nuevos prosélitos y extender su doctrina. Entienden que la preferencia por los atentados de destrucción en masa no pasa necesariamente por el recurso suicida: es preferible que una misma célula pueda multiplicar sus acciones para hacer más daño», añade el documento.

Esta doble vida se conoce como taqiyya, que autoriza a actuar con disimulo, y se permite además financiar su lucha con hechos delictivos. En Europa, las células se componen de entre diez y 15 varones. La clandestinidad y el secretismo son sus obsesiones, de ahí que las comunicaciones suelan ser por lenguaje encriptado. En la cima está el emir, persona con carisma y que mantiene un férreo control bajo intensas sesiones doctrinales. Los takfirís aparecen vinculados a grupos cercanos a Al Qaida en Marruecos, unas sospechosas que también recayeron sobre el imán de Ripoll, a quien la Policía llegó a pinchar el teléfono en 2005 para saber si trabajaba para la citada red terrorista, según ha publicado ABC.

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