«La diversidad religiosa debe ser el principal antídoto contra el odio»

El cardenal Omella (i) junto a diferentes autoridades religiosas en el acto celebrado ayer en memoria de las víctimas. :: m. pérez / efe/
El cardenal Omella (i) junto a diferentes autoridades religiosas en el acto celebrado ayer en memoria de las víctimas. :: m. pérez / efe

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Una quincena de confesiones religiosas celebraron ayer una ceremonia conjunta en Barcelona para hacer una llamada a la paz y en repulsa a los trágicos atentados perpetrados hace una semana por una célula yihadista en la capital catalana y en Cambrils, en los que murieron quince personas y un centenar resultaron heridas.

Representantes de las comunidades católica, musulmanana, judía, budista, evangelista, cristiana ortodoxa, hinduista, sij y adventista, entre otras, condenaron unidas el terrorismo y homenajearon a las víctimas con una apelación a la «diversidad cultural y religiosa» como «principal elemento vertebrador de la paz social» y como la herramienta que debe ejercer de «antídoto del odio».

«Este tipo de actos deben servir para creer en las sociedades abiertas, frente a la intolerancia y el odio», afirmó la actriz Carme Sansa, que hizo de maestra de ceremonias en un homenaje concebido como interreligioso y interconviccional. En el acto, se leyeron textos budistas, de la Bilblia, del Corán y la Torá, y jóvenes de diversas procedencias formaron un ramo de flores, que al término de los parlamentos trasladaron al mosaico de Miró en Las Ramblas, convertido en la zona cero del atentado dado que allí se detuvo la furgoneta asesina.

El homenaje, organizado por la Generalitat y el Ayuntamiento, se celebró en el Museo Marítimo de Barcelona, a escasos metros de Las Ramblas y en pleno Raval, el barrio más intercultural de la capital catalana. La paz es «la mejor respuesta» que puede dar la ciudad de Barcelona, señalaron en las intervenciones.

«Hoy (por ayer) más que nunca queremos que nuestro modelo de convivencia sea nuestra fortaleza», expresó Sansa. «Todas las víctimas -prosiguió- merecen nuestro homenaje y recuerdo, todas las víctimas de tantos y tantos rincones del mundo».

Sansa, erigida en portavoz de las religiones presentes, consideró que frente a los que quieren destruir la sociedad, ésta debe construirse entre todos, con «paz, armonía y fraternidad» . Y citando a Gandhi, remató: «No hay camino para la paz, la paz es el camino». La paz, la concordia y las llamadas a vivir todos juntos fueron también el hilo conductor de lo textos elegidos de las diferentes confesiones, leídos por cuatro jóvenes miembros de Constructores de Puentes, un proyecto impulsado por la Unesco.

«Si tuviera tanta fe que fuera capaz de mover montañas pero no amara, no serviría de nada», tal y como aparece en la Biblia. «Quien mata un inocente es como si matara a toda la humanidad», destacaron del Corán. «Pero aquel que dé la vida a otro, sería como si diera la vida a la humanidad entera», apostillaron. «No seas vengativo ni guardes rencor contra nadie de tu pueblo, ama a los demás, como a ti mismo», resaltaron los textos de la Torá judía.

Acto muy emotivo

En el acto, muy emotivo cuando la orquesta árabe de Barcelona interpretó piezas de Pau Casals o Lluís Llach, participaron unas 800 personas, entre otras, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, la presidenta de la Cámara catalana, Carme Forcadell, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Fue el segundo gran acto institucional de homenaje a las víctimas, al margen de los que miles de ciudadanos de forma anónima e improvisada han hecho en Las Ramblas. El primer gran recuerdo se celebró el domingo pasado en la Sagrada Familia y el homenaje más multitudianrio será la manifestación de mañana en Barcelona.

El acto acabó con un poema de Federico García Lorca: «La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabase nunca, rica en sonidos, abundante en risas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona».

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