Díaz no encuentra aliados para su última batalla contra Sánchez

Susana Díaz y Pedro Sánchez, el pasado 30 de julio en la clausura del congreso del PSOE andaluz. :: Julio Muñoz / efe

Los barones que la secundaron en las primarias no ven razones para abrir hostilidades en la apuesta de Ferraz por la plurinacionalidad

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Susana Díaz no halla aliados en otras federaciones para su última cruzada contra Pedro Sánchez, al menos, de momento. Una semana después de su desafío al reelegido secretario general del partido, durante la clausura del congreso PSOE andaluz, ni uno solo de los barones que la apoyaron en la batalla por el liderazgo de la formación ha dado un paso al frente para secundar sus suspicacias frente a la apuesta de la dirección federal por una reforma constitucional que reconozca el carácter plurinacional del Estado. Más bien al contrario. En Ferraz ya se vanagloriaban de ello el lunes. «Está sola», dijeron. Algunos habían advertido a Sánchez de que la líder indiscutible de la federación más poderosa del partido no perdería la ocasión de lanzarle un dardo. Una cosa es que se haya replegado tras la solemne bofetada que recibió de los militantes el pasado 21 de mayo y otra que renuncie a marcar territorio propio. «Prepárate para la coz», le dijeron. Y la coz llegó. «Sólo te pido que no me hagas elegir entre dos lealtades porque soy la presidenta de todos los andaluces», espetó la baronesa.

Sánchez, sin embargo, optó por hacerse el sueco y, al día siguiente, los suyos aplicaron eso de no hay mejor desprecio que no hacer aprecio. La vicesecretaria general del partido, Adriana Lastra, sí recordó que la apuesta por la plurinacionalidad fue aprobada en el 39º Congreso Federal y que por lo tanto es de obligado cumplimiento para todos. Pero quitó hierro al agravio, defendió que en el PSOE nunca ha habido que elegir entre la lealtad al territorio y la lealtad al proyecto federal y brindó colaboración para ganar las próximas elecciones andaluzas.

Su calma se debía a la convicción de que todo quedaría en una «pataleta», como la definieron fuentes de la dirección. Entre otras cosas, porque creen evidente que los socialistas andaluces han tratado de abrir de manera artificial un debate ya cerrado. Recuerdan que, con José Antonio Griñán al frente, ellos mismos apostaron tanto por la plurinacionalidad como por la ordinalidad del sistema de financiación autonómica cuando en 2013, en el marco de los trabajos que culminaron en la Declaración de Granada, asumieron la propuesta elaborada por un grupo de expertos para la Fundación Alfonso Perales, su instituto de ideas.

«No hay argumentos concluyentes a favor de que Estado y nación necesariamente se superpongan como realidades con un mismo perímetro», decía aquel texto. «O en España vamos a un Estado federal o será muy difícil que sigamos hablando de Estado español como lo hemos conocido hasta ahora. Es más, o ese Estado federal se conforma como Estado plurinacional o se nos presentarán dificultades insalvables para el nuevo pacto».

Esa reflexión no se incluyó finalmente en Granada, la propuesta territorial acordada bajo el mandato de Pérez Rubalcaba. El documento pactado, con el que la actual dirección asegura sentirse comprometida, sí dice en cambio lo siguiente: «Creemos que en el federalismo se ubican las mejores soluciones para reconocer, respetar e integrar las diversas aspiraciones nacionales que conviven en España, la cohesión social, la igualdad y para encontrar las mejores respuestas a los problemas de nuestras comunidades en un Estado integrador y eficiente».

Excusa

Díaz y los suyos blanden esta declaración (que en realidad, en su día, cada barón leyó como quiso) como si fueran las tablas de la ley. Por eso en Ferraz dicen que sus advertencias son solo una excusa para atizar a Sánchez e ironizan: «Qué curioso que su discurso en el Congreso del PSOE andaluz no fue contra el PP, ¿no?». La líder de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, hizo una observación similar en Twitter: «Por lo visto el problema más grave que tenemos es el nacionalismo, no los recortes ni el paro. Siguen en clave interna vs. Pedro Sánchez».

En realidad, el debate territorial no está tan cerrado como la ejecutiva sostiene. Pero es cierto que en tanto no se abra en serio un grupo de trabajo para la reforma constitucional, ningún otro líder territorial parece dispuesto a enfrascarse en el asunto, ni siquiera aquellos que gobiernan en comunidades más reticentes a las componendas con el nacionalismo. El mismo lunes, el extremeño Guillermo Fernández Vara, presidente del Consejo de Política Federal, defendió que no hay polémica y que lo fundamental es que la plurinacionalidad del Estado no afectaría a «la unidad indisoluble de la nación española».

El castellano-manchego Emiliano García-Page, que recientemente protagonizó un pulso orgánico con Sánchez a cuenta de la necesidad de someter o no a la militancia su acuerdo de Gobierno con Podemos, tampoco ha querido seguir la estela de Díaz. «La mejor manera que tenemos de combatir a los independentistas y su intento del 1 de octubre es no polemizar entre los que defendemos la Constitución y menos aún entre los que pertenecemos a un mismo partido», dice. «Las interpretaciones que se puedan tener en relación al concepto de nación no deberían anteponerse al órdago ilegal de la Generalitat; ya habrá tiempo después de matizar o aclarar muchas cosas». El aragonés Javier Lambán, otro de los que pelearon por Díaz, no se le ha oído la más mínima reflexión sobre el asunto, como tampoco al asturiano Javier Fernández, ya de retirada. Con el valenciano Ximo Puig, Díaz tiene poco que hacerporque siempre ha sido un defensor de la plurinacionalidad del Estado.

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