La destitución de Baiget desata una tormenta en las fuerzas independentistas

En el PDeCAT afirman que están «hasta los huevos» de ser los únicos que asumen responsabilidades

C. REINO BARCELONA.

A primera hora de la mañana de ayer, eran un poema las caras de los miembros del Gobierno catalán en la ceremonia de toma de posesión de Santi Vila como nuevo consejero de Empresa en sustitución de Jordi Baiget, fulminado el lunes por la noche por Carles Puigdemont. «Hoy no es un día de felicidad», confesó en su discurso el presidente de la Generalitat. Era más que evidente. La destitución de Baiget, por reconocer en público lo que muchos otros dicen en privado sobre las dificultades que habrá para celebrar el referéndum, supone un torpedo en la línea de flotación del proceso y un golpe al PDeCAT, algunos de cuyos dirigentes hablaron de «golpe de Estado» en la formación liderada por Mas.

Puigdemont, en el primer golpe de autoridad de su mandato, avisó de que el que se mueva (o hable más de la cuenta) no saldrá en la foto. Iba dirigido a todos los consejeros, en especial a los que puedan tener dudas y reclamaba compromiso al cien por cien con la ruptura unilateral justo ahora, antes de que llegue la tormenta. A tres meses del 1-O, el presidente de la Generalitat recordó a los suyos que no hay espacio para la duda. La advertencia iba también dirigida a su partido, con quien mantiene una pugna soterrada desde el primer día. Al presidente de la Generalitat se le acusa de ir por libre. De hecho, no comunicó a la dirección de su partido la destitución ni comentó la posibilidad de retirar la confianza al exconsejero. En el PDeCAT ya saben que quien lleva las riendas es él.

El exdiputado en el Congreso inhabilitado por su participación en el 9-N, Francesc Homs, puso voz a la dirección convergente, muy molesta con Puigdemont por destituir al exconsejero del PDeCAT, persona muy próxima a Artur Mas. «¿Cómo es que de momento solo somos los del PDeCAT a los que nos condenan los de Madrid y nos quieren fuera algunos de Cataluña? Hasta los huevos», preguntó y se lamentó el exconsejero.

El reproche iba contra Puigdemont, cuyo puñetazo en la mesa se interpretó en algunos sectores del soberanismo más bien como un gesto de debilidad y de sumisión ante la CUP, en la medida en que quienes habían reclamado la salida del consejero de Economía eran los anticapitalistas. La idea de estar en manos de un grupo antisistema indigna y aleja a una buena parte del electorado exconvergente. «No comparto que se cese Jordi Baiget. Es leal y comprometido. Y si por declaraciones más o menos afortunadas se le echa fuera, hay quien sobra desde hace tiempo. Además, políticamente, decisiones así ni suman ni hacen grande el proyecto, justo lo contrario», dijo Homs.

Nuevas purgas

La de Baiget, en cualquier caso, podría no ser la última decisión traumática que tome Puigdemont, que podría verse obligado a nuevas purgas, como la del secretario del Gobierno catalán, Jordi Vidal de Ciurana, alineado a las tesis del exconsejero despedido. Desde el núcleo duro del Ejecutivo, la consejera de la Presidencia, Neus Munté, afirmó que no temen que pueda haber dimisiones en el gabinete. «Todos los consejeros están conjurados, unidos y decididos a continuar trabajando para hacer efectivo el referéndum el 1 de octubre», dijo. Eso sí, esa misma frase también la pronunció en el pasado. Y como aviso a navegantes, lanzó: «Es evidente que nuestros cargos siempre están a disposición del presidente».

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