Desaparecen la madre y el niño guineano tratado de un tumor gigante en el cuello en Santander

Desaparecen la madre y el niño guineano tratado de un tumor gigante en el cuello en Santander

La familia de acogida denunció su ausencia a la Policía y sospecha que «alguien les ayudó» a huir para evitar regresar a su país

ANA ROSA GARCÍASANTANDER

El final más inesperado ha marcado la historia de Montaca, el pequeño de Guinea Bissau con un tumor gigante en el cuello que llegó a Cantabria con su madre en diciembre de la mano de la ONG Infancia Solidaria para salvar su vida. El martes, la familia de acogida asignada durante el tiempo que durara el tratamiento, denunció a la Policía la desaparición de ambos después de buscarla sin éxito durante horas. Pero lo hicieron aún con la esperanza de que a lo largo de la noche tuvieran noticias de su paradero. Una esperanza que no pierde tampoco Pepo Díaz, fundador de la ONG que hizo posible este viaje hacia un futuro imposible en Guinea Bissau para los niños con enfermedades graves como la de Montaca, que acaba de cumplir diez meses.

Toda la red solidaria que se ha volcado con el caso de este pequeño, en plena terapia en el Hospital Valdecilla, trata de digerir el disgusto. El niño tenía consulta el viernes en el Servicio de Cirugía Pediátrica. Los médicos iban a ver cómo evolucionaba la lesión tras la última infiltración –el bulto ya se había reducido de forma notable– para decidir si había que continuar con otra dosis, según recoge el Diario Montañés.

«Si no se completa el tratamiento, el tumor se reproduce, porque sigue ahí», insiste Díaz. Por eso, la familia de acogida había cambiado los billetes de vuelta a Guinea Bissau, en principio prevista para febrero. Finalmente, ese retorno se había aplazado hasta el 16 de junio. Al ver que se aproximaba la fecha, la joven Djenabo, la madre del niño, de 24 años, había manifestado su deseo de quedarse en «la tierra prometida» y darle la posibilidad a su pequeño de que estudiara.

Tanto Mar Larena como su marido, los padres de acogida, se habían comprometido a ayudarles en el futuro, pero «hay que hacer las cosas bien», le dijeron. «La explicábamos que ella tenía que regresar porque esta ONG está ayudando a otros niños y, si no lo hace, pone en riesgo esa colaboración con el Gobierno de Cantabria. La decíamos que intentaríamos encontrar la forma de que volviera, buscando un trabajo para ella, pero que había tiempo, que ahora lo primero era que Montaca se curara», cuenta Mar, emocionada. Sin embargo, no descartan que los contactos telefónicos que mantenía con sus familiares la animaran a marcharse. Fuentes policiales afirman que fue vista en compañía de dos hombres y que cogió un autobús con destino a Irún.

No se ha llevado la maleta

Djenabo no se ha llevado ni la maleta que trajo de Guinea Bissau. Ha cogido solo los escasos enseres con los que llegó en una mochila pequeña que la regaló la familia de acogida estas Navidades. «Se ha ido sin nada de lo que la hemos comprado, solo con lo puesto, sin dinero, sin ropa de abrigo... La noche anterior, sacó la sillita del niño del maletero del coche, para que no me la llevara al trabajo, que a veces me pasaba sin darme cuenta, aunque ella no solía salir de casa. Pero no le di importancia», cuenta Mar, que cree que «alguien la ha ayudado a marcharse».

Las primeras pistas están basadas en el testimonio de una mujer que contactó con la familia ayer para informar de que «vio a la joven con el niño coger un autobús municipal en dirección a las Estaciones». Al parecer, a la altura del Ayuntamiento de Santander, «alguien la estaba esperando», señala Mar, aún sin dar crédito a lo ocurrido.

Djenabo había comentado en algún momento que tenía un hermano en Barcelona, un extremo que ha desmentido su padre desde Guinea Bissau al fundador de Infancia Solidaria. «Pero no sabemos quién dice la verdad. Desde luego a nosotros no nos constaba que la joven tuviera ningún contacto en España», subraya Díaz. Desde Infancia Solidaria, confían en que la investigación policial arroje algo de luz sobre las circunstancias de esta desaparición. «No es la primera vez que nos ocurre, tiempo atrás tuvimos otros dos, en Barcelona y en Córdoba (de América Latina y Kenia), de los 245 niños que hemos traído a España para ser operados desde que empezamos con la ONG», afirma.

Ahora los esfuerzos se centran en localizar a la joven y al pequeño Montaca. «Ella es muy buena persona, no se ha llevado nada de lo que la he comprado en este tiempo, hasta me ha dejado un reloj que la regalé para que no pensara que me estaba robando, cuando la hubiera entendido si lo hubiera hecho», dice Mar sin poder reprimir las lágrimas. «Es muy duro. No me siento traicionada porque la entiendo perfectamente. Ha soportado circunstancias muy duras, con 13 años ya tenía un hijo a la espalda, las cosas que te contaba eran espantosas, allí no hay salida. No hay arraigo, no hay cariño, ella solo quiere sobrevivir y que su pequeño salga adelante».

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