Cospedal espolea al PP para defender lo propio y no dejar caer a Cifuentes

Cristina Cifuentes saluda a Mariano Rajoy en la inauguración, ayer, de la Convención Nacional del PP. :: Rafa Alcaide / efe/
Cristina Cifuentes saluda a Mariano Rajoy en la inauguración, ayer, de la Convención Nacional del PP. :: Rafa Alcaide / efe

Los populares asumen la consigna del cierre de filas pese a que las dudas sobre la veracidad del relato de la presidenta anidan en el partido

NURIA VEGA SEVILLA.

Habló el rector de la Universidad Rey Juan Carlos pasadas las dos de la tarde y la digestión de los populares se volvió de pronto pesada. Sin documentos que acrediten que Cristina Cifuentes llegara a defender su trabajo de fin de máster, en el partido no supieron a qué asirse. Ese intangible que es el estado de ánimo de una organización alcanzó su cota más baja en los minutos previos a la apertura de la convención nacional diseñada, precisamente, para el relanzamiento de las siglas PP. «Cada vez que intentamos remontar, nos topamos con un muro», lamentó un cargo conservador. Pero María Dolores de Cospedal no concedió espacio al desánimo: «Lo que tenemos que hacer es defender lo nuestro y defender a los nuestros». Cierre de filas.

La consigna fue «clara, no, clarísima». Salvo despistados, así lo entendió el auditorio reunido en Sevilla. No fue necesario que la secretaria general y ministra de Defensa pronunciara el nombre de Cifuentes. Y a nadie le extrañó la contundencia de Cospedal. La presidenta de la Comunidad de Madrid es una persona de su total confianza y así lo puso de manifiesto en Twitter después de que el 21 de marzo se publicaran los primeros indicios de irregularidades en el máster cursado entre 2011 y 2012. «Parece que a algunos -publicó la número dos- les gustaría conseguir lo que no consiguió un accidente de tráfico mortal».

Lejos de rectificar, su intervención de ayer validó la teoría de la «caza de brujas», venga de donde venga, que comparten algunas voces del PP. En una suerte de terapia colectiva, Cospedal advirtió a los cargos y bases de la formación de que tendrán que librar una batalla hasta las elecciones autonómicas, municipales y europeas de 2019, porque pertenecen a un partido que se ha convertido en «adversario a batir». «Van a tratar de desacreditarnos, de hacernos juego sucio, de que lleguemos a las urnas cansados, tocados, heridos, desmoralizados; lo van a intentar, pero no lo van a conseguir, porque van a tener enfrente siempre la unidad inquebrantable de este partido», arengó. Ante las «malas artes», todos a una.

«Lo que toca»

Fuentes del PP dieron por sentado tras escuchar a su secretaria general que sostener a Cifuentes «es lo que toca». Gajes del oficio. «Cuanto mayor es el ridículo, mayor el aplauso», deslizó resignado un veterano. Sin embargo, en los corrillos fuera de foco nadie se ponía de acuerdo en cuánto tiempo será posible aguantar el «desgaste» de tener a una presidenta territorial en cuestión.

La experiencia previa del expresidente de la Región de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, hace a muchos concluir que resistirá mientras quiera Ciudadanos. Los liberales son el sostén del Gobierno del PP en la Comunidad de Madrid. Y si bien les puede interesar alargar el conflicto en el tiempo y debilitar irreversiblemente a Cifuentes, fuentes conservadoras también creen que los de Albert Rivera podrían precipitar una dimisión para no arriesgarse a errar en la estrategia.

En todo caso, hubo unanimidad en que la retirada de Cifuentes habría sido impensable en plena convención. Tampoco la presidenta madrileña dio pie a alentar esa especulación. Convocó una rueda de prensa a media hora de la inauguración del cónclave en la que, por si cabía alguna duda, avanzó antes del turno de preguntas que marcharse no estaba entre sus opciones. «No he mentido en nada», se aferró la dirigente popular, que desvió hacia la universidad la responsabilidad de «demostrar» que cursó el máster de Derecho Público del Estado Autonómico, aprobó todas las asignaturas y defendió el proyecto final.

Es el mismo mensaje que desde el jueves ha hecho llegar a la dirección nacional. Ni un paso atrás. Pero ayer las dudas terminaron de anidar en el PP sobre la veracidad del relato de Cifuentes, que ha comprometido, recuerdan, su palabra. En privado, se multiplicaron las voces que dan por hecho que su final está escrito.

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