Córcega, Flandes o Escocia aguardan su oportunidad

La independencia catalana abriría la puerta a que otros nacionalismos europeos emprendieran el mismo camino

A. AZPIROZ

madrid. La doctrina de Naciones Unidas establece que solo tienen derecho a la autodeterminación los territorios coloniales o aquellos en los que el estado central vulnera los derechos fundamentales de sus habitantes. Solo con esto es suficiente para que la comunidad internacional, con la única excepción hasta el momento de Venezuela, descarte el reconocimiento de la República de Cataluña.

Pero hay más. La independencia podría prender la mecha de un polvorín. Y es que no solo España afronta una crisis secesionista. En Europa son varios los ejemplos de nacionalismos que aspiran a su emancipación. Uno es Córcega. La tierra de Napoléon Bonaparte aspira a la secesión de Francia, algo impensable para un estado tan centralista como el galo. La isla ha sufrido incluso el azote de su propio grupo terrorista, el Frente de Liberación Nacional de Córcega. Si Francia reconociese a Cataluña, nada impediría a los corsos iniciar su propio proceso soberanista.

Italia también padece las ansias independentistas en la autoproclamada Padania, zona situada al noreste del país transalpino. En 1996 el líder de la Liga Norte, Umberto Bossi, proclamó la independencia unilateral, una declaración que no tuvo el más mínimo efecto.

El deseo de Flandes de poseer su propio estado ha llegado a paralizar el Gobierno de Bélgica. Los flamencos han abandonado en los últimos años sus reivindicaciones independentistas, pero siguen reclamando cuotas de autonomía al Gobierno central para diferenciarse de sus vecinos valones.

En Escocia, el referéndum pactado con el Gobierno británico certificó la permanencia en el Reino Unido. El sí se impuso con un 55% de los votos. No obstante, los nacionalistas escoceses apuestan por una nueva consulta, más aún cuando están a las puertas de quedarse fuera de la Unión Europea. El retroceso de los independentistas en las generales de junio ha aplazado la reclamación de la nueva votación, pero no ha solucionado, ni mucho menos, el problema.

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