La convocatoria de elecciones gana adeptos en el escenario catalán

Puigdemont y Mas conversan tras el pleno del Parlament del pasado martes. :: Alberto Estévez / efe/
Puigdemont y Mas conversan tras el pleno del Parlament del pasado martes. :: Alberto Estévez / efe

Sería una salida a la crisis que gana fuerza día a día en el Ejecutivo de Rajoy y en el de Puigdemont

RAMÓN GORRIARÁN

madrid. Siempre estuvo entre las opciones posibles aunque no era la favorita. Pero a medida que pasan los días la convocatoria de elecciones anticipadas en Cataluña toma cuerpo tanto entre los soberanistas como entre los constitucionalistas. Carles Puigdemont no dice nada al respecto, si bien en su entorno reconocen que puede ser la salida menos mala para la crisis siempre que vayan acompañadas del apellido «constituyentes». Para Mariano Rajoy sería la solución ideal si son «autonómicas».

«Tal y como están las cosas, nuestra batalla es que pueda haber elecciones constituyentes para que el Parlament pueda orientarse a hacer una constitución catalana», afirmó hace unos días en TV3 Artur Mas, uno de los principales consejeros del presidente de la Generalitat. «Tenemos que ir a unas elecciones que permitan alumbrar una mayoría diferente, e incluso transversal en Cataluña», apuntó Pedro Sánchez. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, cree que «como última posibilidad están las elecciones, y cada vez más actores las están poniendo sobre la mesa». El líder del PSC, Miquel Iceta, está convencido de que «la salida lógica son unas elecciones. Queda por saber si serán en diciembre o abril». «No lo descarto», admitió el diputado de Esquerra Gabriel Rufián.

El Gobierno de Rajoy y el PSOE han acordado que una de las medidas que conlleve la aplicación del artículo 155 de la Constitución a la Generalitat de Cataluña, si llega el caso, es la disolución del Parlament y la convocatoria de comicios. Aunque desearían que la iniciativa partiera del propio Puigdemont porque entienden que sería una forma de reconocer que no proclamó la independencia el pasado martes y sería un paso de vuelta a la legalidad que reclaman los constitucionalistas.

Artur Mas reclama una convocatoria de elecciones que sean «constituyentes» El Gobierno de Rajoy también celebraría comicios adelantados si aplica el artículo 155

Para el presidente de la Generalitat no sería ningún desdoro optar por esta salida, que no solucionaría el conflicto, pero le permitiría ganar tiempo en la búsqueda de una intermediación que posibilite el diálogo con el Gobierno de Rajoy. Todos tienen motivos para pensar en las urnas y por eso figura en los análisis de todos los escenarios que se hacen en la Moncloa y en el Palau de la plaza de Sant Jaume.

Si Puigdemont responde al requerimiento de Rajoy con que no está declarada la secesión de Cataluña, aunque es casi imposible que conteste con esa claridad, perdería el soporte de los diez diputados de la CUP, se quedaría en minoría parlamentaria y casi abocado a los comicios. Solo podría recuperar su enclenque estabilidad con el apoyo de Catalunya Sí que es Pot, la alianza de los comunes y Podemos, pero es una apuesta arriesgada que no suscita entusiasmo entre los independentistas.

En caso de que el presidente de la Generalitat respondiera a Rajoy que Cataluña es una república independiente o que lo va a ser en los próximos días, el Gobierno impondría el artículo 155, que implica una cita de los catalanes con las urnas aunque existen dudas constitucionales sobre si un Ejecutivo central puede disolver el Parlamento de una comunidad autónoma y convocar elecciones, decisión que es potestad del presidente de ese territorio.

Control de los tiempos

Una tercera variante sería que el propio Puigdemont no espere a ver la evolución de los acontecimientos y convoque los comicios. El presidente de la Generalitat anunció al poco de tomar posesión del cargo que su tarea era llevar a Cataluña en 18 meses de «la postautonomía a la preindependencia», un trabajo que podría dar por culminado con la declaración secesionista, aunque fuera de fogueo, y la convocatoria de elecciones. Además, argumentan en su entorno los partidarios de este movimiento, permitiría al Gobierno catalán controlar los tiempos y mantener la iniciativa.

Pero las cosas no son tan sencillas. Estaría por ver qué hace el Gobierno de Rajoy si Puigdemont obvia el requerimiento que tiene sobre la mesa de su despacho y trata de eludir responsabilidades con el anuncio de unos comicios «constituyentes», como defienden sectores del PDeCAT. Es muy posible que el jefe del Ejecutivo diera por no contestado su emplazamiento, intervenga las competencias de la Generalitat y tome el control de las instituciones catalanas.

También se deben tomar en cuenta las sombrías expectativas del PDeCAT, un asunto que juega en contra del desenlace electoral. El partido heredero de Convergència, a diferencia del resto, no tiene candidato si no convence a Puigdemont para que se desdiga y acepte serlo. El presidente catalán insiste cada vez que se le pregunta en que su trabajo ha terminado y que la próxima legislatura requiere «otros perfiles». Con Mas inhabilitado durante dos años, el PDeCAT no tienen otro dirigente que concite más acuerdo interno que Puigdemont, y aun así son conscientes de que sufrirán un importante retroceso en las urnas.

La esperanza del independentismo es que esta previsible caída se compense con un ascenso de Esquerra que le permita mantener la mayoría parlamentaria. Ambas formaciones no van a renovar la alianza de Junts pel Sí, a pesar de que los exconvergentes lo desean, pero en un escenario postelectoral mantendrían estrechos lazos, según admiten fuentes de los dos partidos.

Si el soberanismo tantea la carta electoral, el que la reclama cada vez con más insistencia es Ciudadanos. El partido de Albert Rivera, además de argüir que sería la mejor salida a la crisis, tiene la convicción de que su candidata, Inés Arrimadas, sería la gran favorecida por unos comicios.

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