El PNV convierte el Aberri Eguna en un acto de solidaridad con el soberanismo

El lehendakari Urkullu y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, en la fiesta del Aberri Eguna, ayer, en Bilbao. :: MIGUEL TOÑA / efe/
El lehendakari Urkullu y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, en la fiesta del Aberri Eguna, ayer, en Bilbao. :: MIGUEL TOÑA / efe

Los nacionalistas vascos se comprometen ante los dirigentes del 'procés' a no negociar los Presupuestos con el artículo 155 en vigor

OLATZ BARRIUSO BILBAO.

El PNV vivió ayer un Aberri Eguna (día de la patria) diferente a los de los últimos años. Fue una jornada más simbólica y reivindicativa que festiva marcada por la diabólica encrucijada en la que viven los nacionalistas porque se han atado de pies y manos al prometer que no negociarán los Presupuestos del Estado mientras el artículo 155 siga en vigor en Cataluña, pero, a la vez, su rechazo a dialogar con Rajoy da alas a unas elecciones anticipadas en España y a los «pescadores de río revuelto» -«de ribera revuelta», ironizó el presidente del partido, Andoni Ortuzar, haciendo un juego de palabras con el apellido del líder de Ciudadanos- que quieren «trepar al poder».

«Eso sería muy malo», reconoció Ortuzar, que no tuvo empacho en revalidar su promesa de no ayudar a la estabilidad de Rajoy mientras Cataluña siga intervenida. Lo hizo además en presencia de dos dirigentes del independentismo catalán, que participaron por primera vez en el Día de la Patria vasca y con su presencia ayudaron a convertir lo que suele ser un acto de autoafirmación nacionalista en una celebración, casi catártica, de solidaridad con los encarcelados del 'procés'.

En los corrillos de la Plaza Nueva bilbaína, escenario del acto, se admitía el especial interés que los soberanistas catalanes -que suelen acudir invitados, como otras fuerzas nacionalistas, al Alderdi Eguna el último domingo de septiembre pero nunca al Aberri- por asistir este año a la fiesta que el nacionalismo, y desde hace unos años también Podemos, celebran cada Domingo de Resurrección. Los independentistas enviaron a un representante 'pata negra' de lo que se conoce como 'la lista del president' (los afines a Puigdemont), el portavoz adjunto de JxCat, Eduard Pujol, muy próximo al ahora preso en Alemania, y a la alcaldesa de Calella y responsable de Relaciones Institucionales del PDeCAT, Montserrat Candini.

Papel decisivo

El PNV cedió a sus invitados gran parte del protagonismo y los ubicó en la tribuna de autoridades, junto a los miembros de la dirección del partido, los consejeros del Gobierno del lehendakari Iñigo Urkullu, la presidenta del Parlamento y los portavoces en Congreso, Senado y Parlamento Europeo. Y no solo eso: ambos tuvieron tiempo para hacer declaraciones que retrasaron el inicio de los discursos, en las que aprovecharon para instar al PNV a no dejar de utilizar su decisivo papel en Madrid para hacer de «palanca» y tratar de revertir el 155. Pujol, en concreto, emplazó al nacionalismo vasco a «usar, y es consciente de ella, la fuerza que ahora tiene para hacer palanca para frenar este estado de brutalidad, porque hoy somos la causa catalana, pero el día de mañana será cualquier otra».

El presidente de la formación nacionalista, entre el ondear de las ikurriñas y aplausos de la militancia, reclamó a voz en cuello la excarcelación de los dirigentes independentistas. «¡Los queremos en casa ya! », tronó, tras dejar claro que «ni las alertas naranjas por viento fuerte de Rivera ni las amarillas ni incluso las rojas nos van a hacer cambiar de postura». «Nuestra posición es clara y es una cuestión de principios», remachó.

Ortuzar sí quiso subrayar que el PNV es un partido «responsable» y consciente además del auge del «nacionalismo español rancio», que ejemplificó aludiendo a la presencia de cuatro ministros del Gobierno en la procesión del Cristo de la Buena Muerte en Málaga, protagonizada por la Legión. «¿Ésta es la España que quieren? ¿Ahí es dónde quieren que estemos?», se preguntó, preocupado por el avance de un «autoritarismo» que nos «repele».

Insistió por activa y por pasiva en que el 155 es una 'línea roja' infranqueable. «Con el 155 -advirtió- no jugamos. La mera existencia del 155 y la aplicación que se está haciendo de él en Cataluña son un ataque también a Euskadi y nuestra idea del autogobierno». Ortuzar exigió al Gobierno de Rajoy que, si quiere el apoyo del PNV, debe dejar de «humillar a una gran parte de la sociedad catalana con acciones faltonas», y destierren «la amenaza y la coacción».

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