Una convención descolorida

La polémica en torno a la presidenta madrileña y su máster marca, para mal, la gran cita de los populares

CECILIA CUERDO SEVILLA.

«Seguro que antes de mañana (por hoy) dan una noticia que opaque lo de Madrid, lo de la sucesión de Feijóo por ejemplo». En un rincón, algunos jóvenes de Nuevas Generaciones trataban ayer de encontrar un motivo para que la Convención Nacional encontrara su razón de ser: el resurgimiento del partido. Todo, hasta el hotel escogido (Renacimiento), estaba cargado de simbolismo para lanzar ese mensaje y coger ánimos de cara al ciclo electoral de 2019. Pero fue imposible.

El ambiente del cónclave distó mucho de aquel otro celebrado en el mismo sitio allá por enero del 2011, cuando se tocaba la victoria electoral con la punta de los dedos. Muchos de los 2.500 participantes añoraban ayer ese ánimo festivo y lo comparaban con las caras serias y decepcionadas de este fin de semana, en la que ni el tiempo acompañó. La primavera sevillana lucía desde el viernes por la tarde ventosa y llena de nubarrones que llegaron a descargar en algunos momentos con profusión.

El asunto del máster de la presidenta del PP de Madrid, Cristina Cifuentes, ocupó todos los corrillos. Las referencias se producían incluso entre el personal del hotel y los trabajadores de la organización, que no dudaban en asomarse cada vez que una muchedumbre de militantes madrileños aparecía, signo que precedía a la lideresa regional. «Vienen Rajoy y la del máster», anunciaba algún vigilante, para asombro de los clientes del hotel que, ajenos al encuentro popular, disfrutaban del spa o celebraban una comunión junto a la protagonista de la crónica política del momento.

Colores chillones

Rodeada de una nube de cámaras siguiendo todos y cada uno de sus pasos, y vestida de colores chillones durante todo el fin de semana que permitían distinguirla a distancia (amarillo el viernes, y rojo pasión este el sábado), no dudó siquiera en subirse a una de las dos cintas de correr habilitadas junto a la cafetería para que los militantes pudieran emular al líder bajo el lema 'sigue el ritmo de Rajoy' y que estaban acompañadas de una gran pantalla donde se proyectaban algunas de las caminatas del presidente.

Descalza y posando para algunos medios, los suyos la retaban: «A ver si superas la velocidad que alcanza el presidente». Nada que hacer porque, por si acaso, el líder del PP ya había entrenado a primera hora de la mañana por un parque cercano al hotel. Diez kilómetros junto a Fernando Martínez-Maillo y el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, tras el que repusieron fuerzas con un zumo de naranja. Tal vez para combatir el efecto Cifuentes, Rajoy se esforzó por aparecer a cada hora y participar en multitud de actos durante todo el fin de semana.

Omnipresente, el líder popular saludó al nadador David Meca -quien como si fuera un augurio impartió una charla de auto motivación animando a «bracear frente las adversidades»-, plantó una encina junto a la piscina del hotel; posó con los jóvenes, se reunió con los invitados del Grupo Popular en el Parlamento Europeo e incluso disfrutó de un rato de tranquilidad en la cafetería del hotel con miembros de su gabinete.

A mediodía, el jefe del Ejecutivo se reunió con todos los líderes regionales para una foto en el rascacielos de la ciudad, símbolo de la modernidad de Sevilla, que hubo que repetir porque precisamente Cifuentes llegó tarde. Un poco más y no sale en la foto.

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