Los constitucionalistas echan el resto

Rajoy interviene en el acto del PP en Salou con una imagen de Albiol como fondo de escenario. ::  LLUíS GENé / afp/
Rajoy interviene en el acto del PP en Salou con una imagen de Albiol como fondo de escenario. :: LLUíS GENé / afp

Ciudadanos, PSC y PP recurren a sus líderes nacionales y celebran sus mayores mítines porque la victoria se dirime en «un puñado de votos»

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

A cuatro días de las elecciones, las fuerzas constitucionales echaron ayer el resto en sus campañas. Ciudadanos, PSC y PP celebraron sus mítines más multitudinarios y los candidatos contaron con la presencia de los líderes nacionales de sus partidos. La batalla con los independentistas, coinciden en las tres formaciones, se va a decidir por «un puñado de votos», en palabras de Inés Arrimadas. Esa bolsa está en torno a los 200.000, apuntan desde la candidatura de Ciudadanos y corroboran en el PSC. Los restos que otorgan el último escaño en cada circunscripción se han convertido en piezas codiciadas como nunca.

El PSC reunió a 5.000 personas en el Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona, una cifra apreciable en los tiempos que corren de actos electorales casi en familia. Miquel Iceta estuvo arropado por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el exministro y expresidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, y el expresidente catalán, José Montilla.

Ciudadanos concentró a 4.000 seguidores en la Feria de Hospitalet de Llobregat, antaño terreno PSC. El partido naranja, con sus once años de vida, no cuenta con dirigentes históricos y la compañía para Arrimadas se limitó a Albert Rivera, aunque la víspera tuvo como teloneros al exprimer ministro francés Manuel Valls y el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

El PP reunió a 700 simpatizantes en el teatro Auditorio de Salou, una de sus plazas fuertes, y toda la plana mayor del partido, con Mariano Rajoy en cabeza, y varios presidentes autonómicos alentaron a Xavier García Albiol.

La suerte no está echada, aseguran en las tres formaciones, una opinión corroborada por la última encuesta difundida ayer por El Periódico de Catalunya, edición de Andorra, que sitúa en el 28,4% los indecisos, una bolsa determinante para el resultado electoral porque la diferencia entre independentistas y constitucionalistas, según el promedio de los sondeos publicados, se ha reducido a dos puntos -hace dos años fue de casi ocho-. Entre esos votantes dubitativos, según el rotativo barcelonés, hay un importante grupo de seguidores del PSC y del PP.

«Cada papeleta es vital», subrayan en los comités de campaña, y de ahí las continuas apelaciones al voto útil en los mítines de hoy. «El voto al PP es un voto seguro porque no hacemos cambalaches», afirmó Rajoy. El «único voto ganador al soberanismo» es el de Ciudadanos, clamó Arrimadas con la mirada puesta en «los decepcionados» del PSC. «El único voto de izquierdas es socialista», apuntó Sánchez, diagnóstico que Iceta amplió con un llamamiento al elector «catalanista no independentista». Al candidato socialista, además, no le gustaron los cantos de sirena de Arrimadas y su planteamiento de que el constitucionalista que opta por el PSC tira la papeleta a la basura. Es, dijo el socialista, una «demócrata de pacotilla».

El último escaño

Esa disputa palmo a palmo se explica en buena medida porque la pugna en las cuatro circunscripciones por los últimos escaños es muy incierta. El PP, por ejemplo, disputa a la CUP y a Catalunya en Comú el último diputado en dos territorios, señalaron fuentes del comité electoral popular. Los socialistas también compiten con Esquerra por el último escaño en otra circunscripción. En Barcelona, al menos cuatro candidaturas mantienen una cerrada pelea por los tres o cuatro últimos representantes. Los restos resultantes de la aplicación de la ley d'Hondt se han convertido en las joyas de la corona en unas elecciones apretadas como pocas veces.

En Cataluña, salvo en contadas excepciones, siempre ha habido una candidatura muy mayoritaria, la de los nacionalistas, que ganaba la pugna de los restos, pero en esta ocasión no hay favorito claro y la oferta electoral está muy fraccionada. Un escenario en el que tendrá capital importancia otro elemento, la participación.

Las previsiones son espectaculares, y apuntan a una afluencia a las urnas por encima del 80% del censo. Solo se superó ese porcentaje en Cataluña en las elecciones generales de 1982, las de la gran mayoría absoluta de Felipe González, con el 80,7%. En las autonómicas la marca la tiene las de 2015, cuando votó el 77,5%. El sondeo preelectoral del CIS aventuró una participación del 90,1%, y hace dos años acertó con el 77%.

«Todo apunta a que habrá una participación récord, una cifra nunca obtenida en Cataluña», aventura el profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona Oriol Bartomeus.

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