Ada Colau rompe con el PSC y aleja un futuro pacto de izquierdas catalanas

Los comunes se desvinculan de los socialistas en el Ayuntamiento de Barcelona por su apoyo al artículo 155

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Las bases de Barcelona en Comú, la amalgama de izquierdas que gobierna en la ciudad condal, tomaron ayer una decisión que afecta a la gobernabilidad de la ciudad de Barcelona, pero que tendrá consecuencias más allá del ámbito municipal.

La militancia del partido que lidera Ada Colau votó a favor de la ruptura del pacto de gobierno con el PSC, lo que deja al ejecutivo municipal de la capital catalana con una minoría muy precaria. Colau ganó las elecciones municipales de 2015, pero lo hizo de manera pírrica. Obtuvo once concejales, muy lejos de la mayoría absoluta, que se sitúa en 21. Por ello, decidió atemperar su radicalidad y pactó con los socialistas, que tienen cuatro regidores.

No puede decirse que las relaciones entre ambas formaciones hayan sido malas, aunque cada vez que había un debate municipal relacionado con el proceso soberanista saltaran chispas. Más bien formaban un matrimonio de conveniencia: el PSC mantenía una cierta cuota de poder en la ciudad que ha sido su feudo tradicional y al mismo tiempo los comunes se aseguraban, con Jaume Collboni, una interlocución con algunos sectores económicos que de otra manera no hubieran tenido.

«Entre Barcelona y la independencia, ha elegido la independencia», reprocha Miquel Iceta

La cercanía de las elecciones, sin embargo, forzó a los comunes a convocar una consulta entre la militancia por el apoyo de los socialistas al 155 y su no rechazo al encarcelamiento de dirigentes secesionistas. Colau no era partidaria de romper con el PSC, pero ahora no tendrá más remedio que asumirlo, porque la consulta era vinculante. Así, un total de 2.059 personas (el 54%) votaron 'sí' a poner fin al pacto, mientras que 1.736 votaron en contra (el 45%).

A cuarenta días de las elecciones, los comunes han preferido desligarse de los socialistas para tener las manos libres en la campaña y poder competir de tú a tú con el independentismo. Catalunya en Comú, que de cara al 21-D estará liderado por Xavier Domènech, actual diputado en el Congreso, se disputa un buen puñado de votos tanto con Esquerra como con la CUP o el PSC. Expertos en Ciencias Políticas como Oriol Bartomeus, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, han cifrado este voto fronterizo en torno a los 45.000, entre los comunes y el independentismo, de 40.000 con la CUP y de 40.000 también con el PSC. «Ha sido una decisión difícil, ojalá el PSC abandone pronto pactos con el PP, Cs y recupere alianzas de izquierdas», afirmó Colau.

Gerardo Pisarello, primer teniente de alcalde de Barcelona, valoró positivamente el año y medio de acuerdo con el PSC, pero apuntó que la situación excepcional que está viviendo Cataluña y España les ha obligado a tomar medidas. «Ni la dirección del PSOE ni la del PSC han dado la respuesta a la aplicación del 155 que nosotros esperábamos», aseguró. El equipo de Colau precisó que no gobernará con ninguna otra fuerza política y que buscará la geometría variable que hizo célebre Artur Mas en la Generalitat.

Malestar socialista

En las filas socialistas, la decisión de los comunes cayó como un tiro. «A partir de hoy, nosotros no podremos mirar igual a la gente de los comunes», advirtió el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, que acusó a Colau de anteponer «la independencia» a la «estabilidad» de Barcelona.

Los socialistas, sin embargo, también aligeran su mochila de cara al 21-D, donde se presentan como la fuerza de la moderación y del 'seny', extremo que hubieran tenido difícil de defender de la mano de perfiles muy radicales como algunos de los colaboradores de Colau (Pisarello, Asens o Pia). Pero sobre todo, la decisión de los comunes «tendrá consecuencias» después de los comicios, según avisó Iceta el viernes pasado. «¿Cómo le vamos a decir a los electores que con quien nos ha echado del gobierno de Barcelona querremos gobernar Cataluña? Sería muy raro», afirmó Iceta.

El sector independentista es minoritario en los comunes, pero es el que se ha impuesto en este caso. Los sectores críticos cargaron ayer contra la decisión del partido. Entre otros, el que hasta hace poco era el jefe de filas de Catalunya sí que es Pot, Lluís Rabell, que habló de «pésima noticia para Cataluña». Raimundo Viejo, de En Comú Podem, y el ex secretario general de Podemos Barcelona, Marc Bertomeu, también arremetieron contra la dirección de la formación de Colau.

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