Colau avisa de que hará «todo lo posible» para que Barcelona vote en la consulta

La alcaldesa de Barcelona, junto a Iglesias y Domènech (i), durante el acto de ayer de Catalunya en Comú con motivo de la Diada. :: a. garcía / efe
La alcaldesa de Barcelona, junto a Iglesias y Domènech (i), durante el acto de ayer de Catalunya en Comú con motivo de la Diada. :: a. garcía / efe

El independentismo presiona a la alcaldesa para que ceda locales y el Gobierno para que no lo haga

C. REINO BARCELONA.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, sigue sin desvelar qué hará el próximo 1 de octubre con los más de 200 locales de titularidad municipal que habitualmente se utilizan como colegios electorales en las convocatorias generales, autonómicos y municipales y que la Generalitat reclama para que los ceda el 1 de octubre. En Barcelona viven 1,6 millones de personas (sobre un total de 7,5 millones de catalanes) y el concurso de la capital catalana es clave para el éxito o fracaso de la consulta.

La alcaldesa está en el ojo del huracán de los independentistas, aunque también recibe presiones desde el Gobierno de Mariano Rajoy, porque de momento no ha confirmado si va a colaborar, como sí han hecho casi 700 alcaldes, tres cuartas partes de los que hay en toda Cataluña. Desde que la Generalitat envió la semana pasada una carta a los regidores para que confirmaran si pondrán o no a disposición de la organización de la consulta inmuebles públicos, Colau siempre ha dicho lo mismo: su intención de colaborar es plena siempre que no se ponga en peligro a los funcionarios y al Ayuntamiento.

La alcaldesa de Barcelona, que gobierna en una minoría muy precaria y en coalición con el PSC, insistió ayer en la misma idea, aunque fue más contundente. En un acto de Catalunya en Comú en Santa Coloma de Gramanet, donde la izquierda alternativa celebró la Diada del 11-S, junto con dirigentes de Podemos, entre ellos Pablo Iglesias, Colau aseguró que hará «todo lo posible» para que el 1 de octubre puedan votar todos los barceloneses que lo quieran. «No nos espantan las amenazas» del Gobierno del PP, dijo. Colau negocia con el Ejecutivo catalán alguna «solución práctica» para que el Ayuntamiento de Barcelona facilite la votación. Su pretensión es hacer compatibles conceptos que no lo son, jercer el «derecho de los ciudadanos a votar» en un referéndum ilegal y «garantizar» el derecho de los funcionarios a que «no se les ponga en riesgo».

No a la equidistancia

Ante el rechazo que han expresado algunos alcaldes, la mayoría de las principales ciudades, como Barcelona, Tarragona, Lleida, L'Hospitalet, Santa Coloma o Cornellà, el secesionismo ha puesto en marcha una campaña de presión que tiene a Colau en el centro de la diana y a la que se presenta como enemiga de la democracia y colaboradora del PP. «Todos recordaremos el papel que ha jugado cada uno, id con cuidado», avisó el domingo el exconsejero de Esquerra Xavier Vendrell a los alcaldes no colaboradores.

Desde el PDeCAT señalaron ayer que sería una «pena» que Colau «pueda ponerse a las órdenes del Tribunal Constitucional» y le instaron a recapacitar porque «no cabe la equidistancia». «Creo que una persona que siempre ha dicho que estaba a favor de las movilizaciones populares sería un poco extraño que ahora se ponga de perfil» aseguró la coordinadora del partido, Marta Pascal. La CUP fue más allá de las declaraciones y, después de organizar una manifestación en la plaza Sant Jaume el viernes pasado, ayer desplegó una pancarta en lo alto del edificio del Ayuntamiento de Barcelona, en la que se podía leer: «Colau, votaremos contigo o sin ti. Sí».

La presión del secesionismo alcanzó asimismo al alcalde de Tarragona, el socialista José Félix Ballesteros, abucheado en su ciudad por oponerse a facilitar locales. Otra regidora díscola es la de L'Hospitalet (segunda ciudad de Cataluña en población), la socialista Nuria Marín, quien pidió a Puigdemont que «deje tranquilos a los alcaldes».

Pero también el PP intentó influir en la regidora barcelonesa, a la que instaron a ponerse del lado de «los buenos», que son «los que cumplen la ley» y no junto a quienes quieren «delinquir». El vicesecretario Pablo Casado, además de recordar a Colau que prometió cumplir la ley, sostuvo que es la hora de «los valientes», de los que deciden «estar al lado de la ley y no del delito».

La alcaldesa de Barcelona aprovechó el mitin de la Diada para responder a todos. Acusó a Mariano Rajoy de «cobarde» por «no querer escuchar al pueblo» y advirtió a los soberanistas de que no iba a aceptar «lecciones sobre desobediencia de quienes hasta hace días no tenían ni idea de lo que era la desobediencia civil». Una andanada para el PDeCAT, que gobierna y ha gobernado Cataluña durante casi 30 años.

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