El coche bomba convirtió el centro en un crematorio a 3.000 grados

La Policía no dio credibilidad a las llamadas en las que ETA alertó del artefacto porque fueron vagas e imprecisas

M. SÁIZ-PARDO BARCELONA.

El 'comando Barcelona' sabía que no era un coche bomba más. Que la potente mezcla con la que habían cebado aquel Ford Sierra (30 kilos de amonal, cien litros de gasolina y grandes cantidades de pegamento y escamas de jabón) iba a tener los efectos del napalm. Que aquel artefacto, hecho explosionar en un lugar cerrado como era la primera planta del aparcamiento del centro, iba consumir el oxígeno e iba a desatar una tormenta de fuego y sustancias hirvientes que haría que la temperatura subiera a cerca de 3.000 grados, derritiendo -literalmente- a todo el que estuviera cerca.

Así fue. La onda expansiva de aquella fortísima bomba rompió el techo de aparcamiento y dejó escapar por los pasillos del centro comercial su ola calcinadora. Quince personas fallecieron aquel 19 de junio de 1987 quemadas vivas o asfixiadas. Seis más murieron los días sucesivos. Cuatro menores fueron asesinados; 45 personas resultados heridas, muchas de ellas con gravísimas lesiones y quemaduras.

ETA escogió como objetivo del que sería el atentado más mortal de sus más de 50 años de historia un centro comercial que, sin llegar a estar abarrotado, estaba bastante lleno de público. La bomba explosionó a las 16:08 horas de aquel viernes, cuando, sobre todo, mujeres y niños (aquella mañana había acabado el curso académico en Cataluña) se disponían a hacer sus compras para el puente (no oficial) previo a San Juan. Los terroristas reconocerían luego que habían elegido Hipercor para este atentado porque creían, erróneamente, que estaba participado por capital francés.

La polémica siempre rodeará esta masacre porque ETA avisó de la colocación de la bomba y las autoridades no desalojaron el centro. Pero -tras años de investigaciones y procesos judiciales- esta versión fue matizándose. Y mucho.

Efectivamente, el etarra Domingo Troitiño hizo tres llamadas de aviso desde una cabina telefónica. La primera a la Guardia Urbana de Barcelona; la segunda a la administración del establecimiento; y la tercera al diario 'Avui'. Sin embargo, las llamadas eran confusas. El terrorista nunca dijo que la bomba estaba oculta en un vehículo. Además, aseguró que el artefacto explotaría a las 15:30 horas, 38 minutos antes de la hora en la que estalló realmente la bomba. Y Troitiño solo dio de margen entre cinco y quince minutos para encontrar el artefacto antes de esa hora tope. Aun así, los servicios de seguridad del centro buscaron, sin éxito y prácticamente a ciegas, la bomba.

Cuando pasada esa hora, no hubo explosión se levantó el dispositivo de búsqueda. La Policía creyó que era un nuevo aviso falso. Ese mismo día, las fuerzas de seguridad habían atendido una docena de llamadas falsas alertando de la colocación de artefactos.

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