Ciudadanos gana las elecciones, pero el independentismo retiene la mayoría

Inés Arrimadas, anoche, tras conocer su triunfo electoral en las autonómicas catalanas. :: Josep LAGO / afp
/
Inés Arrimadas, anoche, tras conocer su triunfo electoral en las autonómicas catalanas. :: Josep LAGO / afp

El Parlamento de Cataluña renueva con ligeras correcciones la misma fotografía de la pasada legislatura

RAMÓN GORRIARÁN

Ciudadanos fue un tsunami y ganó las elecciones en escaños y en votos. Pero no gobernará. Los independentistas conservan por los pelos la mayoría absoluta y, si se ponen de acuerdo, retendrán la Generalitat de Cataluña. Carles Puigdemont y Junts per Catalunya fueron los otros triunfadores de la noche al ser la segunda fuerza y derrotar a Esquerra contra pronóstico y contra las encuestas. Pero quién será el presidente es otra cuestión, porque sobre el fugado a Bruselas pesa una orden de captura y será detenido si, como ha prometido, regresa.

El partido naranja, con apenas once años de historia, ha protagonizado la trayectoria más fulgurante de la que se tiene noticia. Ciudadanos obtuvo un triunfo incontestable con 37 diputados en el Parlamento de Cataluña y más de un millón de votos, casi el 26% del total. Una campaña antiindependentista sin concesiones y una buena candidata, Inés Arrimadas, han permitido a los liberales convertirse en la primera fuerza y derrotar a Junts per Catalunya y Esquerra. Arrimadas, sin embargo, no va a ser la próxima presidenta de la Generalitat porque sus hipotéticos socios constitucionalistas, PSC y PP, obtuvieron unos resultados discretos, el primero, y catastróficos el segundo. La suma de los tres se queda en 57 diputados, cinco más que en la pasada legislatura pero lejos de los 68 de la mayoría absoluta.

Los secesionistas mantienen la mayoría absoluta porque, como se esperaba, no ha habido transferencia de votos entre los dos bloques, y, por tanto, Ciudadanos ha cimentado su triunfo al absorber la estampida masiva de votantes del PP y una fuga menor del PSC. Paradojas de la política, Ciudadanos rentabiliza la aplicación del 155 y el PP paga la factura. Los constitucionalistas han mejorado los resultados de 2015, han pasado de 52 diputados hace dos años a 57, y del 39% de los votos al 43,5%. Se han repartido casi las mismas papeletas de forma distinta.

LAS CLAVES El PP obtiene los peores resultados de su historia y se queda sin grupo propio en el Parlament El PSC apenas mejora sus guarismos de hace dos años y se queda por debajo de sus expectativas Los comicios registraron con el 82% la afluencia a las urnas más elevada de la historia de Cataluña

El PP se ha encontrado con el peor escenario imaginable: se ha hundido, Ciudadanos, su rival del mismo espectro ideológico, le ha ganado en diputados y en votos en proporción de nueve a uno, y el independentismo sigue con mayoría absoluta. Un revés que tendrá consecuencias a escala nacional. Además, es una de las anécdotas electorales, deberá compartir con sus tres escaños el grupo mixto con los anticapitalistas de la CUP. El electorado catalán ha castigado la gestión vacilante de Rajoy ante el reto soberanista.

Los socialistas, aunque mejoran un poco sus números, ganan un escaño y rompen la tendencia declinante desde 1999, tampoco pueden estar satisfechos. Su candidato, Miquel Iceta, ha protagonizado una campaña arriesgada, con alguna metedura de pata como la de los indultos para los líderes secesionistas, pero ha quedado sepultado por el vendaval de Ciudadanos, Arrimadas y el voto útil. La tesis de la reconciliación, de coser las heridas ha pichado en hueso en una sociedad partida en dos, más partidaria en este momento de revanchas que de perdones.

Si en el partido liberal había razones para la euforia, el clima era similar en los cuarteles generales de Junts per Catalunya en Barcelona y Bruselas. La candidatura personalista de Puigdemont, 34 diputados y el 22% de los votos, dio la vuelta a las encuestas, ninguna le colocaba en segunda posición y por delante de Esquerra. La campaña del presidente legítimo destituido por un gobierno invasor ha calado. En unas elecciones movidas por los sentimientos antes que por los programas o la política, la imagen de un Puigdemont castigado y 'exiliado' por conducir el proyecto soberanista ha convencido en el mundo independentista. Ahora se abre un interrogante: ¿volverá para ser investido como prometió a pesar de que sabe que será detenido? Si no regresa, y lo sabe, no será presidente de la Generalitat.

Esquerra, en cambio, no daba crédito. La gran favorita para ganar se quedó como tercera fuerza con 32 escaños y el 21% de las papeletas. Ha pagado un alto precio por la falta de un candidato al estar Oriol Junqueras en prisión, y su segunda, Marta Rovira, en ningún momento dio la talla. En una campaña con dos cabezas de lista muy protagonistas, Arrimadas y Puigdemont, no tener nada que oponer ha sido letal.

La CUP ha sido otra damnificada del voto útil, que en el campo soberanista se repartió entre Junts per Catalunya y Esquerra. Un candidato desconocido y la radicalidad de sus planteamientos tampoco ayudaron. Pero tienen la llave para conformar la mayoría absoluta de los secesionistas y el precio no será barato. Así como en la pasada legislatura se cobraron la cabeza de Artur Mas, ahora ya han avisado que su condición innegociable es la construcción unilateral de la república.

Los comunes se han quedado en tierra de nadie y también han retrocedido. En una campaña de blancos y negros sus grisuras no han tenido recompensas, y han pasado de ganar las dos últimas elecciones generales a ser la quinta fuerza.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos