Ciudadanos aprieta en casa de Puigdemont

Inés Arrimadas junto al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ayer en el auditorio de Girona.  /  ENRIC FONTCUBERTA / EFE
Inés Arrimadas junto al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ayer en el auditorio de Girona. / ENRIC FONTCUBERTA / EFE

El partido de Arrimadas pugna por la hegemonía en plena batalla de Junts per Catalunya y Esquerra por el candidato a la investidura

CRISTIAN REINO

Primera semana de campaña y el resultado del 21-D es toda una incógnita, en las elecciones más abiertas en mucho tiempo. La mayoría absoluta secesionista es posible, pero también pende de un hilo. ERC sigue en cabeza, aunque va a la baja, seguida de cerca por Ciudadanos -que por primera vez en su corta historia está en disposición de ganar las elecciones catalanas en número de votos, según el CIS-, Junts per Catalunya y el PSC.

En este clima, el partido que preside Albert Rivera presentó ayer oficialmente su candidatura a la victoria con una demostración de fuerza en Girona, el feudo de Carles Puigdemont. La formación que en la pasada legislatura era la principal fuerza de la oposición en la Cámara catalana reunió a 1.200 personas en el auditorio de la ciudad, toda una demostración de fuerza. Ciudadanos logró dos escaños en la pasada legislatura en Girona, los primeros de su trayectoria en esta provincia, uno a costa del PP y otro del PSC.

La provincia es una zona complicada para el constitucionalismo, pero Arrimadas ve margen de crecimiento. La candidata de Ciudadanos ha moderado el discurso del la formación en Cataluña para diferenciarse del PP y para ampliar la base electoral, robando en caladeros del PSC y hasta de la antigua CiU. En el acto, se reivindicó como la candidata del «'seny', la senyera y la tranquilidad», frente a la «fractura y la huida de empresas» del independentismo.

A semana y media para los comicios, corre el riesgo de que las encuestas estén algo hinchadas para sus intereses o que pueda pagar el exceso de confianza. Pero la imagen de ayer, aunque sólo fuera simbólica, resultó contundente: si en terreno visitante, exhibe músculo, es que está preparada para empresas más ambiciosas. Por si acaso, Albert Rivera, allí presente, apeló al voto útil y advirtió de que el apoyo al PP o al PSC puede acabar siendo un voto «tirado a la basura».

Voto útil

En el primer gran mitin de los naranjas en campaña -está previsto que haya dos más, el sábado y el domingo que viene en Barcelona, con Manuel Valls y Mario Vargas Llosa en la primera entrega-, Arrimadas trató de presentarse como la opción ganadora del constitucionalismo. «Nuestra revolución será cumplir la ley», aseguró. La candidata de C's repite tres ideas en sus mítines: quiere ser la «presidenta de todos los catalanes», C's es la garantía para «acabar con el proceso» y votar naranja es votar por la libertad y por la unión.

Mientras Ciudadanos se siente fuerte y se atreve en los feudos secesionistas, en el independentismo se está librando una batalla, que subirá de temperatura. ERC y Junts per Catalunya empezaron la campaña asegurando que son socios y no adversarios y centrando todos sus dardos hacia las fuerzas constitucionalistas. Pero a medida que la candidatura de Carles Puigdemont ha ido creciendo en los sondeos a costa de los republicanos, la batalla entre los dos gallos del independentismo va a más, con el riesgo de hacerse daño y desmovilizar a su electorado, que a día de hoy no da signos (en los sondeos) de querer castigar a los secesionistas por la gestión del proceso.

Algo no carburaba en las relaciones entre las dos principales listas secesionistas, cuando no solo no quisieron presentarse juntas, como en el 27 de septiembre de 2015, sino que ni siquiera fueron capaces de pactar puntos comunes de sus programas. Junts per Catalunya arrancó la carrera del 21-D muy atrás, pero ya está cerca de la cabeza, lo que ha encendido las alarmas en Esquerra, que no encuentra el antídoto para frenar la escalada de sus oponentes. Encuestas internas de ERC daban no hace mucho más de 50 escaños a los republicanos. Esa cifra ha menguado hasta los 30-32 diputados, según los últimos trabajos demoscópicos. A diez días para las elecciones, por tanto, todo puede pasar aún.

De entrada, el único punto de ataque que ha encontrado ERC es sobre el futuro político de Carles Puigdemont. Los republicanos instan a los neoconvergentes a que designen un eventual sustituto del expresidente, a los que avisan que difícilmente podrá volver a ocupar su antiguo despacho, aunque insista en ello. Junts per Catalunya trasladó ayer su caravana de campaña a La Garriga donde el mundo municipal arropó a Puigdemont. «Volverá, gracias a los votos que emitirán las urnas el próximo 21 de diciembre», expresó la presidenta de la AMI, Neus Lloveras. El voto de la gente podrá «restablecer la democracia, el presidente Puigdemont y las instituciones» catalanas, es el argumentario de la candidatura del PDeCAT.

ERC replicó desde Vilanova i la Geltrú, apelando al voto útil para frenar a Ciudadanos y presentándose como la candidatura más transversal. «Un partido de 83 años, no improvisado, ni que nació hace cuatro días», afirmó el exconsejero de Justicia, Carles Mundó, excarcelado esta semana. Esquerra siente la presión de Junts per Catalunya, y por el flanco radical le aprieta la CUP y le advierte de que no puede olvidarse de la vía unilateral. «Espero que recuperen el camino recorrido entre todos porque nadie nos regalará nuestros derechos», dijo ayer la exdiputada y concejal anticapitalista en Barcelona Eulalia Reguant.

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