Cifuentes reniega de las campañas bajo sospecha y dice que solo «rellenaba mítines»

Cifuentes, antes de comparecer ayer en la comisión parlamentaria que investiga las finanzas del PP. :: E.P.
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Cifuentes, antes de comparecer ayer en la comisión parlamentaria que investiga las finanzas del PP. :: E.P.

Afirma que en casi 40 años «jamás» se ocupó de las cuentas y apunta a la dirección nacional por no vigilar a Granados y a González

MELCHOR SÁIZ-PARDO

Madrid. Cristina Cifuentes no está dispuesta a admitir la menor responsabilidad económica sobre las campañas electorales del PP madrileño supuestamente financiadas con dinero negro procedente de empresarios afines, en concreto las autonómicas de 2007 y 2011 y las generales de 2008. Ante la comisión parlamentaria que investiga la supuesta financiación irregular del PP, la presidenta de la Comunidad de Madrid lo negó todo. Cifuentes, con casi 40 años en la militancia y en cargos de responsabilidad en los populares madrileños, se esmeró en presentarse como una absoluta ignorante de los entresijos económicos de su partido hasta que fue nombrada en marzo de 2017 presidenta del PP madrileño.

Cifuentes se convirtió ayer en la primera política en activo de la formación de Mariano Rajoy en pasar por la comisión de investigación. Fue citada en la Cámara baja después de que el que fuera secretario general del PP madrileño entre 2004 y 2011, Francisco Granados, declarara en sede judicial (en el marco de la investigación por la 'trama Púnica') que ella era conocedora de que las campañas municipales y autonómicas de 2007 y 2011 (que coordinaron los imputados Granados e Ignacio González) se financiaron con dinero de empresarios amigos y que Cifuentes, quien entonces mantenía una relación con González, estaba en el «núcleo duro» de las decisiones para financiar al PP de forma irregular.

La presidenta de Madrid, que ya se querelló en su momento contra Granados por aquellas declaraciones que hoy le llevaron al Congreso, afirmó que, pese a estar en los comités de campaña de los comicios de 2007 y 2008 (no admitió nada de los comicios de 2011), era solo una suerte de 'animadora'. Adujo ante los diputados que exclusivamente se dedicaba a llevar a militantes para «rellenar mítines» porque esa era su función como «responsable de participación territorial» y que, por tanto, jamás supo cómo se financiaban esos eventos. «Yo nunca jamás tuve nada que ver con la administración y gestión del PP. Solo me ocupaba de la movilización territorial. No tuve responsabilidad ninguna en la financiación en ninguna de las maneras. Estuve en el comité de campaña -reconoció- pero era solo para movilizar a los dirigentes y a los afiliados». «Y punto pelota», concluyó de manera gráfica.

«Jamás, jamás y jamás tuve alguna relación con la administración o gestión, solo con movilización. Ignoro por completo quiénes eran los donantes», se defendió la heredera de Esperanza Aguirre e Ignacio González, quien no tuvo reparo en renegar del pasado de su partido. «Es más que evidente que en el PP de Madrid hemos tenido la desgracia de tener militantes y dirigentes que se han aprovechado de su militancia para hacer actividades ilegales y enriquecerse a cuenta de su actividad política. No estoy ni orgullosa ni satisfecha. Es una losa que pesa (en el partido) y que ha creado una desconfianza paulatina en nuestro electorado», admitió sin ambages. «Siento vergüenza por los actos de algunos de mis compañeros», llegó a afirmar ante los diputados.

Comité de garantías

La parte más espinosa para la presidenta madrileña, más allá de su participación en las campañas financiadas presuntamente de manera turbia, fue su supuesta inacción como presidenta del comité de garantías del PP madrileño cuando saltaron las primeras denuncias y suspicacias sobre las actividades de Granados y González. En ambos casos se escudó en que la supervisión (y rendición de cuentas) de los dos dirigentes era una cuestión de la dirección nacional por los altos cargos que ocupaban en esos momentos, y no del PP madrileño.

La declaración de Cifuentes en la Cámara baja, que no estuvo exenta del habitual tono bronco y los rifirrafes entre la oposición y el PP, le dio la oportunidad a Cifuentes para atacar sin piedad a Granados, el excompañero que le llevó a pasar por el maltrago de ser interrogada por la comisión de investigación sin estar encausada en ningún procedimiento. A la presidenta se le agotaron los epítetos. Le acusó de «vengativo», «presunto delincuente» «falsario», «machista», además de verter acusaciones «miserables»y «difamaciones gratuitas».

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