La UE cierra filas con España a la espera de los próximos movimientos de Rajoy

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, muestra una carta de Theresa May. :: Yves Herman / reuters
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El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, muestra una carta de Theresa May. :: Yves Herman / reuters

El Colegio de Comisarios de la Comisión debatirá hoy lo ocurrido anoche mientras Tusk simboliza el firme apoyo del club a Madrid en esta crisis

ADOLFO LORENTE

bruselas. Más que un mensaje, fue una advertencia contundente. El presidente del Consejo Europeo, un hasta ahora 'mudo' Donald Tusk en lo referido a la grave crisis catalana, fue el encargado de ponerle voz. «Señor Carles Puigdemont, hace unos días pedía al primer ministro Rajoy que busque una solución al problema sin el uso de la fuerza, que busque el diálogo porque la fuerza de los argumentos siempre es mejor que el argumento de la fuerza. Hoy, le pido a usted que respete en sus intenciones el orden constitucional y no anuncie una decisión que haga el diálogo imposible». Bruselas, el club de clubes, decidió dar un puñetazo encima de la mesa a sólo tres horas del inicio del pleno del Parlament. Habló la UE. Gritó. 'Así no, señor Puigdemont', advirtió Tusk. Así, no.

Al final sí hubo DUI (Declaración Unilateral de Independencia) pero quedó en suspenso. ¿Y qué significa esto? ¿Qué piensa la Unión Europea y las grandes capitales del club? Anoche, tanto el Consejo como la Comisión eludieron valorar oficialmente el mensaje de Puigdemont. Hoy, de nuevo, volverá a estar encima de la mesa del Colegio de Comisarios que tendrá lugar a primera hora de la mañana. Según distintas fuentes comunitarias, la opción más factible es que se vuelva a emitir un breve comunicado que detalle la opinión del Ejecutivo, tal y como ocurrió el 2-O.

Eso sí, todo depende las decisiones que adopte el Gobierno de Mariano Rajoy porque Madrid fue, es y será el que marque el tono y el sentido de la respuesta de la UE, como se ha podido comprobar en las últimas semanas. Tanto Bruselas como el eje Berlín-París-Roma siguen cerrando filas en torno a Rajoy repitiendo de forma machacona su opinión sobre Cataluña. A saber: el referéndum fue ilegal; respeto a la Constitución y al Estado de Derecho; diálogo dentro de la ley; no a la violencia y máxima confianza en el «liderazgo de Mariano Rajoy». Un mantra reiterado ayer por el portavoz de la Comisión, Alexander Winterstein.

LA CLAVE «Señor Puigdemont, respete la Constitución y no tome decisiones que imposibiliten el diálogo» Macron rechazar mediar porque «eso significaría tratar en pie de igualdad a Rajoy y Puigdemont»

La obsesión independentista siempre ha sido la llamada internacionalización del conflicto, buscar el cuanto peor mejor para que llegado el momento, la UE no tuviera más remedio que intervenir porque Cataluña supone el 20% del PIB de España y eso son palabras mayores. Anoche, Puigdemont insistió en hacer un llamamiento a la UE para que intervenga defendiendo sus valores fundamentales, pero en realidad, eso es lo que viene haciendo hace días. Porque Bruselas sí ha hablado, pero no como Puigdemont quería. Ha rechazado mediar y lo ha hecho, además, criticando con dureza al Govern por vulnerar de forma flagrante el espíritu de los Tratados.

Ayer habló Tusk. Por fin. Porque aunque la Comisión es el brazo ejecutivo, el Consejo es el gran órgano político que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, por eso se le echaba tanto de menos. «Busquemos siempre lo que nos une y no lo que nos divide», zanjó.

Las reacciones volvieron a sucederse ayer a lo largo de toda Europa. Si el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, advirtió de que «una DUI sería un hecho gravísimo que sonaría como una provocación grave», el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, se reafirmó como el gran baluarte de Rajoy en esta grave crisis. «¿Por qué Europa, Francia o Alemania no intervienen en el asunto catalán? Porque Europa está hecha por Estados soberanos y mediar supondría tratarlos en pie de igualdad», aseguró durante un debate sobre Europa en la universidad Goethe de Fráncfort. «Si interviniese en el asunto catalán me inmiscuiría en los asuntos domésticos españoles y eso es intolerable tanto para el presidente del Gobierno como para el monarca español», zanjó.

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