Catalunya sí que es Pot, última víctima del proceso secesionista

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Primero fue el PSC, más tarde CiU y ahora le ha tocado a Catalunya Sí que es Pot. Si en algo se ha convertido el proceso soberanista es en una enorme máquina que devora partidos políticos. Todo el que se le acerca, de momento salvo Esquerra, porque la CUP también ha sufrido lo suyo, acaba quemándose. El último damnificado ha sido la coalición que formaron Iniciativa y Podem para concurrir juntos a las pasadas elecciones catalanas, representando a la izquierda alternativa, que está por el referéndum, pero no comparte la hoja de ruta que plantean Puigdemont, Junqueras y la CUP.

Del artefacto de izquierdas no participó Barcelona en Comú, el partido de Ada Colau, que prefirió no presentarse a las autonómicas, pero en cambio sí alcanzó un acuerdo con ecosocialistas y morados para las generales, en las que concurrieron bajo la marca En Comú Podem.

Tensiones

Las tensiones en Catalunya Sí que es Pot han estado a la orden del día casi desde su nacimiento, porque ICV y Podem no han acabado de congeniar y además porque a algunos dirigentes morados les ha podido el ego y no han acabado de entender en qué consiste la disciplina de grupo. Las diferencias también han sido ideológicas, por la cercanía con el independentismo de algunos diputados de Podem. Las tensiones explotaron ayer de manera definitiva con el anuncio de Joan Coscubiela, portavoz del grupo parlamentario, de que abandonará la política cuando acabe la legislatura.

Fue uno de los protagonistas de las dos eternas jornadas parlamentarias del miércoles y el jueves, en las que se mostró muy crítico y crispado, más incluso que PP y Ciudadanos, con los independentistas, lo que le ha situado ya en la cabeza del ránking como uno de los enemigos oficiales del secesionismo.

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