Cataluña vota hoy si retorna a la legalidad o sigue el ‘proces’

Preparación de uno de los colegios electorales donde se votará hoy. /AFP
Preparación de uno de los colegios electorales donde se votará hoy. / AFP

La previsión es de una de las mayores participaciones de la historia

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Las elecciones de hoy decidirán si Cataluña entra en el segundo acto del proceso soberanista o vuelve a la legalidad autonómica abandonada hace cinco años. Una victoria independentista conduciría al primer escenario con la disyuntiva de si será pacífico y negociado o crispado y unilateral como en la pasada legislatura. El triunfo constitucionalista implicaría el retorno a la senda autonomista. El empate o la imposibilidad de formar gobierno desembocarían en la repetición de elecciones.

Es mucho lo que está en juego y la participación estará en consonancia, aunque el voto por correo se haya desinflado. La marca del 80%, que solo se rebasó en las generales de 1982, será pulverizada según todos los augurios a pesar de que los catalanes han tenido diez elecciones en siete años: cuatro autonómicas entre 2010 y las de mañana, tres generales en 2011, 2015 y 2016, dos municipales en 2011 y 2015, y unas europeas en 2014. El cansancio sería explicable ante semejante calendario, pero esta vez se dilucida el futuro como pocas veces. La tensión es palpable, y un excelente botón de muestra es que esta vez los diarios catalanes no publicarán hoy la foto de los candidatos, una tradición de muchos años.

Esquerra y Ciudadanos, se juegan la victoria, dos partidos que hace diez años eran casi residuales. En los comicios de 2010, los republicanos obtuvieron diez escaños y los liberales, tres. Muy lejos de la entonces poderosa CiU, que sumó 62 diputados, y hasta por detrás del PP, que alcanzó los 18. Una transformación del paisaje político que tiene una explicación, el independentismo. Ante la secesión la gente quiere claridad y no medias tintas, y Esquerra y Ciudadanos encarnan mejor que nadie el sí y el no a la ruptura con España.

Los soberanistas, a pesar del fiasco de la declaración de independencia, llegan con mejores expectativas de voto. Los dos millones de secesionistas siguen fieles, según han constatado todos los sondeos. Parece que no crecerán pero tampoco caerán. El voto independentista lleva movilizado desde 2012 y no muestra síntomas de fatiga aunque no haya recibido una explicación de por qué no hay independencia ni de qué van a hacer si gobiernan.

136.444 jóvenes pueden votar hoy por primera vez

No tenían 18 años en las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, pero esta vez tienen la edad. Son 136.444 jóvenes que por primera vez podrán depositar hoy su papeleta en la urna. En este colectivo priman las simpatías independentistas, nada menos que el 40,5% dice que apoyará alguna de las tres listas soberanistas. Según el estudio preelectoral del CIS, el 17,5% a Esquerra, el 13% a Junts per Catalunya, y el 10% a la CUP. El 15% estaba indeciso a comienzos de diciembre, cuando se realizó el sondeo. Apenas el 11,7% respaldará a los constitucionalistas, el 10,7% a Ciudadanos, el 1% al PSC y nadie al PP.

Para lo primero, Esquerra, Junts per Catalunya y la CUP se escudan en que prefirieron parar el ‘procés’ para evitar «muertos» por la «represión franquista» del Estado. Una explicación que puede parecer pueril pero que el independentista cree a pies juntillas. Esta vez no hay, como hubo en las elecciones de hace dos años, promesa de referéndum ni de proclamación de la independencia, no hay ‘ítacas’ a las que viajar ni objetivos que conquistar. Los candidatos secesionistas solo hablan de construir la república, una generalización que sirve para un roto y un descosido, para prometer tanto medidas sociales como identitarias, y hasta la creación de espacios verdes.

Sin programa

El programa independentista es inexistente porque Esquerra y Junts per Catalunya fueron incapaces de acordar una plataforma de mínimos. Solo les une seguir con el proceso –sin aclarar si será por la vía unilateral o mediante el pacto–, acabar con el 155 –que no está en sus manos porque depende del Gobierno de Rajoy– y «liberar a los presos políticos» –decisión que solo compete a los jueces–. Además han aflorado los personalismos entre Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, por ser el presidente de la Generalitat.

Un inconcreción programática y unas disputas personales que, al parecer, no han hecho mella entre su electorado, al que únicamente solivianta «el franquismo español» y el supuesto fraude electoral que cocina el Estado (han organizado un recuento alternativo al oficial que servirá de munición para posteriores quejas y han regado las redes sociales con alertas de «trampas»).

La inversión extranjera se desploma un 75%

D. VALERA

La crisis en Cataluña desatada por el desafío independentista cada vez tiene un mayor impacto en la economía de la región. Además de la moderación del turismo, la fuga de empresas (casi 3.100 desde octubre) o el retroceso de las ventas comerciales, también está provocando la retirada de los inversores, que huyen de un escenario de incertidumbre. En concreto, la inversión extranjera productiva en Cataluña sufrió un descalabro del 74,9% en el tercer trimestre de 2017 y apenas alcanzó los 519 millones, frente a los 2.071 millones del mismo periodo de 2016. Esto significa que los inversores han aplazado sus operaciones en la comunidad autónoma de manera drástica.

Un impacto tan fuerte que lastró el comportamiento de este índice en toda España, cuyo volumen retrocede un 42,9% en el tercer trimestre al pasar de 8.186 millones a 4.673 millones, según datos del Ministerio de Economía publicados ayer.

Hay que tener en cuenta que las cifras hacen referencia al periodo julio-septiembre, es decir, antes de que la situación en Cataluña se agravase en octubre a raíz del referéndum y la posterior declaración de independencia. Por tanto, los datos del cuarto trimestre pueden ser aún peores para la inversión. Además, el malísimo comportamiento de la inversión extranjera en Cataluña contrasta con el dato positivo de otras regiones como Madrid, que avanzó un 20,1% hasta los 2.870 millones o el País Vasco y Valencia, que se dispararon un 122% o un 594%, respectivamente.

Es cierto que estos enormes vaivenes pueden estar relacionados con operaciones empresariales puntuales que provoquen esas distorsiones. Sin embargo, si se mira la evolución en lo que va de 2017 (hasta septiembre) la situación en Cataluña sigue siendo muy negativa. De hecho, la inversión productiva en la comunidad (excluidas las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros, instrumentos de inversión con una mera finalidad fiscal) se hundieron un 37,4% hasta los 2.113 millones.

Un desplome que también influyó en la reducción del 3,1% del conjunto de España hasta septiembre. En este caso, la inversión extranjera productiva se situó en los 16.417 millones, frente a los 16.939 de 2016. Si se suman las operaciones de ETVE la inversión alcanza los 20.953 millones, apenas un 1,4% menos que el pasado curso.

La caída en Cataluña es tan fuerte que pierde su tradicional segundo puesto como receptora de inversiones extranjeras en favor del País Vasco.

El constitucionalismo también ha utilizado, aunque sea por pasiva, el carburante independentista para su propulsión. El mensaje electoral de Ciudadanos, PSC y PP que ha trascendido es que hay que liquidar el ‘procés’. Los socialistas se apuntan a la receta de la transversalidad y la reconciliación. No así los populares y los liberales, que apuestan por la firmeza. Más allá de cuál debería ser la respuesta, el temor a la consolidación del separatismo ha despertado a un sector de la sociedad que se desentendía de las citas autonómicas y ha dejado durante lustros el campo libre a un nacionalismo que en los últimos años ha devenido en independentismo. Esa mutación ha movilizado a la Cataluña española y al catalanismo moderado.

La victoria, sin embargo, no está al alcance de su mano, dicen las encuestas, aunque Ciudadanos, PSC y PP confían en que uno de cada cinco votantes estaba todavía ayer indeciso para dar la vuelta a la tortilla. Si el constitucionalismo no gana, será un contrapoder más fuerte y condicionante que en la pasada legislatura, y hasta podrá imponerse si es capaz de tejer acuerdos con Catalunya en Comú Podem, no ya de investidura, que parece inalcanzable, pero sí para frenar los pasos del independentismo hacia la ruptura.

Las elecciones de hoy coinciden con la entrada del invierno. En ambos bloques hay quien ha visto un presagio en esa coincidencia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos