La CUP calienta la calle a dos meses de la consulta del 1 de octubre

R. C. BARCELONA.

La CUP ha retomado su actitud combativa en la calle a dos meses del referéndum convocado por el independentismo. Los anticapitalistas ya se ganaron el lunes las críticas de parte de las fuerzas constitucionalistas al convocar una manifestación frente a la comandancia de la Guardia Civil de Barcelona, donde la pasada semana fueron interrogados seis altos cargos de la Generalitat.

Pero la CUP no solo tiene frentes abiertos con los no independentistas. Su apoyo a las acciones contra el turismo de Arran, organización juvenil de la izquierda secesionista vinculada al partido, le ha llevado también a un choque de trenes con el Ayuntamiento gobernado por En Comú y el PSC y hasta con la Generalitat, con la que va de la mano en el proceso de desconexión.

El pasado fin de semana Arran atacó un autobús turístico con personas dentro y ayer pinchó ruedas de bicicletas dispuestas para el uso de los visistantes de la ciudad. Para el consistorio, la CUP ha cruzado «una línea roja» al no condenar estos hechos violentos. El Govern salió al paso y afirmó que las acciones de Arran nada tienen que ver con el proceso independentista, porque éste es «absolutamente pacífico». Lejos de recular, desde la CUP se señaló que es la Generalitat la que provoca violencia con sus políticas neoliberales.

Quien más lejos fue ayer es Albert Rivera, quien llegó a acusar a la CUP de fomentar «la 'kale borroka' catalana» y condenó que los socios de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras quemen autobuses que transportan a extranjeros por Barcelona.

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