«Con lo que tenemos, se le va a caer el pelo»

Javier Ledo, con cazadora marrón, asiste a uno de los registros. :: Hugo Álvarez/
Javier Ledo, con cazadora marrón, asiste a uno de los registros. :: Hugo Álvarez

Los agentes que investigan al asesino de Paz Fernández analizan contrarreloj las pruebas conseguidas en los registros

RAMÓN MUÑIZ NAVIA / LUARCA.

Desde que arrestó a Javier Ledo el viernes por la mañana, la Guardia Civil ha relizado tres registros en sus domicilios más habituales, extrayendo de ellos docenas de bolsas con objetos y pruenas. Le considera el principal sospechoso del asesinato de la gijonesa Paz Fernández Borrego, pero hay varias piezas que faltan para completar el puzle. La obsesión en las pesquisas del viernes era localizar el objeto utilizado por el hombre para supuestamente golpear en la cabeza hasta la muerte a la que, según insiste, era su amiga.

Con perros se buscaba también cualquier otro rastro biológico que pudiera delatar la presencia de la víctima en ambas casas. Los agentes son conscientes de la dificultad de la pesquisa. Paz desapareció el 13 de febrero. Es decir, caso de estar ante el culpable, el sospechoso habría dispuesto de tres semanas y media para tratar de borrar las huellas del crimen y preparar su coartada. Mucho tiempo que los agentes tratan de compensar a base de trabajo, ciencia y paciencia.

El laboratorio de Criminalística con sede en la Comandancia de Oviedo está volcado en el caso, trabajando a contrarreloj. Tienen que procesar docenas de bolsas de material precedente de los registros. Su especialidad es la de descubrir huellas, tomar muestras, fotografías, hacer inspecciones oculares. Tras el primer cribado, los elementos que sean considerados de mayor interés pasarían al centro de Madrid, capaz de procesar el ADN de los mismos.

A pesar de las maratonianas jornadas que llevan desde el viernes, la moral es alta. «Con lo que tenemos, se le va a caer el pelo», confió uno de los agentes. Cabe matizar que Ledo ha sido arrestado como presunto autor de esta muerte, pero a ojos del Instituto Armado es desde hace meses sospechoso de otra serie de robos en los que se cree estuvo implicado.

El escenario en el que más expectativas tienen para encontrar las piezas que les faltan es su guarida, donde se movía con mayor intimidad, libre de la mirada de sus familiares: el número 9 de la calle Hospital de Navia. Levantado en 1940, el inmueble cuenta con un almacén subterráneo, una planta baja que en tiempos funcionó como bar El Anes primero y luego, en los años 80, fue el muy bullicioso El Pirata. Allí, según los vecinos, pernoctaba el sospecho casi todos los días. Lo hacía normalmente solo, aunque los agentes creen que pudo ser uno de los últimos sitios donde Paz estuvo en vida. Cabe recordar que la mujer tenía reservada una habitación en un hostal ubicado a dos portales de allí, en donde se le vió en compañía de Ledo en el que se cree fue su último día de vida.

Todo registro debe efectuarse en presencia del investigado. Por ese motivo al poco de arrestrarlo, los agentes llevaron esposado al sospechoso hasta su guardia. Fue en la mañana del viernes y luego, tras un par de horas de pasar a disposición del Juzgado de Primer Instancia e Instrucción de Luarca, prosiguieron el examen hasta cerca de la medianoche. Ayer todavía tomaron las últimas fotografías y retiraron un par de bolsas más, antes de dejar precintado un edificio tan desaliñado por fuera como por dentro.

Nada más abrir la puerta, los agentes se toparon una planta baja que es un mundo de suciedad y abandono. La estancia de color salmón acumula tablas, colchones, una caña de pescar, y toneladas de polvo. El sótano sigue ejerciendo de almacén de material de construcción. La primera planta es la que Ledo utiliza como cocina y comedor. En una esquina de la segunda tenía su habitación, provista de un tendal «que nunca utilizaba», matizan otros residentes.

Indagar en la vida personal de Javier Ledo es ir descubriendo sus contradicciones. El hombre aseguró esta semana en una entrevista que llevaba dos años sin conducir, al quedarse sin puntos del carnet, pero en otra se ufanaba de haberse escaqueado de unos Guardias Civiles que le querían sorprender al volante. Sus cercanos saben que la verdad está en esta última parte, que el hombre nunca se apeó del vehículo para ir a trabajar o echar unos tragos. Ledo, que mantiene su inocencia, también se ha esforzado en convencer que lo suyo con Paz era solo una amistad. Quienes les vieron juntos no lo entienden así.

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