El boicot es mal caldo de cultivo

Campos de viñedos de Sant Sadurní d'Anoia. :: JOSEP LAGO / afp/
Campos de viñedos de Sant Sadurní d'Anoia. :: JOSEP LAGO / afp

La capital del cava trabaja a destajo, con la vista puesta en mercados alternativos al español

PASCUAL PEREA BARCELONA.

Lo primero que salta a la vista al apearse del tren en Sant Sadurní d'Anoia son las palabras 'Cavas Freixenet' enmarcadas en racimos de uvas y copas rebosantes de espumoso. El enorme mural de azulejos decora la fachada modernista del primer fabricante nacional de cava, que rezuma poderío flanqueada por cipreses y banderas. Al otro lado del río Lavernó, en la salida norte de la localidad, las bodegas Codorníu destilan solera; no en vano es la empresa familiar más antigua de España, fundada en 1551. Pese a sus sólidos cimientos, ambas sufren desde hace meses en el ojo del huracán: el temor a un boicot del mercado español les ha obligado a desmarcarse del 'procés', aunque eso les acarree las críticas de buena parte de los catalanes. Codorníu intentó apagar el incendio trasladando su sede social a La Rioja, mientras el presidente de Freixenet, Juan Luis Bonet, no ahorraba descalificativos a los independentistas. En ambas bodegas el mutismo es absoluto. «No hacemos comentarios». Es comprensible, se juegan mucho esta Navidad.

Como las otras ochenta bodegas de la localidad. La capital del cava, de la que salen nueve de cada diez botellas de la producción nacional, burbujea estos días con febril actividad: vecinos y foráneos temporales cargan furgonetas y camiones para repartir por todo el mundo el detonante de la chispa navideña. Pero bajo la superficie de este pueblo próspero rodeado de viñedos del Alt Penedés, donde no existe el paro, subyace algo más que el caldo que envejece y toma cuerpo en un dédalo de túneles y cuevas. Hay, también, un profundo resquemor.

LOS DATOS

«A pesar del boicot bestial de España al cava catalán, no damos abasto», cuenta Ton Rosal mientras maniobra el 'toro' para meter un palé hasta arriba de cajas en una camioneta aparcada a las puertas de Cavas Mestres, una bodega «tirando a pequeña» que produce cada año unas 200.000 botellas. «Claro que si ahora no tenemos trasiego, usted me dirá. El boicot no es nuevo, lleva ya unos cuantos años. Lo bueno es que nos ha obligado a abrirnos a otros mercados y ahora vendemos mucho en Inglaterra y Estados Unidos. Hemos vivido, como decimos los catalanes, 'al rovell d'ou', protegidos en la yema del huevo, y eso ya no es así». Por suerte, cuenta con tres armas infalibles para conquistar otros paladares: macabeo, xarel·lo y parellada, las variedades de uva que combina para construir sus caldos.

de cada cien botellas del cava español son de origen catalán. Sin embargo, las ventas del producido en otras regiones, como Extremadura, La Rioja o Valencia, han aumentado un 30% en el último año, impulsadas por el boicot.

de cada cien botellas de cava van destinadas al mercado exterior, con fuertes crecimientos.

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