Treinta años del atentado de Hipercor: así lo recuerdan las víctimas

Roberto Manrique, Jordi Morales, Xavi Valls y Joel Manrique. / MARCEL LI SÀENZ | Vídeo: Ó. Chamorro

Se quejan del «olvido», insisten en que cada atentado les hace «revivir» aquel «infierno» y hablan sobre cómo entienden el «perdón»

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Este lunes se cumplen tres décadas del atentado de Hipercor, el más mortífero de la sangrienta historia de la banda terroristas ETA. Cuatro de las víctimas de aquella masacre, en la que murieron 21 personas y otras 45 personas resultados heridas, cuentan sus historias. Recuerdos del infierno en que los etarras convirtieron el centro y de cómo las víctimas se “cocieron” vivas. Relatos de huérfanos a los que aquel 19 de junio de 1987 les cambió la vida para siempre. Cuestiones sobre el “perdón” a los cuatro asesinos que perpetraron aquella matanza, en la que fundamentalmente murieron mujeres y niños.

El ‘comando Barcelona’ sabía que no era un coche bomba más. Que la potente mezcla con la que había cebado aquel Ford Sierra (30 kilos de amonal, cien litros de gasolina y grandes cantidades pegamento y escamas de jabón) iba a tener los efectos del napalm. Que aquel artefacto, hecho explosionar en un lugar cerrado como era la primera planta del aparcamiento del centro, iba consumir el oxígeno e iba a desatar una tormenta de fuego y sustancias hirvientes que haría que la temperatura subiera a cerca de 3.000, derritiendo, -literalmente- a todo el que estuviera cerca.

 Y así fue. La onda expansiva de aquella fortísima bomba rompió el techo de aparcamiento y dejó escapar por los pasillos del centro comercial su ola calcinadora. Quince personas fallecieron aquel 19 de junio quemadas vivas o asfixiadas. Seis más murieron los días sucesivos. Cuatro menores fueron asesinados. 45 personas resultados heridas, muchas de ellas con gravísimas lesiones y quemaduras.

 ETA escogió como objetivo del que sería el atentado más mortal de sus más de 50 años de historia un centro comercial que, sin llegar a estar abarrotado, estaba bastante lleno de público. La bomba explosionó a las 16:08 horas de aquel viernes, cuando, sobre todo, mujeres y niños (aquella mañana había acabado el curso académico en Cataluña) se disponían a hacer sus compras para el puente (no oficial) previo a San Juan. Los terroristas reconocerían luego que habían elegido Hipercor para este atentado porque creían, erróneamente, que estaba participado por capital francés.

 La polémica siempre rodeará esta masacre, porque ETA avisó de la colocación de la bomba y las autoridades no desalojaron el centro. Pero –tras años de investigaciones y procesos judiciales- esta versión fue matizándose. Y mucho.

Efectivamente, el etarra Domingo Troitiño hizo tres llamadas de aviso desde una cabina telefónica. La primera a la Guardia Urbana de Barcelona; la segunda a la administración del establecimiento; y la tercera al diario Avui. Sin embargo, las llamadas eran confusas. El terrorista nunca dijo que la bomba estaba oculta en un vehículo. Además, aseguró que el artefacto explotaría a las 15:30 horas, 38 minutos antes de la hora en la que estalló realmente la bomba. Y Troitiño solo dio de margen entre cinco y quince minutos para encontrar el artefacto antes de las 15:30 horas. Aun así, los servicios de seguridad del centro buscaron, sin éxito y prácticamente a ciegas, la bomba.

Cuando pasada esa hora, no hubo explosión se levantó el dispositivo de búsqueda. La Policía creyó que era un nuevo falso aviso. Ese mismo día, las fuerzas de seguridad habían atendido una docena de llamadas falsas alertando de la colocación de artefactos. Por aquella época, de media, había unos 20 avisos falsos de bomba en Barcelona.

 Aun así, Hipercor sigue siendo el único atentado terrorista en España donde la justicia declaró la responsabilidad del Estado porque la Policía no desalojó el centro.

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