La CUP amenaza con romper con Junts pel Sí y con Puigdemont

La diputada de la CUP, Anna Gabriel, pasa delante del presidente Puigdemont y el vicepresidente Junqueras ayer durante el pleno del Parlamento catalán. :: a. egea/reuters

Los anticapitalistas debaten dejar el Parlamento porque se sienten «engañados» por el presidente de la Generalitat

CRISTIAN REINO BARCELONA.

La alianza secesionista que ha guiado el futuro del proceso catalán durante los dos últimos años saltó ayer casi por los aires. La CUP, formación anticapitalista que ha sustentado al Gobierno catalán con sus diez diputados, se sintió «engañada» con el discurso de Carles Puigdemont, y amenazó con dejar el Parlament, una decisión que puede suponer la puntilla para la legislatura. Los anticapitalistas anunciaron que en la próxima ejecutiva del partido debatirán si abandonan la actividad parlamentaria en la Cámara catalana porque no quieren acudir a un hemiciclo que consideran que sigue siendo autonómico y no independiente, como era su intención al inicio del pleno.

«Hoy (por ayer) tocaba proclamar la república catalana», afirmó la diputada anticapitalista, Anna Gabriel, muy molesta con el presidente de la Generalitat durante su turno de réplica al discurso del jefe del Ejecutivo. Los antisistema sostienen que Puigdemont perdió ayer una oportunidad histórica y hablaron en términos de derrota, dando voz a la parte del secesionismo más radical e irreductible que ayer se sintió decepcionada porque Puigdemont no hiciera una declaración formal de independencia, como esperaba la gente congregada a las afueras de la Cámara catalana. «Hoy no hay ninguna derrota que valga» porque «no podemos suspender los efectos de la voluntad de más de dos millones de personas», señaló Gabriel.

La CUP tenía preparado un discurso coral, en el que iban a intervenir sus diez diputados, pero el cambio en el guión del presidente de la Generalitat en el último momento obligó a los antisistema a variar el tono y el contenido. A los anticapitalistas les tocó improvisar y poner buena cara, pero Gabriel no disimuló después su malestar.

La CUP había perdido peso en la dirección estratégica del proceso soberanista

La diputada cupera recriminó al presidente de la Generalitat que hasta una hora antes del inicio del pleno los dirigentes de la izquierda radical independentista no habían conocido el alcance de la declaración del mandatario nacionalista. Es más, en la CUP aseguraron que el documento que se firmó después del pleno era el que en realidad habían acordado. Por esa razón, explicó Quim Arrufat, los diputados de la CUP estamparon su firma en él, a diferencia de lo que hicieron tras el discurso del president, intervención que no aplaudieron

Supieron que Puigdemont no quemaría todas las naves durante el parón forzado por el presidente de la Generalitat antes del inicio del pleno. Y, a tenor de las caras de los miembros de la ejecutiva en los pasillos de la Cámara catalana, lo que habían conocido no era lo que se les había prometido durante estos últimos días, en que los anticapitalistas aseguraban que estaban negociando un texto de declaración solemne con sus socios de Junts pel Sí.

«No podemos callar ante estos efectos suspensivos de la declaración», aseguró Gabriel. El enfado era mayúsculo entre quienes han mantenido el pulso durante los dos años y quienes han sido capaces de fijar el rumbo del proceso, hasta el punto de que en el arranque de la legislatura impusieron como condición que Artur Mas abandonara el Palau de la Generalitat, como así fue. Le enviaron a la «papelera de la historia», dijeron.

Pero aunque ha conseguido imponer su criterio en buena parte de las decisiones clave de la legislarura, como por ejemplo la celebración de un referéndum unilateral o la aprobación de la ley de transitoriedad jurídica, la formación antisistema llegaba al pleno más decisivo en años de la Cámara catalana con la mosca detrás de la oreja, pues veía que sectores del PDeCAT y también de ERC se mostraban los últimos días con muchas dudas. Las declaraciones de Marta Pascal, Santi Vila y Artur Mas, pidiendo calma, les había puesto en alerta. Pero confiaban en Puigdemont porque el 1-O decidió ir hasta el final.

La CUP, en cualquier caso, ha ido perdiendo influencia en el alto mando del proceso y de hecho ninguno de sus miembros suele ser invitado al sanedrín que ha formado Puigdemont, integrado por dirigentes del PDeCAT y Esquerra, así como los presidentes de la ANC y Ómnium.

Los anticapitalistas no decidieron romper del todo con Junts pel Sí y Gabriel evitó reclamar elecciones anticipadas a Puigdemont. De alguna manera, los antisistema dan un plazo, como el que el presidente de la Generalitat ha ofrecido a Madrid, para ver cómo transcurren los acontecimientos. El portavoz de la ejecutiva cupera, Quim Arrufat, habló de un mes, como mucho.

Desde la premisa, según Gabriel, que no van a renunciar a la «lucha» por construir una república catalana. Los pasos que dé a partir de ahora el presidente de la Generalitat en la línea de poner en marcha la ley de transitoriedad o activar el proceso constituyente serán clave. Lo que no comparte la CUP de la nueva hoja de ruta planteada por Carles Puigdemont es el intento de negociar a través de mediadores.

Los anticapitalistas consideran que solo se puede negociar con el Gobierno central si previamente se ha declarado la independencia, para que el diálogo sea entre iguales, de Estado a Estado. «El único medio de negociación posible con el Estado español es la República catalana», afrmó Anna Gabriel. «¿Negociación y mediación con quién?», le preguntó la diputada al presidente de la Generalitat.

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