Diario Sur

El Gobierno y el PNV exhiben en el Congreso el «deshielo» de sus relaciones

Soraya Sáenz de Santamaría e Iñigo Urkullu, el pasado sábado, en la jura como lehendakari. :: miguel toña / efe
Soraya Sáenz de Santamaría e Iñigo Urkullu, el pasado sábado, en la jura como lehendakari. :: miguel toña / efe
  • La vicepresidenta acepta negociar con los nacionalistas la reducción de los recursos contra leyes vascas en el Tribunal Constitucional

madrid. La barrera de incomunicación que distanció durante la última legislatura al Gobierno y al PNV ha comenzado a ceder. El Gabinete de Mariano Rajoy y los nacionalistas intercambian desde hace semanas, en público y sin disimulo, gestos de complicidad encaminados a abonar el terreno sobre el que esperan sellar acuerdos en esta legislatura. Es lo que el portavoz del grupo vasco en el Congreso, Aitor Esteban, denomina «voluntad del Ejecutivo de proceder al deshielo». Una observación que la vicepresidenta, Soraya Sáenz Santamaría, no tuvo ningún inconveniente en suscribir ayer.

Es parte de la tarea que ha asumido la número dos de Rajoy en esta legislatura. Más allá de que entre sus competencias figure ahora el contacto con las administraciones territoriales, ha pasado también a encargarse de engrasar el diálogo político para la negociación del techo de gasto y los Presupuestos Generales del Estado. En esa estrategia se enmarca su asistencia a la toma de posesión de Íñigo Urkullu como lehendakari el pasado sábado en la Casa de Juntas de Gernika.

La mayoría minoritaria con la que el PP se maneja en el Congreso obliga a los populares a tender los puentes intransitados desde hace tiempo con el PNV. Una coyuntura que sitúa al Gobierno en situación de debilidad y que los nacionalistas no están dispuestos a dejar pasar. Su presidente, Andoni Ortuzar, en una declaración de intenciones que celebran en el partido de Rajoy, garantizó el domingo que negociará «sin complejos» en Vitoria, en Madrid y hasta en Bruselas.

Por ahora, fuentes populares aseguran que se han producido contactos preliminares para limar asperezas y mostrar disposición al consenso. «Se habla a todos los niveles, desde el presidente del Gobierno al portavoz del grupo parlamentario en el Congreso», apuntan las mismas voces que confirman las llamadas de ministros al PNV para informar de proyectos pendientes. Pero, aun así, el PP admite que las conversaciones presupuestarias «están verdes» y que los esfuerzos no garantizan, por ahora, que los nacionalistas vayan a respaldar las cuentas.

Los de Ortuzar insisten en que sus cinco votos exigen «hechos», además de «gestos», aunque Esteban valora la «actitud diferente» que, a su entender, muestra ya el Gobierno de Rajoy. En primer lugar, el grupo vasco confía en que se convoque la Comisión Mixta del Concierto Económico para la actualización del Cupo, y se revisen los recursos del Ejecutivo contra leyes vascas. En concreto, el PNV incide en el interpuesto contra las Ofertas Públicas de Empleo de la Ertzaintza.

La vicepresidenta respondió ayer con la mano tendida a «fortalecer» la negociación previa para intentar reducir la conflictividad en los tribunales y resolver en la Comisión Bilateral de Cooperación, que contempla la ley del Tribunal Constitucional, los problemas que surjan por choques competenciales. Aunque la disposición, advirtió, debe ser «recíproca».

Guiños mutuos

Podría decirse que el cortejo del Gobierno a los nacionalistas no es nuevo, que comenzó el día después de la investidura de Rajoy, aunque mucho antes, en julio, cuando se constituyeron las Cortes, el PP ya cedió al PNV uno de sus cinco puestos en la Mesa del Senado. Desde entonces se han sucedido guiños recíprocos.

Los diputados vascos sumaron su voto a los populares la semana pasada para frenar que el derecho a voto se extendiera a jóvenes de entre 16 y 18 años. Además, respaldaron la idoneidad del nuevo presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, Sebastián Albella, que sin este gesto habría comenzado su andadura con un pronunciamiento en contra del Parlamento. Y su abstención impidió que el Congreso censurase la «opacidad» del Gobierno sobre el presupuesto del Ministerio de Defensa. Se trata de pequeños movimientos que llevan a los populares a ver en el PNV a un socio potencial para la legislatura.