Diario Sur

Sáenz de Santamaría promete «lealtad y entendimiento» al lehendakari Urkullu

Sáenz de Santamaría y Puigdemont, en la tribuna de invitados. :: L. T. /efe
Sáenz de Santamaría y Puigdemont, en la tribuna de invitados. :: L. T. /efe
  • Puigdemont recomienda escepticismo a su homólogo vasco y advierte de que, a la hora de la verdad, la buena voluntad «desaparecerá»

Soraya Saénz de Santamaría aprovechó ayer su presencia protocolaria en la toma de posesión de Iñigo Urkullu como lehendakari para demostrar la voluntad del Ejecutivo de Mariano Rajoy de inaugurar una nueva etapa en sus relaciones. Acuciado por la pérdida de la mayoría absoluta, el Gobierno aspira a encontrar en los nacionalistas vascos un garante de estabilidad. Y urge ganarse su confianza porque ya ha empezado la cuenta atrás para la aprobación del techo de gasto y de los presupuestos generales del Estado.

La vicepresidenta, a la que Rajoy ha encomendado en esta legislatura la ardua tarea de definir una estrategia territorial que permita encauzar el reto soberanista, prometió al lehendakari que podrá contar con «la máxima lealtad y voluntad de entendimiento» por su parte. Lo hizo días después de que el PNV dejara constancia, en su pacto de gobierno con el PSE, de su intención de impulsar un proceso de reforma del estatuto de Guernica que, entre otras cosas, debata sobre el reconocimiento de Euskadi como nación y el derecho a decidir.

«Se abre un periodo de hablar mucho -convino Sáenz de Santamaría- y a partir de días como hoy, más de ceremonia, se abren días de trabajo que espero que sea intenso y fructífero». En el entorno de Rajoy creen que, hasta ahora, Urkullu ha demostrado su apuesta por la moderación. De hecho, a pesar de los aspectos conflictivos que pueda tener la propuesta nacionalista de un nuevo marco de autogobierno, él ha dejado claro que no tiene intención dedesbordar la Constitución. Nada que ver con los independentistas catalanes.

Eso no quiere decir que las cosas vayan a ser fáciles. El PNV no se ha cansado de repetir que espera un cambio de actitud notable por parte del Ejecutivo, al que acusa de haber ignorado sus esfuerzos de diálogo durante la última legislatura y de haber judicializado sus relaciones con permanentes recursos al Tribunal Constitucional. Ahora que tiene una posición de fuerza, pondrá sobre la mesa las negociaciones la revisión del Cupo y la actualización del Concierto.

En todo caso, más allá del apoyo a iniciativas legislativas o a las cuentas públicas, al Gobierno le interesa también aprovechar la nueva etapa para lanzar a Cataluña el mensaje de que, si las cosas se hacen dentro del a legalidad, pueden prosperar. Algo similar a lo que pretendió, a la inversa, José Luis Rodríguez Zapatero con el Estatut de 2006 frente al 'plan Ibarretxe'.

El presidente de la Generalitat -al que el protocolo situó ayer al lado de Sáenz de Santamaría, en la ceremonia de jura del cargo de Ukullu - se esforzó, en boicotear esa idea. «Nosotros recorrimos un camino en ese sentido, de reforma del Estatuto, de pacto por el derecho a decidir, de un pacto de amplio espectro y propuesta mayoritaria, y conocen muy bien cuál fue el final de este recorrido, no por decisión de Cataluña, como no lo va a ser del País Vasco -advirtió-, sino por decisión de un tercero que cuando se le apela a los grandes pactos de Estado en estos casos siempre acostumbra a desaparecer».